editorial

Los anuncios desde Quito

Luego de una intensa negociación, en Quito se anunció un cese el fuego bilateral entre el Gobierno Nacional y los negociadores del ELN. Aunque no sea de carácter permanente, este acuerdo puede mostrarse como el primer resultado real en años de negociación con el último grupo guerrillero en Colombia.

Más allá del pesimismo natural que despierta la posición recalcitrante del ELN y su obsesión por imponer sus condiciones cada que se ha intentado encontrar salidas para terminar con su violencia, la noticia está llamada a producir un alivio. Como dice el comunicado suscrito por los jefes de las delegaciones, se trata de “un cese al fuego, bilateral y temporal que reduzca la intensidad del conflicto armado. Su objetivo primordial es mejorar la situación humanitaria de la población”.

No obstante, quedan dudas al hablarse de reducir la intensidad del conflicto y no de suspender la confrontación, como deben ser los acuerdos de este tipo. De otra parte, ante las declaraciones muy recientes del jefe de uno de los frentes de esa organización que afirma requerir del secuestro para financiar sus actividades, la pregunta es si ese documento compromete a todos los integrantes del ELN o si sólo será cumplido por una fracción, lo cual explicaría que no se refiera a suspensión y cese en el término exacto de la palabra “Cese”.

De otra parte, en el documento firmado por alias Pablo Beltrán se habla de parar la voladura de oleoductos. Pero es importante saber si incluye la detención de actividades criminales como la minería ilegal, los cultivos ilícitos y el narcotráfico en todas sus facetas, la extorsión o el constreñimiento que padecen las comunidades donde hace presencia ese grupo. Y si se suspenderá la vinculación de antiguos integrantes de las Farc que pretenden continuar con sus fechorías.

Según el documento firmado en Quito, “se establecerá un mecanismo integrado por el Gobierno Nacional, el Ejército de Liberación Nacional, la ONU, y la Iglesia Católica; que funcionará con el doble propósito de prevenir e informar cualquier incidente”. Con ello se acepta la verificación obvia y necesaria en cualquier negociación para mantener con vida los acuerdos hechos, y para tratar de ofrecer seguridades al verdadero beneficiario de ella, el pueblo colombiano.

Dicho lo anterior, hay que hacer votos porque este logro, inédito en veinte años de frustraciones con el ELN, sea un paso en firme en el avance hacia el final de otra de esas guerras inútiles y fratricidas que han martirizado a Colombia durante más de cincuenta años. Es decir, que dentro del grupo guerrillero exista voluntad de cambiar las armas por la participación racional y sensata en la vida nacional, lo que empieza por abandonar el crimen y la violencia contra sus compatriotas.

Ayer, el presidente Juan Manuel Santos expresó su optimismo sobre lo logrado hasta ahora. “Vamos a firmar en Quito un acuerdo para declarar un cese al fuego y de hostilidades bilateral con el ELN”, dijo el Primer Mandatario. Son palabras que merecen respaldo de los colombianos pero, ante todo, el compromiso y la seriedad del grupo guerrillero.

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