Editorial

Enemigo peligroso

Marzo 10, 2017 - 11:50 p.m. Por: Editorial .

Hace 25 años cuando entró en vigencia el Convenio de Basilea que comprometió a los 170 países firmantes a regular el movimiento y el manejo de desechos peligrosos, no se conocía el reto que significaría tal propósito. Hoy el control de esa basura es parcial y sus consecuencias se sienten en la salud y el medio ambiente.

La cantidad de desperdicios de riesgo que se generan en el Planeta se estiman en 400 millones de toneladas por año. Las fuentes de donde provienen son múltiples y han aumentado en proporción a los avances tecnológicos. La lista de los años 80 con los elementos tóxicos que requerían una disposición adecuada se queda corta frente a los que aparecen con el progreso mundial.

Ya no son solo los químicos usados en procesos industriales, en la minería o en la fumigación agrícola, ni se limitan al plomo presente en las pinturas o a los desechos hospitalarios que pueden transmitir enfermedades si no se tratan en forma adecuada. Ahora aparecen otros como el cadmio, el cromo, el mercurio y el arsénico que cobran vida cuando se echan a la basura productos que los contienen como pilas, baterías para vehículos, celulares o televisores. Desde el aceite para cocinar hasta el más reciente invento electrónico entran en esa extensa lista.

Si bien un porcentaje de esos desechos tienen un manejo adecuado o se exportan a países que cuentan con la tecnología para su idónea disposición, otro tanto termina en los basureros al aire libre, en los ríos o en el mar. El mercurio que se usa en la minería ilegal en Colombia es el mejor ejemplo: sus consecuencias ya se ven en las enfermedades que presentan comunidades cercanas a los socavones o a los ríos donde se extraen metales sin control, así como en la contaminación de las fuentes de agua que surten a las poblaciones.

El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, presentó días atrás un estudio sobre el manejo que se le da a los desechos peligrosos en Colombia donde se producen 400.000 toneladas anuales. El resultado preocupa, comenzando porque la información apenas refleja los datos del 47% de las industrias y sectores que los generan. El interrogante es a dónde van a parar los del otro 53% o los que producen menos de 10 toneladas y no deben reportarse.

Si bien se reconocen los avances incluidos en la legislación ambiental, Colombia está lejos de ser una nación segura en el manejo de desechos tóxicos. El país no cuenta con un sistema confiable para recabar la información, proceso que se hace a través de los entes ambientales regionales, o como sucede en Cali no existe ni siquiera una cultura del reciclaje que permita separar, distribuir ni disponer de forma segura y sostenible las basuras.

La solución requiere firmeza y esfuerzo. Empieza por mejorar los sistemas de monitoreo y hacer un mayor control a los generadores de desechos peligrosos. La educación es otro factor fundamental en la lucha contra ese enemigo mortal y será a largo plazo la que haga la diferencia para lograr que no se le haga más daño a la salud de la población y a la del Planeta.

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