Valle

Partería indígena, una tradición que continúa viva en las montañas de Jamundí

Marzo 08, 2017 - 12:40 p.m. Por:
Jamir Mina | Especial para El País
Partera Jamundí

María Manuela reseña uno a uno los 198 partos que ha atendido en la vereda Chorrera Blanca, zona rural de Jamundí.

Jamir Mina | Especial para El País

Cuando la brisa proveniente de la Cordillera Occidental trae consigo noticias de una nueva vida, la historia casi siempre se repite: María Manuela Cruz Toconá, alista todas sus hierbas, posa sus manos sobre el vientre templado de la gestante, ‘arregla’ la posición del bebé y lo acomoda para iniciar el viaje más impredecible de todos: vivir. Lea también: Partería tradicional del pacífico es declarada Patrimonio Nacional

Con la tranquilidad de quien conoce a la perfección su oficio, María Manuela reseña uno a uno los 198 partos que ha atendido en la vereda Chorrera Blanca, zona rural de Jamundí, territorio indígena, zona donde los saberes ancestrales se mantienen intactos y marcan el derrotero de centenares de nativos. La partería es uno de ellos.

Los habitantes de esta vereda están alejados del casco urbano, bendecidos por montañas que forman diversas figuras y adornan con una elegancia casi sublime la desgastada carretera que a veces tiene pedazos de concreto en una inmensidad de huecos, donde la tierra con muros de polvo muestra su rebeldía ante el paso de visitantes de cuatro ruedas.

Desde allí, el recibimiento al mundo de una nueva vida se manifiesta diferente. No hay aparatos, ni salas de espera, mucho menos cómodas camillas; por el contrario, hierbas tranquilizantes, cálculos precisos, observación detallada de las gestantes y camas angostas, son el escenario propicio para un nacimiento.

“Este oficio yo lo aprendí de mi madre y hasta ahora, después de atender 198 partos, nunca me ha salido nada mal. Lo primero que hago cuando llego donde la embarazada es ponerle la mano en el vientre, cuatro dedos desde la boca del estómago, le doy a beber unas hierbas, arreglo al bebé para ponerlo en posición y listo, va pa’ fuera”, dice María Manuela con una expresión de alegría que baña de satisfacción su cuerpo de 1.48 de estatura y deja ver con claridad sus rasgos indígenas, testigos de la baja temperatura que golpea a esta vereda, ubicada en lo alto de las montañas a dos horas y media de Jamundí.

Sobre las hierbas que utilizan para armonizar el nacimiento no hay muchos datos, para las cuatro parteras de estas veredas de comunidades indígenas es su secreto más preciado.

Saberes, capacitación y más vida

Aunque María Manuela nunca tuvo ningún problema con los partos que atendió, un día del año 1990 recibió una citación urgente del Hospital Piloto de Jamundí. “Al principio tenía miedo, pero después dije: si nada debo nada temo, y a las dos semanas fui y me hice presente, allí vi a otras parteras de veredas cercanas. Desde ese momento, empezamos con capacitaciones de cómo tomar la presión y muchas otras cosas para desempeñar mejor nuestro oficio, en esos cursos estuve cinco años”, relata.

Ese programa de retroalimentación fue el impulso para iniciar nuevos proyectos, combinando la medicina tradicional con la occidental. Tanto fue el impacto de esa labor social que profesionales de la Universidad Santiago de Cali, USC, se incorporaron y lo desplegaron en diversas regiones de Colombia, aportando su granito de arena a esta causa.

“En las últimas dos décadas he sido embajadora de la Universidad en la capacitación de parteras por muchas regiones de Colombia. Hemos estado en veredas del Pacífico, Cauca y el Valle del Cauca, con todo tipo de etnias y comunidades. Esto es un trabajo donde todos nos ilustramos. Ellas aprenden de nosotros algunos procedimientos y nosotros de ellas, todos sus saberes”, manifiesta Susana Valencia, docente de Enfermería de la USC.

Esta profesional de la salud también agrega que hay dos tipos de parteras: la tradicional y empírica; la primera es aquella que basa su oficio solo en sus saberes; la segunda, combina los conocimientos de la medicina tradicional y convencional.

“En el año 2007 hicimos parte de un congreso nacional de parteras en Buenaventura, compartimos saberes y las apoyamos en la conformación de asociaciones. Hoy, gracias a un trabajo de todas ellas, este ejercicio es considerado Patrimonio Cultural de Colombia”, agrega Susana Valencia, quien actualmente guía brigadas con estudiantes de enfermería en comunidades donde hay grupos de parteras.
Precisamente su última expedición médica, el lunes 27 de febrero del 2017, la llevó hasta la vereda Chorrera Blanca en Jamundí. Sí, la misma zona donde reside María Manuela, allí el Hospital Piloto de dicho municipio adelanta acercamientos con comunidades indígenas. Ambas al verse se fundieron en un abrazo, la partería ya las había unido en aquel congreso en el 2007 en Buenaventura; diez años después, en la cima de las montañas el oficio de ayudar a dar a luz las volvió a poner frente a frente.

Un viaje constante…

Cuando a María Manuela le preguntan por sus compañeras parteras, con quienes aprendió el oficio, su respuesta vuelve y se fundamenta en una gran sonrisa acompañada de una seña hacia el firmamento: “ellas me dejaron solita, ya se fueron a viajar”, susurra tímidamente.

Para ella, la vida y la muerte van de la mano. Todo es un viaje constante. El nacer, muchas veces, está acompañado de procedimientos complejos y de una operatividad de hasta horas; morir, por el contrario, solo es cuestión de segundos.

“Mire, la gente acá nace y se muere aquí, porque llegar hasta Jamundí es muy complicado. La tierra nos proporciona todo lo que necesitamos para vivir, entonces al morir le entregamos nuestro cuerpo y dejamos que el viaje lo guíe la misma que lo empezó: la naturaleza”, expresa María Manuela.

Con cada nuevo parto, María Manuela aprovecha para dejar descansar en otro cuerpo sus saberes, ella instruye a una de sus cinco hijas, porque entiende que su viaje algún día llegará y no quiere que sus conocimientos se vayan con la brisa, la misma que ha traído consigo, en muchas oportunidades, noticias de vida.

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