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Para crear cultura de encuentro

Para crear cultura de encuentro

Noviembre 07, 2018 - 11:55 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

La verdadera educación nos hace amar la vida y nos abre a la plenitud de la existencia; de ahí la importancia de ella, puesto que se nos convierte en un camino que hace crecer las tres lenguas que una persona madura debe saber hablar, decía el papa Francisco refiriéndose a una cultura de encuentro como forma para realizar una educación integral que humanice al hombre, las cuales son: la lengua de la mente, la lengua del corazón y la lengua de las manos. Es decir, pensar en aquello que uno siente y hace; sentir bien aquello que se piensa y hace; y hacer bien aquello que se piensa y siente. Las tres lenguas, armoniosas y juntas.

La crisis de la educación no es algo aislado, sino un aspecto del funcionamiento de una sociedad en que prácticamente todas las instituciones están en crisis, por esto la idea del papa Francisco, quien cuando era obispo en Buenos Aires creó las escuelas de vecinos o hermanas y hoy se han convertido, con su apoyo como Papa, en las ‘Escuelas ocurrentes’, son precisamente con ese objetivo de crear la cultura del encuentro, para volver a unir lo que hace tiempo se rompió: la técnica con la pasión, la razón con el sentimiento, la vida con la educación.

En ellas los jóvenes sin discriminación de religiones y escuelas trabajaban en común, escuchando -creando y celebrando-, porque se entendió que una educación sin sentido lo que producía era violencia, así se fomentaba entre los jóvenes el compromiso por el bien común, promoviendo como fundación la cultura del encuentro, la paz y la inclusión social, lográndolo por medio del arte, el deporte y la tecnología.

Hace ya varias décadas, tanto la Unesco, como los diversos Estados y muchos políticos, han visto la importancia de la educación como medio para humanizar, liberar, progresar; por esto el Papa le apunta al trabajo de las ‘Escuelas ocurrentes’, aquellas mismas que evolucionaron de las ‘Escuelas vecinas-hermanas’. En ello está el llamado que hace a la Iglesia y al mundo de salir a las periferias y de convertir la Iglesia en un hospital de campaña, y si quieren, recordemos la palabra que tanto dolor le causa en nuestras apreciaciones, la de los ‘descartables’.

Todo el mensaje del papa Francisco se podría globalizar en encontrar el camino en el cual el hombre se acerque al hombre y recomponga el sendero perdido, cuando rompió esa relación entre lo que piensa, siente y hace y se fue entonces alejando del amor a la vida y por falta de esos valores integrales que se aprenden desde la escuela primera, el hogar, se fue alejando de alcanzar la plenitud de su realización. Por esto crea esta figura, esta fundación de las ‘Escuelas ocurrentes’ que son un llamado a crear la cultura del encuentro -entre los hombres-, en donde los jóvenes son artífices principales, y por eso los invita a que ellos arrastren a la sociedad, que hagan lío para recomponer los lazos y el tejido social descompuesto.

El mundo de hoy necesita recuperar el sentido de lo verdadero, esa es la misión de la escuela, de la educación, todos en nuestra interacción social nos convertimos en maestros, en educadores, por el testimonio que damos, ya sea para el bien o ya sea para deformar; sabemos que educar en la verdad, que es el fin de la escuela, es también educar en el bien, en lo bello, no pueden ir separados, lo uno conlleva a lo otro. Por esto, no estar abierto siempre a aprender es cerrarse al cambio, a la transformación, es disponerse a morir, el objetivo de la escuela es desarrollar el sentido de lo verdadero en donde se realiza el real encuentro de lo humano.

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