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Alfonso Cuarón: la historia del cineasta mexicano que cautiva el cine mundial

Alfonso Cuarón: la historia del cineasta mexicano que cautiva el cine mundial

Hubo un tiempo en el que Cuarón no era Cuarón. O al menos, en que esa palabra no evocaba nada. Un tiempo en el que quien portaba ese apellido no era el tipo que ahora sale en las portadas de las revistas, sino apenas un jovencito tímido y también arrogante que intentaba, intentaba, hacer cine.

Ahora Alfonso Cuarón es algo más, mucho más, es Cuarón. Se le llama así, por su apellido, y uno intuye las dimensiones del hombre de quien se habla.

Pero hubo un tiempo en que Cuarón no era Cuarón, y se golpeaba contra muros y se levantaba para volverse a golpear. Alfonso, tercero de cuatro hijos, nacido en ciudad de México en 1961, tenía ocho años cuando su padre abandonó a su madre y casi desapareció por completo de su vida, y profundizó el aislamiento de un niño solitario.

El niño Alfonso estudiaba en un colegio de sacerdotes en el que le habían enseñado que la separación de los padres era un pecado imperdonable, así que prefería decir, cuando se lo preguntaban, que el suyo no estaba en casa porque viajaba mucho. El trabajo lo obligaba.

Y el niño iba al cine. Mucho. Era para él la más maravillosa forma de disipar su soledad. Cuando cumplió diez años, su madre —química farmacéutica— le regaló una cámara Súper 8, pero debió esperar al mes siguiente para que le comprar las cintas de grabación.

Años después, se propuso recorrer todos los teatros de México viendo todas las películas posibles. Hubo días en que llegó ver tres funciones seguidas. Ya entonces sabía lo que quería ser: el tipo que hace películas, un director, un cineasta. Sí. Eso.

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Fue cuando empezó a estrellarse, de frente, contra los muros. Entró a estudiar cine al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM. Conoció a un jovencito tan delirante por el cine como él, de apellido Lubezki y de nombre Emmanuel —que luego se convertiría en el más importante director de fotografía mexicano— y también a quien sería la madre de su primer hijo. Cuando tenía 20 años Cuarón había dejado la universidad sin terminar sus estudios y su novia esperaba a Jonás, su primogénito. Decidió engancharse en un trabajo en el Museo Nacional de Arte de México —para poder sostener a su recién nacido— y empezó a pensar que tal vez no haría cine. Que había que trabajar para vivir. No había más salidas.

Un año después fue salvado de ese presente oscuro como burócrata de museo por el reconocido productor de televisión mexicana Fernando Cámara. Entonces empezó a hacer televisión, se hizo asistente de dirección, dirigió series, conoció a un desconocido que se llamaba Guillermo del Toro dirigiendo la serie mexicana ‘La hora marcada’ y luego, a finales de los 80, se decidió, junto a Lubezki y a su hermano Carlos, a rodar la que sería su ópera prima: ‘Solo con tu pareja’.
Una película extraña dentro de toda la obra de Cuarón. Una comedia de un mujeriego que sale con varias mujeres al tiempo, una de ellas enfermera, que en venganza por descubrir su infidelidad lo engaña con exámenes falsos de sangre y le notifica que tiene VIH. El tipo intenta suicidarse, y cuando lo va a hacer, conoce a otra suicida, de la que se enamora...

Se estrenó en el Festival de Cine de Toronto de 1991 y la productora estadounidense Miramax estaba interesada en comprar los derechos de difusión. Pero luego llovió la mala fortuna: Miramax se retiró del acuerdo y la Comisión Mexicana del Cine retrasó el estreno por un año.

Cuarón había invertido sus ahorros en la película. Y no importaba que meses después, cuando se estrenara, fuera un éxito en taquilla en México. No. En 1991 Cuarón estaba en quiebra y su relación con la madre de Jonás, su primer hijo, a punto de acabarse.

Podía buscar telenovelas para dirigir en México o intentarlo en California, en Hollywood. Prefirió lo segundo. Empezó a vivir entre México y Los Ángeles, dormía en moteles baratos, hacía lo que se pudiera hacer en Hollywood hasta que tuvo algo que podría llamarse ‘oportunidad de oro’: fue contactado para dirigir un episodio de la serie ‘Fallen Angels’, que por entonces era una de las más vistas en televisión en EE. UU., y en la que había trabajado otro jovencito delirante que luego se haría estrella ganando un Óscar a Mejor Director por su película ‘Traffic’ en el 2000: Steven Soderbergh.

