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‘Fuego amigo’ contra Duque

‘Fuego amigo’ contra Duque

Agosto 09, 2018 - 11:40 p.m. Por: Ossiel Villada

“Esta consulta, cualquiera sea el origen, ayuda a reconstruir legitimidad en nuestra democracia (…) Por lo tanto, nosotros apoyamos esta consulta, creemos que no hay impedimento; invitaríamos a todo el Senado a una reflexión porque esta consulta, más allá de convenirle al uno o al otro, yo creo que es una solución necesaria para rescatar credibilidad democrática”.

Quien pronunció esas palabras el pasado 17 de abril, en una sesión plenaria del Senado de la República, no fue la hoy ex congresista del Partido Verde y principal promotora de la consulta anticorrupción del próximo 26 de agosto, Claudia López.

Quien las dijo fue el ex presidente, senador y máximo líder del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez. Si, el mismo que el pasado lunes, pocas horas después de haberse posesionado el presidente Iván Duque, apareció en un video de Noticias Uno descalificando en privado la misma consulta que tanto había alabado en público.

El mismo que el pasado miércoles, ante la contundencia de esa prueba, no tuvo más remedio que salir otra vez en el Senado, de forma vergonzante, a admitir que en realidad ni él ni su partido apoyan esa tan “necesaria solución para rescatar credibilidad democrática” que es la consulta anticorrupción.

En su nuevo criterio, es mucho mejor que el Congreso “tramite con agilidad las normas mucho más completas y legítimas” que presentó el presidente Iván Duque para hacerle frente al cáncer de la corrupción.

Cualquier ciudadano del común, de esos que no acostumbre seguir el devenir de la política nacional con la misma atención que se presta a los partidos de la Selección Colombia, creería que sí, que una vez más el ex presidente Uribe tiene la razón.

Después de todo, ¿qué sentido tiene gastarnos más de $300.000 millones en una consulta popular para aprobar unas ideas que el nuevo Presidente de la República ya llevó al Congreso para convertirlas en Ley?

Lo que ese ciudadano desprevenido no sabe, o tal vez no recuerda, es que el mismo Iván Duque, como congresista, ya había presentado o apoyado varios proyectos de ley con esas mismas ideas y otras similares enfocadas en combatir la corrupción.

¿Qué pasó con ellos? Todos se los hundió el Congreso. Ese mismo que ahora, según nos dice el ex presidente Uribe, puede “tramitar con agilidad” las normas que sustituyen la consulta anticorrupción del 26 de agosto.

Antes de asumir su cargo el pasado martes, el presidente Duque dijo en varias ocasiones que él sí respaldaba la consulta. Todos tenemos que ponernos la camiseta de la lucha contra la corrupción y salir y votar ese día”, expresó públicamente.

Entonces uno se pregunta, inevitablemente, ¿a qué juegan en el Centro Democrático? Porque no se entiende cómo es posible que el partido del joven Presidente que nos pidió votar la consulta ahora salga a desautorizarlo de esa manera, apenas dos días después de posesionado.
Más allá aún: ¿cómo es posible que el partido que ganó las elecciones con una mayoría aplastante, el que asegura que Juan Manuel Santos dejó a este país en modo “apague y vámonos”, el que dice que ahora sí llegó el cambio, el que tiene todas las posibilidades de probar que esto es diciendo y haciendo, caiga en semejante bestialidad?

Porque no hay otra forma de llamar el enorme error político en el que está cayendo el uribismo, y que le puede resultar sumamente costoso a Iván Duque. Si la consulta del 26 no logra los 12 millones de votos que requiere para ser aprobada, el esfuerzo de los colombianos para combatir la corrupción que está enquistada en gran medida en el Congreso, quedará supeditado a lo que haga ese mismo Congreso. Es decir, será como poner al ratón a cuidar el queso. El país dependerá de la voluntad del Legislativo para autorreformarse. Y ya la conocemos de sobra.

Si la consulta no logra triunfar el 26, hacia futuro pueden ocurrir tres cosas: que el Congreso apruebe todas las normas anticorrupción presentadas hace dos días por el Presidente, que apruebe algunas y hunda otras, o que definitivamente las sepulte todas.

Eso sin contar con que, al no existir el mandato de la consulta de por medio, los políticos podrán convertir los proyectos de ley en herramientas de negociación para conseguir puestos, contratos, presupuesto, es decir, la misma ‘mermelada’ que pretendemos acabar.

En cualquiera de esos tres casos, incluso en el primero, Duque saldrá perdiendo. Porque basta hacer una simple comparación de textos para darse cuenta de que los proyectos presentados por el nuevo Gobierno para combatir la corrupción no tienen los mismos colmillos de la consulta.

La reducción de salarios de los congresistas, tan justificada y necesaria, por ejemplo, no aparece.

Y entonces, para sus opositores y muchos ciudadanos del común que incluso votaron por él, será muy fácil concluir que Duque pudo evitar que los corruptos se sigan robando cada año $50 billones de los impuestos que todos pagamos, pero no quiso hacerlo. Todo gracias a la genialidad de sus amigos del Centro Democrático. Este, me temo, será el primero de muchos casos de ‘fuego amigo’ contra el Presidente que veremos durante los próximos cuatro años.

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