editorial

La lección no se aprende

La humanidad logró un deshonroso récord en el 2016 al alcanzar los niveles más altos de emisión de dióxido de carbono. Ello indica que la lección sobre el cambio climático no se ha aprendido aunque sus efectos sean cada vez más desastrosos.

Según la Organización Mundial de Meteorología, OMM, las emisiones de CO2 en el año anterior fueron de 403,3 partes por millón, las más altas desde hace 800.000 años y un 50% más que hace una década. La aceleración de emisiones del gas de efecto invernadero, causa principal del cambio climático, tuvo origen en las actividades humanas y en el fenómeno de El Niño que produjo olas de extremo calor en el Planeta y ocasionó sequías que disminuyeron la capacidad de los bosques para absorber el dióxido liberado en la atmósfera.

Eso quiere decir que existe un círculo vicioso: el CO2 aumenta por eventos como El Niño y estos a su vez llegan a extremos insospechados como resultado del calentamiento global producido por el cambio climático. Ese es un ejemplo de los muchos que hemos vivido en meses recientes.

Durante la temporada de huracanes que comenzó en mayo y terminará el 30 de noviembre se registraron 14 eventos, de los cuales cinco han sido de categoría 4 o 5 como Harvey, Irma y María, que se sucedieron con menos de dos semanas causando estragos en Texas y Florida, en los Estados Unidos, y en la mayoría de islas del Caribe. Mientras esas naciones se levantaban de entre las inundaciones, en California, Portugal y España se enfrentaban a los peores incendios en décadas, que arrasaron miles de hectáreas y dejaron un centenar de muertos. A la par, un extraño ciclón llamado Ofelia alcanzaba tierra en Inglaterra y Escocia.

La lista puede seguir en cualquiera de los continentes, en el Ártico o en la Antártida, con el agravante de que el futuro es aún más incierto. Cuando se pensaba que el discurso reiterado sobre la necesidad de frenar las emisiones de gases de efecto invernadero había calado hondo en la población mundial, y tras la firma del acuerdo de París sobre cambio climático para impedir que las temperaturas globales suban más de dos grados centígrados en este siglo, se conoce el informe del 2016 emitido por la OMM.

Es cuando se hace necesario preguntar cuántos desastres naturales y de qué intensidad, cuántas tierras asoladas y sobre todo cuántas víctimas más se requieren para hacer conciencia sobre la urgencia de disminuir el uso de combustibles fósiles como mayores generadores de CO2. En países como Colombia, donde las condiciones geográficas y climáticas son favorables, las energías limpias deberían ser una prioridad.

El Valle ha dado algunos pasos con la primera ‘granja’ de energía solar en Yumbo con capacidad inicial para atender el consumo de 8.000 hogares, o con experiencias como la de la Universidad Autónoma de Occidente que con paneles fotovoltaicos genera el 14,8% de la energía que necesita. Son ejemplos a seguir si se pretende cumplir el compromiso colombiano de reducir en un 20% sus emisiones de CO2 antes del 2030 y darle una oportunidad al Planeta y a sus habitantes.

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