Alejandro González Iñarritu, Guillermo Del Toro, Alfonso Cuarón

Fue una especie de bautizo en llamas, que le valió la admiración de los productores de la serie y un premio televisivo a Mejor Dirección. Estaba todo allanado para llegar a Hollywood, y llegó a dirigir a un señor de nombre Robert de Niro. Sí, la película se llama ‘Grandes esperanzas’, y la protagonizaba ese tipo que ya había ganado dos Óscar por ‘Toro Salvaje’ y ‘El Padrino II’, y que ya había protagonizado ‘Goodfellas’ y ‘Taxi Driver’ y ‘Casino’ de Scorsese. La hizo al estilo de Hollywood y decepcionó al estilo de Hollywood: la película, basada en una obra de Charles Dickens, estrenada en 1991, fue un fracaso en taquilla.

La productora con la que trabajó no lo contactó más. Cuarón entró en un periodo oscuro, en una soledad tan tremenda y asfixiante como la de su infancia abandonada por el padre. Y en esa soledad del hombre que se siente al borde de la destrucción, volvió al refugio de la infancia. Según relató a The New York Times en una nota publicada el pasado 13 de diciembre, se encerró en un apartamento en Nueva York durante dos semanas a ver sus películas favoritas de sus directores favoritos —Tarkovsky, Rosellini, De Sica, Fellini, Kurosawa— y entonces concibió la que sería su primera gran película, la que se encargaría de dar fin a ese tiempo en que Cuarón no era Cuarón.

Decidió grabar en México, sin la presión ni los artificios automatizados de Hollywood, sin grandes estrellas, a su manera, con una historia suya. Llegó el 2001 y ganó el premio a Mejor Guion en el Festival Internacional de Cine de Venecia y al año siguiente logró una nominación al Óscar por Mejor Guion Original y se llevó el premio a Mejor Película en Lengua Extranjera por parte del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York. La película: ‘Y tu mamá también’. La película, tal vez no sea necesario decirlo, ahora es un hito.

Ya había roto los muros. Ahora se precipitaría en la fama. En 2006 dirigió el thriller distópico ‘Niños del hombre’, que aunque no tuvo una gran taquilla, tuvo tres nominaciones en los Óscar, ganó dos Bafta y tres Saturn Awards, que premian lo mejor del cine de ciencia ficción. Antes de eso había dirigido ‘Harry Potter y el prisionero de Azkabán’, y luego llegó su consagración definitiva. En 2013 Cuarón le presentó al mundo la película que había escrito junto a su primer hijo, Jonás: ‘Gravity’. Aquella historia que tiene lugar en una cápusla espacial en la que una mujer astronauta (Sandra Bullock) es informada de la muerte de su hija y que inicia con un plano sin corte de 12 minutos, se llevó 7 premios Óscar e hizo de Cuarón el primer mexicano en ganar como Mejor Director y, para contento de la productora, recaudó USD$700 millones.

Fue cuando decir Cuarón era decir cosas como uno de los 5 latinoamericanos más influyentes de la actualidad, según dijo la Revista Time; o uno de los cineastas más brillantes de la generación de cineastas mexicanos en la que se encuentran Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro.

Pero no todo estaba dicho. Cuarón quería hablar de él mismo, de su vida cuando Cuarón no era Cuarón, de sus deudas de la infancia, de las heridas y los abismos del pasado. Entonces llegó ‘Roma’.

El exorcismo

Cuando Cuarón decidió hacer ‘Roma’, era un hombre con tres hijos y dos divorcios, dispuesto a volver sobre su infancia, sobre el amor ilimitado de su nana Liboria Rodríguez, sobre la valentía de una madre y una abuela que se enfrentan al abandono de su padre, sobre su sufrimiento y el de sus tres hermanos, aquella tarde ya lejana, en la playa, cuando la madre les dice que el padre no volverá.

Hacer ‘Roma’ era intentar un encuentro con él mismo, una indagación de los abismos y las cimas que terminaron por darle por forma.

‘Roma’, como las grandes películas, como las grandes obras de arte, es muchas cosas a la vez.

Es por un lado el homenaje de Cuarón a Liboria Rodríguez, pero también el doloroso proceso de comprensión de todas las durezas que aquella mujer había transitado para llegar a ser la empleada doméstica de su casa, y de todas las que sufrió siéndolo.

Cuarón tuvo larguísimas entrevistas con ‘Libo’ para confrontar sus recueros y los de ella, para comprender sus emociones frente a las suyas, y durante ese proceso, contó en una entrevista concedida al crítico de cine Jean-Christophe Berjon, comprendió que el mundo de Libo era “un mundo de necesidades afectivas, de deseos sexuales, de injusticias, el mundo de los indígenas desposeídos de México”.

Y comprendió también, con el desconcierto de quien descubre la crueldad que ha ejercido sobre los seres que ama, las durezas que experimentó Libo —sobre quien se basa el personaje de Cleo en ‘Roma’— siendo su nana.

