editorial

Los papeles cambiados

El encuentro de los presidente de Estados Unidos y de China en el marco de la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico, dejó en claro sus diferencias sobre el comercio global.

Los discursos sugieren un error. Mientras Donald Trump, empresario acaudalado y paradigma del capitalismo, defiende el aislacionismo a ultranza, el presidente Xi Jinping se presenta como líder de la globalización y defensor del multilateralismo y el libre comercio.

¿El mundo al revés? A la luz de las declaraciones de cada uno se podía concluir que así es. Durante una de sus intervenciones, Trump afirmó que su país no toleraría más “abusos crónicos del comercio” y defendió su política nacionalista, exaltando su ‘America First’. La respuesta de Xi fue clara: la globalización es “irreversible”.

En la cumbre de Vietnam, Trump no tuvo límites. Cuestionó a la Organización Mundial del Comercio y sostuvo que no puede funcionar si los miembros no respetan las reglas. También manifestó su inconformidad por los desequilibrios comerciales y sostuvo que Estados Unidos redujo las barreras del mercado y eliminó aranceles, mientras que los demás no lo hicieron.

El presidente estadounidense ya había mostrado su inconformidad cuando en su visita a China aseguró que su país tiene un déficit de balanza comercial favorable a Pekín, de cerca de 300.000 millones de dólares anuales, aunque evitó responsabilizar de ello al gobierno chino. Durante su intervención en la cumbre, Xi mostró a China como el nuevo campeón del comercio mundial. Y no dudó en calificar la globalización como una “tendencia histórica irreversible”.

El presidente chino fue más allá y pidió a la comunidad internacional que la filosofía que hay detrás de libre comercio sea reutilizada para ser “más abierta, más equilibrada, más equitativa y más beneficiosa para todos”. La ironía es que el representante del capitalismo y empresario acaudalado busca ponerle más límites al comercio internacional, mientras el hombre fuerte del comunismo propende por una apertura total, cuando aún China tiene que convertirse en una economía completamente libre.

El encuentro en Vietnam dejó claro que Trump no quiere acuerdos multilaterales y está empeñado en limitar el papel de la Organización Mundial del Comercio. Su idea es que Estados Unidos está listo para los negocios, pero solo a la medida y en los términos que él fije.

Este retroceso en lo que significa Estados Unidos en el contexto de la economía internacional fue asimilado por el gobierno chino que ahora habla de economía digital, ciencia cuántica y hasta de inteligencia artificial, presentando una visión más amplia y conectada con las nuevas realidades, impulsadas por la economía de mercado.

La gran paradoja es que Estados Unidos fue el baluarte de casi todos los acuerdos multilaterales y de libre comercio de Asia y ahora todo va en reversa. Esto ha dejado a China con el camino servido y con un escenario en el que Estados Unidos, cada vez más aislado, le cede la iniciativa para que se convierta en el nuevo gran socio de todos.

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