editorial

Las lecciones de Harvey

Mientras Houston trata de levantarse del desastre que causó el huracán Harvey, un fenómeno meteorológico sin precedentes en Estados Unidos, en el Atlántico se va formando Irma. Es la nueva tormenta que ya alcanza la categoría tres, podría llegar a la máxima de cinco en apenas dos días y convertirse en un evento aún más poderoso y dañino que su antecesor.

Las imágenes de la ciudad texana muestran diques colapsados por la fuerza de las lluvias, casas de las que apenas sobresalen los techos, autopistas y puentes sumergidos bajo el agua, cientos de kilómetros cuadrados inundados. Frente a ellas, los rostros de al menos 35.000 damnificados que además de padecer el embate de una furia jamás vista, buscan donde refugiarse no saben aún por cuánto tiempo. Mientras tanto, las historias de las 31 víctimas mortales continúan develándose en los medios de comunicación.

Es natural que en esta época del año las islas del Caribe, Centroamérica y Estados Unidos, solo para referirse a este lado del Planeta, padezcan por las tormentas tropicales o los huracanes. Pero que estos lleguen cada vez con más intensidad, con una fuerza inusitada y sin seguir los patrones predecibles, como sucedió con Harvey que lejos de debilitarse al tocar tierra se hizo más devastador, señala que hay factores adicionales influyendo en la potencialización de tales fenómenos.

La respuesta puede estar en el cambio climático, en los efectos que tiene el calentamiento global que ha elevado en 1,5 grados Celsius la temperatura con relación a hace un siglo, con el reflejo inexorable sobre los océanos, donde el calor alimenta la potencia de los huracanes. Esa es la realidad que con diversos argumentos se niegan a reconocer personajes como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien retiró a su nación del Acuerdo de París alcanzado en diciembre del año 2015, con el cual por primera vez el mundo en consenso se comprometía a actuar para evitar la debacle ambiental de la Tierra a futuro.

A estas alturas parece imposible desconocer el deterioro que sufre el Planeta, el daño causado a la naturaleza o negar que las acciones humanas han acelerado los cambios de un mundo en evolución permanente. Pero ahí está la estela que deja hasta ahora el Huracán Harvey en los estados de Texas y Louisiana, la impotencia frente a esa treintena de víctimas mortales así como los miles de damnificados que aún no saben cuándo volverán sus vidas a la normalidad o si podrán regresar a sus casas.

El cambio climático es real y sus consecuencias serán cada vez más graves, con temperaturas extremas como los 55 grados de este verano en el Medio Oriente, o las lluvias que desbordan ríos, causan avalanchas y dejan muerte a su paso como sucedió en Mocoa hace cinco meses. Harvey con su devastación pasó esta semana, la siguiente podría ser Irma con resultados nefastos.

Y lo peor estará por llegar si no se toman medidas de inmediato para reducir el impacto del daño al medio ambiente o si unos cuantos se empeñan en negar lo que sucede con la intención de defender intereses económicos y particulares.

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