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Un país fracturado

Un país fracturado

Junio 13, 2018 - 11:45 p.m. Por: Gerardo Quintero

Amistades fracturadas, familias divididas, negocios condicionados, empresarios amenazantes, periodistas y medios comprometidos hasta la médula… Todo esto ha dejado una campaña que, por fortuna, llegó a su fin. Si hay un proceso político que ha sacado lo peor de este país, ha sido este. La cloaca se desparramó por todos los sectores, aunque en especial por las redes sociales. Hoy pareciera que no hay cómo defender un candidato, sin insultar al otro o a sus partidarios. O cómo respaldar una idea sin ser tachado de guerrillero o paramilitar. Es un país triste, que no ha superado sus odios atávicos.

La verdad no me importa por quién va a votar usted y tampoco pretendo convencerlo de que vote este domingo por quien yo creo que es el más indicado. Me basta con saber que yo estoy convencido de ese voto y que lo haré sin agresiones, sin señalar a nadie, sin cuestionarlo por su decisión, solo de una manera respetuosa y honesta. Si mi candidato pierde, no pasará nada, no agrediré a nadie ni tampoco transpiraré mis odios en redes sociales. No será el fin del mundo, Colombia no se acabará y al siguiente día, como todos los anteriores, me tocará levantarme a trabajar a buscar el ‘centavo’ (como decía mi abuela) para mi familia.

La propensión inveterada de los colombianos a la violencia se ha expresado muy bien en el debate político. Aquí no hay diferencias de estratos. El insulto proviene desde los que se dicen más cultos hasta el pueblo raso. Lo triste es que el país quedará igual o peor que antes. Si Petro gana no disfrutará un minuto su triunfo, padecería su cuatrienio. Es probable que ni siquiera termine su gobierno porque las fuerzas contrarias harían inviable su administración.

Pero Duque tampoco la tendrá fácil. Su triunfo en las urnas y la aparición en la foto de fanáticos de lenguaje violento como Ordóñez, Morales, Guerra, Cabal, Londoño, Valencia solo atizarán el fuego. Uribe está ‘cargado de tigre’ y el Congreso será escenario de batallas que recordarán los años cuarenta cuando antes de entrar al hemiciclo los parlamentarios tenían que dejar sus revólveres antes de comenzar los debates.

Cualquiera de los dos candidatos que llegue a dirigir los destinos de este país, debería transformar el discurso. La polarización está llegando a unos extremos inmanejables. El despeñadero está a la vuelta de la esquina. Los odios, esos que se han construido por tantos años en este país, afloran como demonios afectando familias y amistades. Y los discursos, algunas veces de los candidatos y otras de sus barras bravas, han profundizado los señalamientos y las exclusiones.

El Presidente que llegue debería preocuparse por arropar a esos dos países, por respetar a los que piensan diferente y por buscar proyectos comunes que nos unan como Nación. Pero nada de esto se logrará si en cada uno no aflora un sentimiento de respeto, que comienza con las palabras que se dicen y con lo que se escribe. Más allá de quién gane, lo que se requiere es construir el país del futuro, el que vamos a dejar a nuestros hijos, pero en el que también quepan los hijos de los otros que no piensan como yo, porque al final de eso es que se trata…

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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