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¿Vendedores ambulantes o 'dueños' de estaciones del MÍO?

¿Vendedores ambulantes o 'dueños' de estaciones del MÍO?

Después del tercer vendedor ambulante en menos de diez minutos, dos señoras que viajaban en la parte trasera de la ruta T31 del MÍO se miraron y susurraron: “otro”. El vendedor casi adivinando el discurso de las damas respondió: “sí, otro. Lo mismo de todos los días, un vendedor, un cantante o un mendigo...”

El hombre, de no más de 1,65 de estatura, pasó por cada uno de los puestos del bus antes de que la ruta arribara a la estación Refugio, sur de Cali, y repartió empaques con maní y mentas; al igual que los dos anteriores, hizo al menos tres ventas, lo que le representó, a cuenta alegre, unos $5.000.

Para los usuarios del MÍO, el panorama de las ventas ambulantes ya no es una novedad. En los buses trabajan hasta dos al mismo tiempo. Ofrecen una gran variedad de productos: maní, mentas, dulces, pasteles, galletas, lapiceros; interpretan música rap, cristiana, otros géneros y algunos más osados no cantan, sino que hacen playback (doblaje de una canción con fonomímica).

Y es justamente ese constante número de vendedores ambulantes y cantantes en el MÍO, lo que ha desencadenado que algunos -a la brava- estén ‘cercando’ su espacio de trabajo en las estaciones.

“Yo trabajo entre Torre de Cali, Centro, San Bosco, San Pascual y Petecuy. Hago el recorrido por estos sitios, porque el sur (estaciones Universidades y Unidad Deportiva) ya está ‘colonizado’ por otra gente y a ellos no les gusta que uno trabaje allá; entonces para evitar problemas yo no me aparezco por esos lados”, dice Mayra*, una de las vendedoras ambulantes del Masivo.

Ella, que cambia cada semana los productos para la venta, ‘despacha’ desde Torre de Cali. Tiene un grupo de vendedores que no son muy amigos “de los del sur”, porque, según cuenta, “esa gente es muy hambrienta”.

“La cosa ya funciona así, por sectores. Antes, cuando éramos menos, uno se movía como pez en el agua, pero ahora somos muchos y la gente se adueñó de algunos puntos. Nosotros nos quedamos con los del centro; en estas estaciones esperamos las rutas y algunas personas venden aquí. No se mueven mucho”, señala, al mismo tiempo que con un movimiento de su mano derecha le da vía libre a uno de sus compañeros para que aborde una ruta E37. “Hágale ahí, que yo lo hago en el que viene”.

“Los conductores deben demorarse dos minutos entre estación y estación, nosotros tratamos de trabajar con ese tiempo porque sabemos que en la próxima parada ya hay un compañero esperando; por ejemplo, a los raperos les decimos que canten de a una canción para que nos alcance para todos”, agrega.

Su versión a veces parece incongruente y hasta sacada de una guerra imaginaria por el espacio público al interior de un transporte que es precisamente eso: público. Pero no. Su relato cobra validez con las recientes confrontaciones entre vendedores que se han dado a conocer a través de redes sociales.

Por ejemplo, en febrero de este año circuló un video donde dos vendedores ambulantes se enfrascaron en una pelea con arma blanca. En medio del alegato se logra identificar una molestia por no respetar el espacio de trabajo: “yo me monté primero y vos lo hiciste por encima de mí”, reclamaba uno de los involucrados en la riña.

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Mauricio Venté, miembro del Comité MÍO Usuarios, ha recopilado varias denuncias de este tipo que le hacen llegar pasajeros indignados, tras apreciar las peleas y el alto número de personas dedicadas al rebusque.

“Nos han enviado reportes de que, por ejemplo, la estación Andrés Sanín (oriente de Cali) fue tomada por vendedores ambulantes con puestos fijos. Esa es la situación: se han repartido algunas zonas, entonces si entra el uno a los buses no puede entrar el otro”, explica Mauricio.
En un recorrido realizado por El País en varias estaciones del MÍO, se pudo constatar lo dicho por el Venté; además, se comprobó la existencia de puestos fijos de venta ambulante en las estaciones Universidades, Capri, Unidad Deportiva, Petecuy, Torre de Cali y Paso del Comercio.

