proceso de paz

Así le escribieron 2.000 cartas a las Farc en 'el país de la reconciliación'

¿Cómo sentir más en la piel aquello que en el papel llamamos posconflicto?¿Cuál es el valor ahora de la palabra ‘reconciliación’? Un grupo de universitarios parece empezar a entenderlo rasgando algunos hilos de la obstinada indiferencia y tejiendo un puente de letras entre aquellos que hoy entregan las armas y la ciudad que los espera.

El colectivo de jóvenes, en su mayoría caleños, se ha propuesto visitar las zonas veredales donde se concentran las Farc, armados de pinturas y manuscritos elaborados por la gente de las ciudades con mensajes de paz.

Estos estudiantes le han llamado a su iniciativa ‘Cartas por la reconciliación’, y han logrado recoger 2.000 misivas, de las que ya han entregado 765 a los excombatientes de Caldono y La Elvira.

“Creemos que es necesario acercar a la gente de las ciudades con las personas que están dejando las armas. Que los miembros de la guerrilla sepan que son verdaderamente bienvenidos”, dice Cristian Palacios, líder del proyecto.

Desde febrero, los jóvenes empezaron a recorrer parques, universidades e instituciones públicas invitando a los ciudadanos a escribir cortos mensajes anónimos para los guerrilleros.

“Nos encontramos con todo tipo de personas. Desde las que estuvieron muy dispuestas a participar, hasta las que se sintieron agredidas por invitarlos a escribirle algo a un guerrillero”, afirma Palacios.

La primera entrega de cartas la realizaron en Caldono el 23 de marzo. Ese día, treinta jóvenes - casi adolescentes - se embarcaron en un viaje de dos horas para entregar en manos de 415 guerrilleros los saludos de reconciliación que sus compatriotas habían escrito en las ciudades.

A cambio, los estudiantes vieron muestras de agradecimiento y conmoción.

“Muchos expresaron que nunca habían recibido una carta en la vida, y mucho menos pensaron que iban a recibir una de un ciudadano. Se mostraban verdaderamente emocionados”, cuenta Palacios.

Con tintes de ritual - si se quiere un encuentro entre el maltratado país rural y la ensimismada ciudad -, cada joven se acercó a un guerrillero para entregarle una carta y abrocharle una manilla blanca, mientras le contaba sus razones para creer en el proceso de paz. A su turno, el excombatiente enrollaba otra manilla en la muñeca del estudiante y listaba sus razones para entregar sus armas y su oficio a la legalidad.

“Siempre hay una segunda oportunidad para todos, y ustedes se la merecen. Luchen por ser mejores personas cada día. Dios los bendiga y recuerden que nunca es tarde para volver a empezar”,
Camila Vanegas,
carta a guerrillero en La Elvira.

“Al que me acerqué quiso contarme su historia. Me dijo que a él lo invitaron a hacer parte de las Farc cuando tenía quince años. Ahora cuenta con 27. Tiene esposa y dos hijas, a quienes quiere ver crecer. Al final de la charla me dio un abrazo, fue una pequeña conexión, como su forma de pedir perdón”, cuenta Juliana Garzón, estudiante de la Universidad Javeriana.

Algunos excombatientes tomaron aquella vez la iniciativa de escribir de vuelta a los ciudadanos. Empuñando un lápiz, con la misma decisión con la que antes tomaban un fusil, se arriesgaron a escribir líneas de arrepentimiento e ilusión.

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“Quiero entrar a la universidad y profesionalizarme. Yo lo único que sé es plantar coca y disparar armas, pero por la paz y por una segunda oportunidad en Colombia yo soy capaz de aprender muchas otras cosas”.
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El pasado 1 de mayo, en situaciones similares, los estudiantes realizaron la segunda entrega de cartas en La Elvira, también en el Cauca. Ese día, 350 guerrilleros recibieron el aliento de paz de sus compatriotas de las ciudades.

“Las ‘Cartas por la reconciliación’ nos llenan de esperanza y alientan a seguir trabajando por una Colombia en paz y dignidad”,
Rodrigo Londoño,
jefe de las Farc.

El proyecto de estos jóvenes ha recibido el apoyo de instituciones, líderes e incluso de algunos jefes del grupo guerrillero, que han creído en que estas pequeñas acciones se van sumando a los primeros grandes pasos del anunciado posconflicto.

Una de las voces de apoyo ha sido la del expresidente y exguerrillero uruguayo Pepe Mujica, quien se animó a escribir un verso para un miembro de las Farc, tras recibir la invitación de los líderes de la iniciativa en su visita a Cali el pasado mes de marzo.

“Vivir es un milagro, cuidar la vida es un deber. Por eso, la paz es una construcción para todos. No te canses de vencer obstáculos. La vida es luchar para tener tiempo libre para los afectos”, se leía en la misiva de Mujica.

Cartas por la reconciliación

Algunos guerrilleros se animaron a responder las cartas que recibieron.

Cada entrega inicia con el intercambio de manillas blancas y la lectura de cartas. Luego, estudiantes y excombatientes comparten motivos para creer en la paz.

Por su parte, Pablo Catatumbo, miembro del secretariado de las Farc, le confesó a El País que considera como una “experiencia enriquecedora” la iniciativa de los jóvenes.

“Nos alegra mucho leer las cartas de compatriotas que nos alientan, que nos dan la bienvenida, que quieren que el fin de la guerra sí sea definitivo. Es muy valioso encontrarnos con las diversas iniciativas de personas de todos los estratos sociales, de diferentes orillas ideológicas, que se unen en torno al interés supremo de la paz. Esa población que se moviliza es la que va a garantizar que esto tenga final feliz”, señala el líder guerrillero.

“Sé que el conflicto ha sido fuerte, y así como los civiles hemos sufrido, tú también lo has hecho. Pero el pasado ya fué, y ahora es tiempo de luchar por reconciliarse, por celebrar la vida”,
Anónimo
carta a un excombatiente en Caldono.

Para Diego Arias, analista caleño y exmiembro de la guerrilla M-19, es precisamente en este momento cuando se necesita un acercamiento que pueda “llenar esos vacíos entre la gente de las ciudades y el proceso de paz”.

Los jóvenes, cada vez con mayor entusiasmo, esperan entregar una carta a cada uno de los 6.900 excombatientes de la guerrilla que se encuentran en zonas veredales aguardando a reintegrarse a la sociedad.
Es así como una iniciativa estudiantil logra materializar una promesa de reconciliación, con el diálogo sincero entre quienes han sido a la vez víctimas y victimarios. Acciones como estas bien pueden ser asimiladas como las primeras luces del posconflicto: ideas de gente del común con ganas de asumir las diferencias sin levantar las armas.

“La reconciliación se trata de aceptar que por parte de ellos y por parte nuestra hemos cometido errores. Por parte nuestra como país entero, y por parte de ellos por todo lo que han causado. Luego se trata de aceptar que de cierta manera están pidiendo perdón y quieren sentir apoyo”, concluye, con cándida sensatez, la estudiante Juliana Garzón.

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