editorial

La furia de Correa

Una trama alimentada de corrupción, nepotismo y excesos de poder es lo que padece Ecuador. La tormenta, nacida una vez Lenín Moreno asumió la presidencia y mostró su independencia de su antecesor y padrino Rafael Correa, ha derivado en un huracán que divide su política.

El último capítulo ocurrió recientemente cuando el movimiento oficialista Alianza País que gobierna desde el 2007, cesó como su presidente a Moreno, en una clara muestra de una fractura interna que no parece tener reversa. En su lugar, nombraron a Ricardo Patiño, ex canciller ecuatoriano y ferviente seguidor de Rafael Correa.

La ruptura culmina un proceso que arrancó con los primeros choques verbales entre Moreno y Correa, y desde que los seguidores del expresidente comenzaron a desmarcarse del gobierno de Moreno. Uno de los hechos centrales de este enfrentamiento se dio por cuenta del escandaloso caso de corrupción del vicepresidente Jorge Glas, incondicional de quien manejó a Ecuador con autoritarismo.

Luego de que se le atribuyera a Glas la responsabilidad de un “esquema gerencial” en una “organización delictiva y criminal”, asociada con la constructora brasileña Odebrecht, Moreno le exigió su retiro. Esta empresa habría movido más de 30 millones de dólares en sobornos a funcionarios públicos a cambio de asegurarse contratos con el Estado ecuatoriano.

La decisión de la Fiscalía de formularle cargos y dejar a Glas en capilla para una audiencia de preparación de juicio, ahondó las diferencias entre correístas y morenistas. Incluso esta división ha llegado hasta el Congreso, donde se han enfrentado verbalmente y hay preocupación porque algunos proyectos de gobierno han sido boicoteados o rechazados.

Ecuador vive una transición que no es aceptada por Correa, que introdujo al país en un autoritarismo de pulso férreo que persiguió al periodismo libre y a cualquiera que manifestara algún descontento contra su gobierno. De hecho, con Alianza País creo una especie de partido único dedicado al culto de su personalidad, y aunque le dio estabilidad a Ecuador, siempre fue perseguido por los escándalos de personajes ventajosos como su hermano.

El expresidente creyó que con su sucesor aseguraba el silencio fiel. Pero Moreno no tardó en hacer un corte de cuentas sobre el estado real de la economía y de las finanzas públicas. Entonces Correa, que se había marchado a Bélgica, el país de su esposa, comenzó a inquietarse y rugió cuando su copartidario dejó al descubierto al vicepresidente Glas, encargado de proteger la imagen, el legado y los intereses del exmandatario.

Ahora con su ‘alfil’ preso y al borde de que la corruptela de Odebrecht lo salpique, Correa anuncia que está listo para regresar a Ecuador y aspirar a otra reelección. Su anuncio vino con amenaza incluida: “Si siguen destruyendo lo logrado, vamos a impulsar una Asamblea Nacional Constituyente y si se impulsa, tendré que volver como candidato”.

¿Podrá Correa recuperar su poder? ¿A qué costo para Ecuador? ¿Se destapará toda la trama de Odebrecht y su gobierno? Son interrogantes que dejan en una gran incertidumbre al país vecino.

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