editorial

Navarro, sin fin

Cómo se explica que nueve años después de su cierre, el basurero de Navarro siga causándole problemas a Cali y poniendo en riesgo la salud de sus habitantes. Hoy el daño ambiental continúa latente y no aparece la solución definitiva a uno de los grandes peligros para los caleños.

En la memoria están frescos los recuerdos del larguísimo camino recorrido antes de que se acatara la orden de clausurar el llamado ‘basuro’, lugar donde a diario y por décadas se depositaron sin control miles de toneladas de desperdicios producidos en el Municipio. El cierre al fin se hizo en el 2008, una década después de que la CVC expidiera la orden por el evidente daño social y ambiental que se estaba causando al entorno y en especial al río Cauca, de donde se surte el agua para el 70% de la población local.

Sin embargo, debieron pasar otros años para que se hiciera frente al verdadero problema de Navarro: controlar durante las siguientes cuatro décadas el vertimiento de los lixiviados, que es como se llaman los líquidos contaminados que resuma la basura a medida que se descompone. Para ello en el 2014 se instaló una planta de tratamiento, con la cual se creía que quedarían conjurados los males provocados a futuro por el ‘basuro’.

Lo que llegó fue una nueva frustración que creció el riesgo y no se soluciona. La planta sólo comenzó a operar 18 meses después de inaugurada y ha estado más tiempo parada que funcionando. Por falta de contratista debió detenerse por completo en diciembre del año pasado. Y luego del llamado de atención de los entes de control se hizo un contrato exprés para que se prendiera entre los meses de julio y septiembre de este año. Hoy de nuevo está sin funcionar.

A la espera de una nueva licitación, lo cierto es que hay 240.000 metros cúbicos de lixiviados filtrándose desde Navarro, mientras la planta de tratamiento que construyeron para resolver el problema parece ser un fracaso. Según la Universidad del Valle, la Contraloría Municipal y la Personería, hay evidencia de que esos líquidos contaminados están llegando al río Cauca así como a las tierras cercanas al basurero. Es decir, otra vez los caleños están en riesgo, más grave si se quiere, por cuenta del ‘basuro’, mientras los responsables evaden sus obligaciones.

¿Quién va a responder por esa bomba de tiempo que es Navarro? Así como la Administración Municipal está obligada a garantizar que la planta de tratamiento de lixiviados vuelva a operar de inmediato, la Superintendencia de Servicios Públicos tiene que poner la cara por no haber ni siquiera concluido la liquidación de Emsirva, la empresa de aseo caleña que tenía la responsabilidad sobre el basurero y fue intervenida al momento del cierre.

Ante la amenaza de los lixiviados, nada sería más peligroso que ignorarla. Contra Cali, la salud de sus habitantes y su medio ambiente no se puede cometer un atentado de tal tamaño. Ya es hora de que al ‘basuro’ de Navarro y todo el peligro que encierra se le ponga punto final, a la vez que se sanciona a quienes a lo largo de casi dos décadas no han tomado a tiempo las decisiones que se han necesitado.

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