contenido premium

Colombia cambia

Colombia cambia

Junio 12, 2018 - 11:40 p.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

No estamos condenados, como dice el epitafio de fatalidad que le puso García Márquez a nuestro futuro al final de Cien años de soledad, a no tener “una segunda oportunidad sobre la tierra”. La terminación del conflicto armado con las Farc ha creado una situación nueva, de la cual aún no somos conscientes, pero cuyos efectos observamos por doquier, “los que tenemos ojos para ver" como dice el Evangelio de San Mateo (13, 9-18). La existencia de este grupo armado era indispensable para los sectores políticos de la extrema derecha y para la conservación del statu quo. Y ahora, con su desaparición, no tienen forma de descifrar la nueva situación que se ha creado. Con las Farc activas el fenómeno Petro no existiría.

El primer síntoma de esa pérdida de orientación la podemos observar en las innumerables adhesiones al candidato del Centro Democrático. Es increíble que personas y grupos que en otro momento le dijeron cosas horrorosas a Uribe ahora se vinculen a su candidato, como si nada hubiera ocurrido. El caso más vergonzoso es el de César Gaviria, que llegó al día siguiente de la primera vuelta a entregar de rodillas al mejor postor (y principal enemigo del proceso de paz) la dignidad del Partido Liberal, protagonista fundamental de ese proceso. Pero no es el único. En las redes sociales circula un video en el que aparece Vargas Lleras recordando nexos de Uribe con Mancuso, Pastrana tildándolo de paramilitar y Viviane Morales denunciando la “reforma agraria paramilitar”. A esto se agregan buena parte de los partidos que apoyaron las negociaciones de La Habana, que arriaron sus banderas para adherirse al nuevo bloque, construido alrededor de la oposición a todo lo que ellos defendían, en un acto de claudicación total.

¿No configura esta situación una honda crisis de la clase política colombiana, incapaz de encontrar una alternativa a la polarización existente? La actitud verdaderamente razonable era haber apoyado una tercera vía pero su ceguera frente a las nuevas circunstancias es enorme.

Petro debe mucho de su éxito electoral a sus propios méritos, a su inteligencia y tenacidad, a pesar de sus errores garrafales en la Alcaldía de Bogotá. Pero lo que la gente del común no se da cuenta es que parte de su éxito proviene también de sus propios enemigos, que se dedicaron a inventarlo. El caso más palmario es el del procurador Ordóñez que, siguiendo la cartilla exitosa que convirtió a Rojas Pinilla en caudillo popular, creó un líder con su persecución. Pero también el de Uribe, que en su oposición feroz a Santos y al proceso de paz, construyó la idea de que este país se encuentra en un caos y en una desinstitucionalización total y necesita de un mesías redentor. Por eso mucha gente mira hoy a Petro como la solución del problema que Uribe creó. Es como cuando se le habla mal de su novio a una mujer que uno pretende; ella lo cree y le termina la relación, pero para irse con otro. Nadie sabe para quién trabaja.

Votaré por Petro sin ser petrista. El segundo en la contienda se convierte en senador de la República de manera automática según el Acto legislativo no. 2 de 2016. Y Petro siempre fue un excelente senador. Pero si llegara a ganar prefiero un “Petro débil con un Congreso adverso”, que un “Duque omnipotente con un Congreso servil”, arrasando con todo. Es importante que se configure una oposición desde el Congreso para salvaguardar la independencia de los poderes, amenazada hoy en día por una clase política miope y oportunista, que sólo piensa en el botín burocrático o en la defensa de intereses personales (como el caso Gaviria), y no sabe leer las nuevas circunstancias en bien del país.

Aclaración. La columna ‘Extremos y centro’ del 30 mayo, que invita a votar en blanco, apareció a mi nombre por un error involuntario, pero realmente fue escrita por mi colega y amigo de Univalle Álvaro Guzmán. Excusas.

VER COMENTARIOS




Powered by