"A mí no me da pena decir que soy liberal": Juan Fernando Cristo
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"A mí no me da pena decir que soy liberal": Juan Fernando Cristo 

Septiembre 24, 2017 - 11:30 p.m. Por:
Redacción de El País 
Juan Fernando Cristo

Juan Fernando Cristo

Wirman Ríos / El País

El exministro Juan Fernando Cristo postuló el miércoles pasado su nombre como precandidato presidencial en el liberalismo, partido del que, asegura, no se avergüenza.

Cristo sostiene que defenderá las ideas liberales y el acuerdo de paz con las Farc. Por eso propone liderar un gran acuerdo ciudadano, político y social no solo para defender el acuerdo y también para discutir cuál es el país que se quieren ya sin las Farc.

¿Por qué Juan Fernando Cristo se lanza a la Presidencia de la República, cuál es su bandera?

Cuando renuncié como Ministro del Interior dije que iba a salir a defender el acuerdo de paz y la implementación del acuerdo hacia el futuro, que iba a evaluar en qué papel y en qué escenario lo iba a defender. No tengo aspiraciones personales obsesivas. Creo que hay un escenario en este momento para salir a defender las ideas liberales, el fortalecimiento de los partidos ahora que hay tanto oportunista y dirigente político que en la noche se va a tomar wisky con congresistas, diputados y concejales a pedirles el apoyo y en el día, sale a la Plaza de Cayzedo a buscar firmas, hablando mal de los políticos.

¿Usted no es político vergonzante?

A mí no me da pena decir que soy liberal. Veo el escenario propicio para trabajar en una consulta coherente, con identidad ideológica y con una consulta popular abierta que le permita al partido agitar sus ideas ante todos los colombianos. Mi propuesta es que lideremos un gran acuerdo ciudadano, político y social no solo para defender el acuerdo y para asegurarnos de que se hagan las transformaciones económicas y sociales que aún no se han hecho en el país y que estamos en deuda. Y para asegurar y garantizar que después del proceso de paz, doblemos la página, mirar cómo discutimos civilizadamente cuál es el país sin las Farc que queremos. Hay que avanzar en temas de seguridad ciudadana, la descentralización, la modificación del modelo económico para construir un país más incluyente que permita garantizar los derechos de las minorías.

¿Por qué no apoyar a Humberto De la Calle, que es liberal y está bien posicionado en las encuestas?

Si nos vamos a las encuestas, está más arriba Juan Manuel Galán. Yo era un analista de encuestas permanente, después del plebiscito decidí no volver a creer en ellas. Hay muchas similitudes con De la Calle, con Galán, pero de eso se trata la relación interna de los partidos.

¿Usted va a renegar de su cercanía al Gobierno para no dejarse contaminar por la desfavorabilidad que tiene el presidente Juan M. Santos?

Yo creo que más temprano que tarde la historia le va a reconocer al Presidente su liderazgo y terquedad para ponerle fin al conflicto con las Farc. Ese es un puesto que nadie se lo va a poder quitar. Además, quién va a renegar del gobierno Santos cuando lo acompañamos estos tres años en el proceso de paz. Eso me parecería un acto de oportunismo y de traición que la gente no entendería. Aquí no se trata de defender per sé la oposición a lo que hizo Santos ni tampoco el continuismo, sino de construir un proyecto a partir de lo que se hizo en materia de paz. Un proyecto económico distinto, de ordenamiento territorial. Este gobierno ha sido excesivamente centralista.

¿Cómo explicarle a un extranjero que ese presidente que hizo la paz tiene un 70 % de desfavorabilidad?

Nunca antes un proceso de paz en el mundo había tenido una oposición tan obsesiva y a la vez tan eficaz. El Gobierno anterior convenció a los colombianos de que las Farc estaban a punto de desaparecer militarmente en el 2010, cosa que a todas luces, después de mirar la estructura guerrillera que tenían, no era cierto. La gente estaba convencida de que no era necesaria una negociación porque ya las Farc estaban a punto de ser derrotadas militarmente. Pero ese acuerdo de paz, desde el punto de vista personal, valió la pena.

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He estado en el Tolima, en Caquetá, en los departamentos afectados severamente por el conflicto y la gente está viviendo distinto, está transitando por todas las vías, ya no siente la asfixia de las Farc, las tierras están valorizándose, con inversión. Eso se va a ir consolidado con el tiempo.

Pero las posturas de todos los candidatos están contribuyendo a esa polarización...