Algunos usuarios piden intervención inmediata de las autoridades, porque la situación, según ellos, ya se salió de control. Otros dicen que los vendedores trabajan de manera honrada sin "hacerle daño a nadie".

El País

Venté afirma que ya ha alertado a Metrocali, ente regulador del MÍO, para que esta problemática no se agudice con el pasar de los días.

“Hemos tratado de hacerle entender a Metrocali que esta situación no se puede seguir presentando, porque si no le ponen cuidado a esto, va a pasar lo que ocurre en el centro de Cali, que se han tomado todos los espacios y la gente ya no puede ni caminar por los andenes”, acota. El País trasladó esta problemática a Metrocali, pero no fue posible obtener una comunicación oficial al respecto.

Mientras la situación con los vendedores es más visible y Metrocali no toma medidas de peso, según el Comité de Usuarios MÍO, las dos señoras que viajaban en la parte trasera de la T31 se bajaron en Unidad Deportiva (un trayecto de cerca de seis minutos) después de escuchar a cinco personas diferentes vendiendo productos, cantando algunas canciones y recitando poemas.

“No estoy preparada para esto, pero es la única forma que por ahora tengo para sobrevivir. Soy venezolana y vengo desde la ciudad de Barinas, allá era profesional de enfermería; sin embargo, hoy estoy frente a ustedes vendiendo estos dulces”. Esas fueron las primeras palabras que se escucharon cuando el bus cerró sus puertas en Unidad Deportiva; quien hablaba era una mujer de baja estatura, pelo castaño, dulces en una mano y un bebé de aproximadamente 14 meses en la otra.

Ella llegó hasta la estación Estadio. Ahí se bajó y buscó la bahía para devolverse de nuevo hacia el sur. Quizá tenga algo que ver las barreras invisibles levantadas por los mismos vendedores en las estaciones del MÍO.

“Con algunos de los venezolanos hemos tenido problemas. A muchos de nosotros no les gusta que ellos trabajen en el MÍO, dicen que nos quitan ingresos. Yo no estoy de acuerdo con eso, aquí para todos hay y esa gente de verdad necesita, así como todos nosotros”, cuenta Mayra*.

Metrocali opera con 97 rutas y 689 buses en promedio. Los vendedores ambulantes prefieren las rutas troncales y pretroncales que llegan a estaciones.

El vocero del Comité de Usuarios considera que la presencia de venezolanos en el sistema sí tiene relación con el aumento en las riñas entre vendedores del MÍO.

“Con la llegada de venezolanos o personas que dicen ser de Venezuela el problema se agudizó y se presentan más inconvenientes con los vendedores ambulantes de acá. Y frente a eso pedimos que las autoridades cumplan la ley, si ya hay un Código de Policía, se debe aplicar, pero desafortunadamente no lo quieren hacer porque dicen que la gente necesita el trabajo. Nosotros entendemos eso, pero en los espacios destinados para el sistema no debería ser”, reclama.

A su llegada a la estación Paso del Comercio, norte de Cali, luego de haber arrancado desde Universidades, sur de la ciudad, la ruta T31 albergó a 20 vendedores.

La mayoría advertían antes de empezar: “sí, otro. Un vendedor, un cantante o un mendigo...”

*Nombre cambiado.

Usuarios opinan

A través de Facebook, El País le preguntó a los usuarios del MÍO: ¿Cree usted que se cumplen los controles a vendedores ambulantes en estaciones del MÍO?

La usuaria Malu Díaz dijo que “las estaciones están invadidas. Tanto a dentro como afuera se hacen a pedir limosna todos los días. En Petecuy ya hacen reunión, se sientan todos los que se bajan de los buses”.

De igual manera, el usuario Eddie Soto señaló: “El fin de semana desde Refugio hasta San Bosco se subieron 5, uno tras otro, en un momento mientras uno cantaba atrás otro pedía plata adelante. Durante un tramo estuvo un auxiliar de la Policía y no hizo nada. Sin mencionar que muchos de ellos se cuelan”.

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