Proceso de paz

Opinión: Familia y escuela escenarios de paz

Marzo 08, 2017 - 10:43 p.m. Por:
Héctor Mauricio Vargas Rodríguez *
Héctor Mauricio Vargas Rodríguez

Héctor Mauricio Vargas Rodríguez, rector Colegio Lacordaire

Héctor Mauricio Vargas Rodríguez, rector Colegio Lacordaire

En el plano nacional se habla y se reflexiona sobre la paz, en todas sus expresiones, colores y sabores. Debido a que existen diferentes posturas frente a la paz, es necesario precisar el concepto propio frente a esta temática tan transcendental para la humanidad. Pues cuando hablamos de paz se puede entender como un pacto o un estado.

También se puede referir a la ausencia de la guerra o a la armonía entre lo que se hace y se piensa, entre la intención y la acción, entre el corazón y la mente.

En la actualidad el mundo reclama paz en todos los ámbitos, pero el lugar más propicio para gestarla son los escenarios donde más interactuamos de manera social. Hoy quiero enfocar mi reflexión en la familia y la escuela, como espacios privilegiados para la formación en la convivencia, que entre otras cosas, es el primer pensamiento que surge al escuchar la palabra paz.

El devenir histórico de nuestro país, generó un contexto de violencia, evidenciado en el conflicto armado que supera los 60 años, permeando de manera significativa los valores y virtudes que dentro de la familia se estructuran. Ella, como dice el Papa Francisco, “es la fuente de toda fraternidad”, lugar privilegiado que ha pasado por transformaciones en su estructura, significado y funciones; pero que ha permanecido como una institución históricamente reconocida, más antigua que el Estado, que ha posibilitado la sociedad humana desde su fundamentación como célula básica. Es allí donde se generan los primeros espacios de cuidado y crecimiento para cada uno de sus integrantes, especialmente de los infantes, pues de esta manera se van fijando las bases para sus sueños y proyectos de vida.

La familia es un lugar privilegiado para construir una sociedad pacífica. El ideal corresponde a un hogar donde existen muestras de afecto, cariño en abrazos, besos, mimos, escucha, respeto; posibilitando la comunicación armónica. Sin embargo, diversas realidades familiares están permeadas por riñas, altos decibeles en la comunicación (gritos), y en general, la violencia en sus máximas expresiones. Pese a la realidad del conflicto al interior del contexto familiar se puede superar con estrategias que lleven a una adecuada resolución de problemas.

Uno de los aspectos interesantes por analizar y en el que vale la pena intervenir, es cómo las familias deben ser más conscientes de las consecuencias no gratas que tiene sobre el hogar la realidad de los hijos únicos, quienes en su mayoría se educan en ambientes de sobreprotección, perdiendo la oportunidad de aprender en su entorno familiar con el alter más próximo (hermanos) valores y virtudes que se necesitan para la sana convivencia.

Una oportunidad para poder mitigar este vacío que ha dejado la ausencia de hermanos al interior de las familias se presenta en la escuela. En ella, se puede cimentar el autocuidado, el cuidado del otro y de lo otro permitiendo el desarrollo de las competencias comunitarias para aprender a conocer con quién se convive y poder construir con él, el mundo. La carencia de esta fundamentación ontológica en el proceso de educación de nuestros niños, hace que se torne difícil un proceso de construcción de espacios para la paz en los demás ámbitos de la sociedad, quedando la ausencia del conflicto como resultado reduccionista e irreal.

Es justamente en la escuela el espacio plural e indicado para educar, fortalecer la resiliencia en el ser humano y de esta manera aprender a ser fuerte, resistente, generando nuevas estrategias, para lograr trasformaciones no violentas, de cara a los conflictos propios de la convivencia. Ya en el año 2011 la Unesco alertaba que la “educación puede ser un poderoso factor de paz, pero con demasiada frecuencia la escuela se instrumentaliza para reforzar las divisiones sociales, la intolerancia y los prejuicios que conducen a la guerra”. Es por esto, que los procesos que se adelantan en el medio escolar con el apoyo de las familias permiten generar respeto, tolerancia, reconocimiento del otro, facilitando que las actitudes que se asumen frente a los conflictos y las diferencias sean de corte acertado y asertivo, en la medida que direccionan a espacios de mediación, consenso, disenso, diálogo y escucha constante. Dicho de otra manera, estos procesos han resignificado el conflicto en la vida escolar y efectos de retorno en la familia.

Es importante ver la paz como el resultado de la praxis, de la reflexión y de la acción del ser humano para transformar el mundo, y no solamente como un tema de única responsabilidad del Estado. Se hace necesario afrontar la paz como un derecho midiéndola como un deber, tal como lo propuso en su momento Enrique Lacordaire, orador, político y pedagogo francés, pues de esta manera surgen compromisos concretos que respondan a las exigencias del contexto y la acción humana: vivenciar acciones de paz, respeto, tolerancia, perdón y reconciliación donde se involucren y comprometan adultos y niños. Esto sólo es posible en cuanto se humaniza la educación, comprendiendo que el objetivo de la misma es la formación integral de la persona y no de objetos.

Esta tarea comienza desde el hogar, con consecuencias positivas de tipo axiológico que en la escuela se acompaña con la formación. Lo anterior exige la configuración de una alianza estratégica y una relación recíproca entre familia y colegio, que debe ser asumida como una condición fundamental para construir la paz. La escuela debe facilitar el desarrollo de las competencias actitudinales que promuevan la apropiación, reflexión y acción pacífica. No deben surgir espacios para la violencia, pues es improcedente e inadecuada para enfrentar los conflictos, por tanto dicha realidad es un resultado de un mal aprendizaje en la sociedad. En cambio, el conflicto es inherente al ser humano, hace parte de su naturaleza y ayuda a su construcción y maduración como persona.

La violencia no puede ser negociada ni en la casa ni en el medio escolar: no puede establecerse alianzas o acuerdos sobre el tipo de violencia que puede llegarse a permitir. Es un fenómeno que debe ser extirpado y denunciado como destructivo para la formación del ser humano.
El conflicto es necesario, puesto que es una fuente de aprendizaje que moviliza al cambio. La paz no es la ausencia de confrontación, ese estado no existe, la paz es un concomitante del conflicto, es decir, avanzan al mismo tiempo. Es más, potencia el aprovechamiento del mismo para el crecimiento de las partes, de las personas y de las instituciones.

Es claro que es más fácil desear la paz que construirla, es más fácil protestar por la violencia o por la guerra, que encontrar caminos para lograr la paz, y es en esto que debemos educar, en medio de una condición natural del ser humano como lo es el conflicto, que debe ser aprovechado para el desarrollo de múltiples competencias que facilitan la vivencia y convivencia del ser humano.

Algunas acciones concretas frente al conflicto son la escucha, el perdón, la esperanza y la confianza. Desde la escucha, porque de esta manera aprendemos para comprender antes que para responder. Desde el perdón se permite tomar otras posiciones y comprensiones, otros ejercicios emocionales frente al conflicto y frente al otro. Desde la esperanza que nos alienta a la templanza y a intentarlo cuantas veces sea necesario. Desde la confianza que permite creer que el otro puede cambiar y cumplir con su compromiso de mejora.

La propuesta es pensar, proponer y aplicar prácticas que conlleven a una convivencia pacífica desde la familia y la escuela, que sumen al constructo social de paz. Por eso, es vital que las rivalidades y barreras que limitan ambas instituciones sociales desaparezcan; generando entre la escuela y la familia una alianza necesaria y sólida como espacios propicios para la construcción de paz.

                                                                                    *Rector Colegio  Lacordaire

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