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"El proceso de paz todavía es muy frágil": Ángela Robledo

"Solo sumando ese gran Sí por una paz estable y duradera, vamos a poder derrotar a los enemigos de la paz en Colombia”, expresa la representante a la Cámara Ángela Robledo, al tiempo que sostiene que “todo el mundo quiso tomarse las curules de paz”.

De hecho, cuenta que cuando el ‘empantado’ proyecto de ley llegó a esa corporación, Rodrigo Lara presentó una iniciativa para que los partidos políticos se quedaran con ellas.

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¿Por qué no seguir en el Congreso siendo una de las representantes mejor calificadas? ¿No cree que la Paz todavía la necesita allí?

Desde que llegué al Congreso, tras venir de trabajar con las organizaciones sociales y la academia, sabía que este iba a ser un momento en mi vida. No soy política por oficio. Llegué al Congreso pensando que podía poner un grano de arena en el proceso de paz, y le cumplí al país desde la Comisión de Paz, la pedagogía y cientos de audiencias que realicé en tantos lugares de Colombia. Ahora quiero regresar a la academia y poder trabajar con mujeres víctimas del conflicto.

¿Cómo cree que va a terminar el rifirrafe legal de las curules de paz?

Para mí Efraín Cepeda es una enorme desilusión. Compartí con él muchísimas sesiones de la Comisión de Paz y siempre nos dijo que desde la presidencia del Senado iba a ser un incondicional apoyo para el proceso de paz. Este proceso electoral ha hecho que todos quieran correrse, entre ellos Cepeda, a quien denunciamos por presunto prevaricato. Él ha abusado de su posición: desconoció una votación que fue legal y que está apalancada en muchísimas sentencias de la Corte.

Esto se volvió un rifirrafe vergonzoso. ¿A quién le están faltando Cepeda y el secretario (Gregorio) Eljach, que lo ha inducido al error? No a nosotros ni al Gobierno, sino a las víctimas del país.

Pero hay quienes aún insisten en que esas curules serían para las Farc...

Es un cuento que se inventaron, pero quienes hemos tenido contacto con todas las víctimas de este país, adelantamos una audiencia en el Congreso y escuchamos las organizaciones que se preparaban para participar en las circunscripciones especiales de paz podemos señalar de manera contundente que hay un movimiento genuino de las víctimas en los territorios para empoderarse y poder participar.

Aquí debo recordar que cuando el proyecto pasó por la Cámara, Rodrigo Lara presentó un artículo que fue aprobado por el Centro Democrático para que esas 16 circunscripciones se las entregaran a los partidos políticos y que ellos, con su tutoría y vigilancia, darían la garantía para que fueran las víctimas.

O sea que otros partidos políticos sí estaban interesados en ellas...

Todo el mundo quiso tomárselas, pero el cuento que nos echaron es que eso iba a hacer para las Farc. No, las Farc ya tienen curules aseguradas. Esto es un movimiento genuino para que indígenas, afros, mujeres, jóvenes, que han tenido una profunda subrepresentación y han sido víctimas puedan estar directamente en el Congreso. Por eso, aquí se está violando el derecho fundamental de elegir y ser elegido y en este caso, el de llevar la voz de las víctimas a la Cámara.

¿Cómo analiza el despertar de Farc como partido político?

Creo que fue un error que mantuvieran su sigla de guerrilla. Hubiera sido mejor un nuevo nombre, porque desafortunadamente quedaron movimientos disidentes y en el imaginario de los colombianos sigue que las Farc siguen atacando. Sé que para ellos tiene un sentido de reivindicación histórica, pero creo que fue equivocado.

Ahora, su llegada a la ciudadanía plena es compleja, ellos han sido guerreros y tienen que pasar de las balas a los votos, de las órdenes a la palabra, y ahí hay un enorme reto de dejar de ser combatientes de un ejército y pasar a ser ciudadanos e integrantes de un partido político. Tendrán que hacer un ejercicio de formación política muy profundo para que el ejercicio democrático llegue a su partido y les recomendaría usar un lenguaje no provocador ni confrontador, que permita que poco a poco la gente entienda su mensaje y lo que quieren aportar desde su nuevo lugar en Colombia.

Se rumora que hay muchas divisiones al interior de la organización...