Nosotros no podemos quedarnos estacionados en la polarización. Parece que el mensaje del papa Francisco no caló sino tres días, hay que avanzar en la reconciliación. Me parece inútil que el país siga enfrascado discutiendo sobre el acuerdo de paz cuando ya se firmó, ya lo refrendó el Congreso, ya lo avaló la Corte Constitucional. Hay que cumplirlo, y mirar hacia adelante y no pensando en las Farc sino en nuevas generaciones, en cómo utilizamos ese fin del conflicto para construir un país mejor.

¿Usted haría parte de la convergencia que proponen las Farc?

En pocos meses en Aguablanca (Cali), en Ciudad Bolívar (Bogotá), en muchos centros urbanos del país van a llegar las Farc no a amenazar, ni a extorsionar, ni a secuestrar, ni a ponerse de ruana esas localidades, eso es una buena noticia para el país. Lo que hay que pedirle a la gente es que no vote por ellos porque no compartimos esos ideales. Hay que dejarlos que hagan política por su lado, y nosotros los liberales y quienes hagan un gran acuerdo, por otro.

¿Cree que el Partido Liberal debe llegar solo a la primera vuelta o buscar alianzas?

No hay que tenerle miedo a las alianzas, pero creo que el partido tiene que escoger primero su candidato, rodearlo, hacer un programa de gobierno común. Yo acompañaré al candidato que gane la consulta liberal y en la medida en que se encuentren afinidades con otros sectores políticos de centro izquierda —de centro derecha iríamos en contravía— podemos ir construyendo acuerdos sobre temas que hay que resolver del país.

¿No cree que para el electorado será muy difícil apreciar propuestas de 30 candidatos?

Eso es un circo. No es una explosión democrática, sino una demostración de la crisis que tenemos.

¿Usted cree que sí es posible hacer una reformulación de los partidos en medio de esta crisis?

Hay que hacerlo, porque sino estamos condenando al país a una venezolanización que es inconveniente. A los partidos hay que sacudirlos, reformarlos, pero no acabarlos.

¿Entonces también cree que el castro-chavismo va a llegar?

Son cosas distintas. La gente se dedicó a decir que con los acuerdos de paz íbamos a caer en el castro-chavismo, sin ningún sustento. No hay ningún inciso del Acuerdo de Paz que afecte el modelo económico o político del país, pero eso fue calando. A la gente se le olvida qué era lo que estaba viviendo Venezuela antes del castro-chavismo y lamentablemente hay unas situaciones parecidas con Colombia. Por eso tenemos que ponernos de acuerdo para aislar el populismo de izquierda y el de derecha. Cualquiera de los dos sería nefasto.

¿No le preocupa quedar como cavernario en ese esfuerzo por tratar de recuperar el Partido Liberal?

Ah pero si eso es cavernario me gradúo con convicción, con amor por mi país y por este sistema democrático. Sería un oportunista decir que hay que montar movimientos ciudadanos, que la política no le sirve a Colombia. Hay que jugársela por los partidos y por las instituciones, a eso me voy a dedicar en elecciones.

Entre la Asamblea Nacional Constituyente y el referendo que proponen para reformar la Justicia, ¿qué salida le ve usted a esta crisis?

Si nosotros queremos combatir eficazmente la corrupción, hay que aplicar justicia. No más ideas originales para combatir la corrupción. Se trata de un problema de actitud de los altos funcionarios del Estado, hay que lograr con el ejemplo, un entorno moral y ético distinto, y que funcione la justicia porque de lo contrario tampoco vamos a consolidar la paz en los territorios. Hay que hacer una cirugía radical de fondo de la justicia, pero hay que ser francos: estamos en época electoral, el Congreso se está terminando y está concentrado en el ‘fast-track’. Veo inconveniente e inoportuno un referendo, no va para ninguna parte. Ese es un tema que debe ocupar la campaña y que seguramente le corresponderá al próximo gobierno tomar las decisiones.

¿Síntoma de qué es que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia terminen involucrados en hechos tan lamentables de corrupción como los actuales?

De una descomposición ética y moral. Tenemos que volver a enseñar valores en las escuelas. Lo más demoledor, triste y doloroso de los escándalos de corrupción, es que la gente tiene esta Rama de Poder por encima de todo, y ver magistrados y expresidentes de la Corte en esas historias sórdidas que hemos escuchado, es lo que ha generado incluso depresión.

Vivian Morales dice que en el partido le querían secuestrar sus principios políticos y cristianos y prefirió renunciar a su precandidatura...

En el partido no se obliga a nadie. En el partido está quien se siente cómodo porque tienen un ideario. Qué fue lo que se planteó, que todos los candidatos, no solo Vivian Morales, que firmáramos unos principios liberales mínimos porque tiene que haber coherencia política.

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