editorial

El eterno Evo Morales

Ante la debilidad de la oposición y el avasallador poder que ofrece el totalitarismo y la obsecuencia, Evo Morales se encamina a su cuarta reelección como presidente de Bolivia. Es el resultado de una particular forma de interpretar la democracia, según la cual, ella es usada no para respetar la decisión de las urnas sino para perpetuarse en el poder.

Hace casi dos años, en febrero de 2016, la mayoría de los bolivianos con capacidad de votar le dijeron no a la cuarta reelección del dirigente cocalero que ha detentado la presidencia de su país durante doce años. En su momento, el 52% de la votación en un país donde sufragar es obligatorio negó la posibilidad de reelegir de nuevo a Evo, uno de los más notorios representantes del socialismo siglo XXI.

Frente al resultado, el presidente Morales dijo que aceptaría el veredicto. Cabe anotar que su permanencia en ese momento fue posible debido a un fallo del Tribunal Constitucional elegido por la maquinaria de su partido y del gobierno, pese a que la Constitución de Bolivia sólo permite una reeelección. Ahora, ese mismo Tribunal ordenó ignorar el referendo que negó la posibilidad de un nuevo período, lo que desconoce uno de los principios sobre los cuales se basa el sistema democrático, llevando a que por cuarta vez se pueda alargar la estadía del mandatario en la Casa Grande del Pueblo, el fastuoso palacio presidencial que mandó a construir.

Y ante la dividida y frágil oposición que parece incapaz de ofrecer alternativas convincentes, la continuidad de Morales parece inevitable. No importa que en otra votación para elegir los integrantes del discutible Tribunal Constitucional haya terminado con un estruendoso 65% de votos en blanco y nulos, señal inequívoca del rechazo a quienes han convertido a la Justicia en una dependencia más del poder Ejecutivo.

Con razón, la Conferencia Episcopal de Bolivia condenó la maniobra para perpetuar el gobierno. “Se han roto los principios básicos de la democracia: el respeto a las leyes, a la institucionalidad y a la separación de los poderes del Estado, lo que abre el camino al totalitarismo y al dominio del más fuerte, con el consiguiente menoscabo de la libertad del pueblo", dijeron los Obispos.

Como resultado, Evo presentará su candidatura para las elecciones del 2019. Al igual que en Venezuela, en Brasil, en Argentina o en Nicaragua, el que fuera un revolucionario ha llegado a la conclusión de que su país no subsistirá sin su presencia como jefe del Estado. Y como quienes llegaron al poder con las banderas del socialismo y las estrategias del populismo, argumentará que sin su reelección peligrará su proyecto político y el futuro de su nación.

Salvo que aparezca un candidato alternativo y que la maquinaria oficialista permita elecciones limpias, quedará cancelada la posibilidad de tener un presidente diferente en Bolivia. Es paradójico saber que quien le dio estabilidad al gobierno de ese país tras más de un siglo de golpes de Estado frecuentes, ahora sea el símbolo del absolutismo y de las instituciones hechas a su medida y a las de sus amigos.

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