editorial

La búsqueda de la verdad

En cumplimiento de los acuerdos con las Farc para la terminación del conflicto, en la semana que culmina se dio a conocer la lista de integrantes de la Comisión de la Verdad. Junto con la Justicia Especial de Paz, este parece ser definido por las partes como elemento fundamental para la reconciliación en Colombia.

La Comisión de la Verdad es producto de un acuerdo político entre un Gobierno empeñado en lograr la paz y el grupo de insurgencia más antiguo en la historia de nuestra Nación y del mundo. A partir de allí, puede conocerse el sentido de su creación y sus objetivos, que según fueron descritos por su presidente el padre Francisco de Roux, se dirigen a encontrar la verdad histórica y sanar las heridas de las víctimas del conflicto.

La selección incluyó personas que en su selección fueron definidas como idóneas para realizar una labor que puede asimilarse a la verdad oficial sobre lo ha ocurrido en los últimos cincuenta y tantos años de violencia. Por ello, debería esperarse que el resultado que produzcan tenga condiciones de objetividad y neutralidad para ayudar a sanar las graves heridas que han dejado el uso de la violencia con distintos fines y las dificultades del Estado para evitarla o acabarla.

Se dice que la Comisión no será otra instancia judicial ni sus resultados van a ser un juicio. Sin embargo, desde muchos sectores políticos y sociales ya surgieron inconformidades e inquietudes sobre la conformación del cuerpo que según puede deducirse, tendrá el propósito de reconstruir o construir la historia de un país en el cual la violencia ha sido y sigue siendo una constante.

Las inconformidades tienen relación a la configuración de esa Comisión de la Verdad, pues no parece tener entre sus integrantes una vocería de todos los sectores representativos de nuestra sociedad. Es claro que no pueden representar a todo el mundo, por lo que se espera la objetividad e imparcialidad de sus integrantes, lo que solo se podrá juzgar cuando terminen su misión.

En cuanto a las inquietudes, las más importantes se relacionan con el propósito abierto y casi ilimitado del trabajo que tendrá la Comisión. Sin duda, encontrar la verdad es crucial para el país, y en teoría será de gran ayuda para aliviar lo que se define como el dolor de las víctimas del conflicto. Pero también está claro que ese objetivo debe ser mucho más preciso para evitar que esa enorme y noble aspiración se transforme en parcialidades inaceptables y motivos de discordia.

Colombia necesita pasar la página de la violencia que ha padecido y este parece ser un intento dirigido a encontrar la verdad y sus causas. En ese orden de ideas, la comisión será útil si sus resultados son objetivos e idóneos en identificar los errores que deben ser corregidos para evitar su repetición, y que continúe la violencia generadora de víctimas, de miseria, de injusticia y de conflictos de todo orden.

La expectativa alrededor de la Comisión de la Verdad es muy grande. Sus resultados deberán servir para unir a nuestra sociedad y no para darle espacio a la mentira que crece las heridas y aumenta la división entre sus integrantes.

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