El gran reto es que ellos logren una reincorporación colectiva; este país
ha tenido una buena experiencia en la reincorporación individual, por lo menos 40.000 excombatientes han hecho ese proceso con un porcentaje exitoso, que ha sido ejemplo en otros lugares. El gran cohesionador es que logren una reincorporación en los territorios, que puedan tener acceso a sus proyectos productivos en clave comunitaria, crear cooperativas y continuar el proceso de educación, o sea, educación, educación, educación, es una clave muy importante.

Se ha criticado que los jefes de Farc acusados de crímenes de lesa humanidad no hayan esperado a pasar ante la JEP para hacer política...

En ningún proceso de negociación en el mundo los combatientes entregan las armas para irse a la cárcel. Ellos se reconocen como subversivos que se levantaron contra un sistema, como rebeldes con una causa política, llena de sangre y de dolor, sí, porque la guerra es terrible y daña todo lo que toca, pero esta no es una rendición. Como ocurrió en Irlanda, El Salvador, Guatemala ni en Sudáfrica, ellos entregan las armas para hacer política.

La solución que se encontró con el sistema de la JEP es que entregan una certificación de que van a concurrir -ya lo hicieron para poderse inscribir-, van a contar la verdad y reconocer sus crímenes y si hay una medida de reparación que es incompatible con su tarea política, les tocará asumir esa tarea restaurativa. Pero pensar en otra manera es dinamitar este proceso tan importante, pero tan frágil, porque todavía es muy frágil.

¿ Cree que al Gobierno le quedó grande la implementación de la paz?

Recuerdo una frase de Sergio Jaramillo (excomisionado de Paz) diciendo que es muy desafortunado que la implementación hubiese sido casi el último año, cuando el Gobierno ha perdido gobernabilidad y capacidad de acuerdo y de consenso en el Congreso. Fue como una maldición que se juntara este proceso tan complejo con las elecciones. Eso ha hecho mucho más difícil la tarea. Hay retos enormes, esto va a tomar décadas, pero el Gobierno sí tendrá, en estos meses, que poner el acelerador: los planes de desarrollo territorial tienen que empezar para que el Gobierno que llegue no eche para atrás mucho de lo que está pendiente.

Como por ejemplo...

El punto de Desarrollo Rural Integral está prácticamente sin tocarse, necesita avances. Hay que dejar sentado el proyecto de la implementación, que no es con las Farc, es con los campesinos, con la Colombia profunda. Yo creo que si bien hemos salvado vidas, el proceso todavía es frágil, solo hemos puesto la cuota inicial. Lo que queda es el camino más difícil y complejo.

¿Cree que sí se logrará esa paz completa por la que usted clamaba desde la Comisión de Paz de la Cámara?

Creo que se va a lograr si entendemos que esto no es de los gobiernos, ni es de Santos ni de las Farc; ni de Santos ni del ELN; ni de Uribe ni del Centro Democrático, no. Si en Colombia entendemos que la guerra nos ha producido una profunda fractura ética, un profundo daño espiritual, como dice el padre de Roux. Si entendemos que la guerra nos tocó a todos de alguna manera, quizás sí vamos a tener una paz completa. Si no, creo que nos vamos a demorar otro tanto desangrándonos entre hermanos.

El verdadero daño es la fractura ética y esta polarización y fragmentación enorme. Si logramos entender que esto va mucho más allá de los gobernantes, que la paz convoca a todos, como dijo el Papa Francisco cuando vino, quizá sí vamos a lograr la paz completa, no exenta de dificultades, de conflictos, que no es idílica, pero que protege y cuida la vida, en especial de los más pobres y vulnerables.

¿Con cuál de los actuales candidatos presidenciales se sentiría más tranquila con respecto a esa implementación de la paz?

En principio, con quienes han estado del lado del Sí, del lado de la paz. Hay una coalición Colombia, donde está Sergio Fajardo, y yo hago parte de la Alianza Verde que lo apoya, con el Polo y Compromiso Ciudadano, pero creo que se necesita una coalición urgente, no soñar que vamos a reconstruir la ola verde, que no fue suficiente en su momento, algo se logró, algo despertó, pero aquí hay que tener una gran coalición y un gran partido por la paz. Yo aspiro y espero que Sergio pueda encontrar y tender puentes con Humberto de la Calle, con Gustavo Petro, con Clara López, porque solo sumando ese gran Sí por una paz estable y duradera vamos a poder derrotar a los enemigos de la paz en Colombia.

"El ELN debe entender que la mesa de Quito no tiene un tiempo eterno, es un espacio privilegiado de cinco meses y debe avanzar hasta hacerse irreversible"

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