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Las dos caras de la Ley Seca este fin de semana en Cali

Las dos caras de la Ley Seca este fin de semana en Cali

Dos ciudades en una misma Cali. Esa es la conclusión que deja la Ley Seca del puente festivo del Día de la Madre, en especial los días sábado y domingo, que son considerados como especiales para la celebración.

Fueron dos ciudades porque mientras que epicentros de rumba como la Carrera 66, la Avenida Sexta, el Parque del Perro y Granada lucían sin excesos de ruido y con baja afluencia de público, en algunos barrios las tiendas y uno que otro estanco vendían licor por debajo de la mesa, según pudo constatar El País en un recorrido realizado por diferentes sectores.

El recorrido inició el sábado por la Avenida Sexta, vía que sigue siendo referente para muchos caleños a la hora de pensar en tomarse unos tragos y bailar. En la noche lucía sola y sin bullicio, como si no fuera un fin de semana del Día de la Madre.

Uno de los establecimientos más tradicionales en la zona es Brisas de la Sexta, lugar que hace las veces de restaurante y bar-discoteca hasta las 4:00 a.m. Pero ese día, el negocio cerró sus puertas pasadas las 10:00 p.m. con el fin del partido Deportivo Cali vs. Atlético Nacional.

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Jesús Emilio Salmerón, encargado de coordinar la atención en el negocio, dijo que en todo el día solo habían atendido cinco mesas, lo que demostraba una baja significativa en ventas por la Ley Seca del fin de semana del Día de la Madre.

En el trayecto de al menos dos cuadras, desde el Viejo Barril hasta Rey Burguer, un restaurante reconocido en la zona, se podía caminar tranquilamente sin el ruido de los negocios nocturnos dedicados a la venta de licor.

La Avenida Sexta había dejado de ser centro de rumba para darle la bienvenida a comensales en busca de disfrutar un sábado en familia. Las tradicionales bahías de parqueo a lado y lado de la vía, tenían cupos de sobra.

Video del fin de semana del Día de la Madre en Cali.

Mientras esto ocurría en la Sexta, muy cerca del lugar, en la Avenida 9 Norte, barrio Granada, se respiraba un ambiente de fin de semana con música a volumen moderado en los negocios. Como en la Avenida Sexta, encontrar parqueadero en esta zona resultó muy fácil, a diferencia de fines de semana común y corrientes.

El panorama no era distinto en otras zonas como el Parque del Perro y la Carrera 66. Estos espacios de rumba y lleno total los fines de semana ahora estaban convertidos en corredores de restaurantes abiertos y bares y discotecas cerradas.

El ruido era mínimo y el consumo de licor en zona pública había desaparecido. Los más beneficiados eran los residentes de estos sectores, en especial los de la Carrera 66.

Lisímaco Portocarrero, residente en el sector Gran Limonar, zona que alberga discotecas y bares sobre la Carrera 66, durmió tranquilamente el fin de semana como hace muchos años no lo hacía.

“Pudimos dormir en paz como no pasaba, creo yo, desde hace cuatro o cinco años que tenemos los bares y las discotecas en el sector. Los restaurante sí tuvieron clientes, pero no podemos comparar la bulla que hacen ellos a otros negocios, el ambiente fue tranquilo”, explicó el ciudadano y añadió que “ojalá todos los fines de semana tuvieran Ley Seca”.

Otra de las zonas del sur de la capital del Valle que se caracteriza por tener bares y estancos es la Calle 16, en el barrio El Ingenio, entre el parque de este barrio y la panadería de ‘Pe a Pan’, dos referentes del sector.

Durante el recorrido realizado el día sábado y domingo se pudo constatar que de cuatro lugares donde se vende licor, solo en uno de ellos el expendio de bebidas embriagantes seguía normal. Se trata de un estanco ubicado al lado de una reconocida droguería del barrio y un restaurante de hamburguesas.

El sábado, por ejemplo, se visitó el lugar y se comprobó que las personas llegaban en vehículos y, mediante una reja, pedían cualquier licor, desde cerveza en lata o botella, hasta tragos fuertes como el tequila o el whisky. La única condición era llevarse el licor del sitio o pedirlo a domicilio a través de WhatsApp o llamando por teléfono. Cuatro de las cinco neveras que tiene el negocio estaban llenas de cerveza de todo tipo.

“Tenga esta tarjeta, hasta las 4:00 a.m. tenemos domicilios, le llevamos cualquier trago que quiera, papi”, afirmó uno de los vendedores al entregarle dos cervezas en lata a uno de los compradores del lugar.

En las dos visitas que se hizo al estanco, una a las 8:00 p.m. y otra a las 11:30 p.m., se pudo comprobar que el negocio seguía abierto, lo único es que las luces que alumbraban el letrero del estanco habían sido apagadas para no ser identificados por las autoridades.

Pero el negocio de los estancos como este que no acataron la Ley Seca no solo es de las zonas residenciales del sur de Cali, también de los barrios tradicionales de rumba y goce como El Popular y La Isla, dos localidades del norte donde los vecinos son amigos de los tenderos. Algunos de ellos les vendían licor bajo cuerda, como se dice en la barriada.

“¿Ley Seca? Acá no existe eso”, dijo un hombre mientras sostenía en su mano una garrafa de aguardiente que había conseguido tocándole la puerta a una residente de la zona que tiene un estanco, el cual estaba cerrado, pero la casa no.

Conseguir trago en esos dos barrios el fin de semana era más fácil de lo que un policía podía pensar. Botellas de cerveza o ron eran transportadas en bolsas oscuras.

En la zona, tres viviendas tenían carpas afuera que esperaban por la rumba de cada noche. Este escenario, perfectamente, podía ser la representación de otros barrios populares donde tampoco parecía existir la Ley Seca.

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