editorial

La gira religiosa de Trump

El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que su primera visita internacional comenzará este mes en El Vaticano, Arabia Saudita e Israel, ha sido interpretada como una gira religiosa, por lo simbólico de la escogencia.

Contrario a lo que ha sido tradición en sus predecesores, Trump no escogió ni México ni Canadá, países vecinos con los que mantiene diferencias en materia económica y de políticas de inmigración, para iniciar su periplo internacional. El Mandatario optó por unas visitas con un alto contenido religioso, a los epicentros de las tres mayores religiones monoteístas del mundo.

Pero no se puede desconocer que la elección de estos lugares también es estratégica si se analiza desde la geopolítica internacional. La visita al papa Francisco será una buena oportunidad para que Trump trate de desactivar las reservas que tiene el líder religioso católico sobre él. Basta recordar que el Sumo Pontífice criticó en el pasado a Trump por sus polémicas declaraciones en relación con los efectos del cambio climático y más recientemente el expresó sus dudas por la manera en que decidió intervenir en el conflicto sirio.

En cuanto a la visita a Arabia Saudita, socio estratégico de Washington en una zona neurálgica del mundo, tiene como finalidad reafirmar esos lazos, pero también la meta será construir una nueva alianza de apoyo y cooperación con los aliados musulmanes. Al ser ese país el guardián de La Meca y Medina, dos de los lugares más sagrados del Islam, Trump no se equivoca en su propósito de reunirse con líderes del mundo islámico y tratar de convencerlos de la necesidad de unirse en el marco de la lucha contra el terrorismo proveniente de grupos extremistas.

Finalmente, una de las visitas más esperadas será la de Israel, donde todo indica que Trump buscará relanzar las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes y asumirá un compromiso más decidido que el que tuvo Barack Obama en esta región del Medio Oriente. Su anuncio en el sentido de que está dispuesto a trabajar como mediador o facilitador de los diálogos de paz abre posibilidades para encontrar una salida a uno de los conflictos más antiguos del mundo.

El presidente Trump ya sostuvo sendas reuniones en Washington con Benjamin Netanyahu y Mahmoud Abbas, líderes de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina, quienes manifestaron, por separado, su disposición a retomar las discusiones. Incluso les expresó su deseo de que tanto palestinos como israelíes se basen en los acuerdos de Oslo, que Abbas firmó como negociador palestino en 1993, y advirtió que espera que el líder palestino firme el acuerdo final y más importante de paz.

Aunque en muchos sectores se ve como una movida para cambiar su maltrecha imagen producto de los errores y reverses en los primeros cien días de gobierno, no hay duda de la importancia de la gira que emprenderá el presidente Trump. También será una inmejorable oportunidad para evaluar la capacidad de liderazgo del mandatario estadounidense en la mediación de conflictos que ensombrecen el mundo.

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