Editorial

El problema de Venezuela

Marzo 29, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Una nueva sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos se celebró para analizar la situación de Venezuela desde la perspectiva de la Carta Democrática firmada en 2001 por sus integrantes. Aunque de allí no salió una condena ni sanciones contra el régimen que agobia a la nación de Simón Bolívar, hay que reconocer que es la primera declaración firme de 20 gobiernos del continente contra la dictadura que asfixia al vecino.

Esta vez, fueron inútiles los esfuerzos del Gobierno de Nicolás Maduro por impedir la reunión del Consejo que escuchó la segunda parte del documento de análisis y recomendaciones presentado por el secretario general Luis Almagro. En él se destacó la forma en que se asfixian las libertades y se arroja a la cárcel a cualquiera que se atreva a disentir del absolutismo disfrazado de democracia que se apoderó de ese país.

También fue la oportunidad para conocer en profundidad la dramática situación económica, social y de seguridad que enfrenta el pueblo venezolano, las carencias que padece, los riesgos a que está expuesto por la escasez absurda de los más elementales recursos médicos y sanitarios. Frente a esa tragedia está la obsesión del Gobierno por imponer una ideología que ha destruido el sistema político y económico para implantar la dictadura aberrante.

Y está también la intención de acabar con los vestigios de la democracia y de los derechos políticos que aún quedan en Venezuela, como también lo expresó el Consejo de Derechos Humanos de la Unión Europea. Si alguna prueba hacía falta, el mismo día en que se celebraba la cumbre aprobada por 20 países, el Tribunal Supremo de Justicia calificó como traidores de la patria a quienes se atrevieran a pedir a la OEA la intervención para detener la tragedia, y levantó el fuero constitucional a la absoluta mayoría de los miembros de la Asamblea Nacional elegidos por los ciudadanos venezolanos el 7 de diciembre de 2015.

De la reunión no salió una condena ni se llegó a considerar la posibilidad de tomar decisiones como la de suspender a Venezuela del organismo americano. Pero debe considerarse un gran avance el que se haya podido escuchar la verdad de lo que está ocurriendo, que se reúnan 20 países y exijan la liberación de presos políticos y se mantenga el diálogo como instrumento para recuperar la democracia en el país vecino.

Con la celebración del Consejo de la OEA, la América democrática también ha respaldado al Secretario General de esa entidad para reclamar la libertad de Venezuela y el fin de la dictadura que padece. Con ello ignoró la sarta de improperios de la Canciller venezolana, para quien la diplomacia consiste en insultar a cualquiera que se atreva a denunciar la barbarie que el régimen representado por ella comete contra su nación.

Ese es el problema de Venezuela que a partir de ahora está bajo la mirada atenta de la comunidad americana. Con ello se cierran aún más las puertas a un régimen empecinado en causarles a sus ciudadanos el peor de los daños, además de condenarlo a la miseria y el atraso.

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