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“Hablando con Libo para hacer esta película, me enteré de que ella en la noche hacía ejercicio, pero tenía que hacerlo con una vela encendida, porque en mi casa le prohibían que encendiera la luz, que gastara energía. Ella tenía que apagar todas las luces encendidas del primer piso mientras nosotros estábamos en el segundo, y no tenía derecho a encender la suya. (...) Existe una idea en la clase media mexicana, y creo que en todo el mundo, de que a las mujeres que trabajan como nanas se les hace un favor al darles trabajo, y se les trata con cierta crueldad. En mi caso, Libo cumplía esas labores de despertarnos para ir al colegio, de recogernos, de darnos la comida, esas cosas que deben hacer los padres, pero no hacen porque no están”, dijo.

‘Roma’ es un homenaje a su nana y un descubrimiento de él mismo, de su lugar en el mundo.

Pero también es una indagación sobre México, sobre el México que Cuarón vivió y el México de hoy, visitado por Cuarón casi 20 años después de haber realizado ‘Y tu mamá también’.

‘Roma’ tiene lugar a principios de los años 70, cuando el Partido Revolucionario Industrial, PRI, aún estaba en el poder, aunque ya en una etapa de decadencia. El presidente era Luis Echeverría Álvarez y México seguía teniendo un crecimiento sin precedentes de su economía, al precio de sacrificar su producción agraria propia.

Ciudades como el D.F., en donde vivía Cuarón, se convirtieron en centros de migración a los que llegaban los campesinos que poco a poco formaron grandes asentamientos irregulares.

Allí, el presidente Echeverría Álvarez buscaba jóvenes desempleados y analfabetas para conformar las bandas paramilitares que se enfrentaban a los estudiantes y obreros manifestantes, en la ebullición social de esos años. Una de las masacres cometidas por esos grupos fue ‘La matanza del jueves de corpus’ o ‘Halconazo’, que Cuarón retrata en ‘Roma’, y en la que habrían muerto 120 estudiantes.

‘Roma’ es eso.

El ejercicio de un artista consumado que se despeña con maestría y serenidad en los precipicios que conformaron su vida y en las oscuridades que han formado a todo un país.

Cuarón político

Cuarón es lo que se llama un artista comprometido con su tiempo y capaz de burlarse de sí mismo cuando la ocasión lo exige.

En 2014, luego de que fuera elegido por la revista Time como uno de los 100 personajes más influyentes del mundo, y el quinto más influyente en América Latina, y luego de que apareciera en portadas en México, en Estados Unidos, en Colombia, en páginas de periódicos de todo el mundo, entrevistado por J.J. Abrams para Time sobre su reconocimiento, dijo: “¿Qué? Bueno, un día me desperté y resulta que era así de guapo”.

Un mes después, se volvió una de las voces con mayor resonancia en contra de las políticas del gobierno de Enrique Peña Nieto, que pretendían entregar parte de la riqueza petrolera de México a compañías extranjeras.

“Debemos tener un debate abierto y plural acerca de las reformas, un debate que los ciudadanos merezcan. La cualidad de una democracia va más allá de un proceso electoral. Y va más allá de las discusiones y los votos en el congreso. La cualidad de una democracia depende en gran parte de sus debates públicos”, escribió en un pronunciamiento que recogieron decenas de medios en Estados Unidos y México y que lo convirtió de inmediato en la voz más potente que se oponía a la reforma de Peña Nieto.

Tanto, que incluso fue invitado a exponer su punto de vista en el Congreso.

Su película ‘Y tu mamá también’, que es leída como el viaje de iniciación sexual de dos adolescentes privilegiados e insensibles ante un México oprimido por la violencia de sus gobernantes y sus militares, también puede ser interpretada como el viaje de un país que va de “la adolescencia política a la madurez y al fondo la historia de un par de muchachos y su romance”, dijo Cuarón en 2017 en el Festival de Cine de Morelia, al que fue invitado.

Cuarón estuvo presentando la película mexicana ‘La fórmula secreta’, del cineasta Rubén Gámez, que estuvo desaparecida debido a problemas de derechos de autor y fue restaurada por la Cineteca Nacional de México.
En la presentación del filme, dijo: “‘La fórmula secreta’ habla de ese mexicano que evitamos en el cine y es el de la miseria. Ese contexto social que narra Gámez en el 65 no ha cambiado nada en nuestro país, sigue siendo el mismo”.

Un año después, cuando en ese mismo Festival presentó ‘Roma’, el mexicano no se ahorró en sus declaraciones políticas, y se refirió a la ola de racismo desatada en México contra la caravana de centroamericanos que busca llegar a Estados Unidos.

“Así como ha habido respuestas enormes de solidaridad (para con la caravana), ha habido también comentarios que son idénticos a los comentarios de Trump con los mexicanos. Esa actitud de que porque están cruzando ilegalmente entonces está mal...”.

Y finalizó: “Tenemos la tendencia de no aceptar algo tan obvio que incluso lo tenemos en la calle todos los días, que es el inmenso racismo que existe en este país. Ese racismo que es claro y evidente cuando se ve cómo está la distribución económica en México”.

Cuarón, como enseñó Chejov, habla de su pueblo para referirse al mundo entero.

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