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El Triángulo de Viera: entre Dios, Buga y las matemáticas

El Triángulo de Viera: entre Dios, Buga y las matemáticas

Apenas me siento en el pupitre, pregunta el profesor: “usted que vio álgebra en bachillerato, seguro recuerda que hay algo llamado el binomio de Newton”. De inmediato mi mente queda en blanco. Luego, poco a poco, empiezo a sentir esa extrañeza del ignorante. La sensación permanente de no saber de qué me hablan, ese es justamente mi recuerdo de las clases de matemáticas en bachillerato. Por eso soy periodista, porque aprendí a usar las palabras para preguntar sobre lo que no sé. Pero lo que me trae aquí es algo diferente, aprovecho que ya no soy estudiante y le devuelvo la pregunta al profesor: “yo lo que quiero saber es qué es el Triángulo de Viera, que usted inventó”.

El Colegio Santa Mariana de Jesús es un edificio de estilo republicano que abarca toda una manzana en el centro de Buga. Para llegar al segundo piso se sube por unas anchas escaleras de cedro desde las cuales se puede observar el interior donde parques y pasillos conectan las diferentes aulas. Arriba, en el último salón, al lado izquierdo, está el Laboratorio de Física, ostentoso nombre para una habitación con cuatro mesas puestas en frente de un viejo tablero en el que aún se escribe con tiza. Justo allí, a lo largo de toda esa superficie verde, está expuesto el método del Triángulo de Viera, llamado así en honor a su autor, el profesor Helberth Viera Rivera.

Veo esos símbolos matemáticos y recuerdo mis años de bachiller estudiando álgebra, cálculo y trigonometría, cuando tenía que recorrer ese “camino de espinas” que se conoce como despeje de variables con el único fin de hallar un pequeño resultado. Días de recuperación y talleres de refuerzo, supongo que este es un sufrimiento que comparten estudiantes de todos los tiempos. Por ello es que el Triángulo de Viera, a su modo, resulta ser una bendición, ya que, según explica el profesor, usando este método se puede llegar al mismo resultado sin realizar el dispendioso proceso de despeje.

“Llevo más de 40 años enseñando matemáticas, por eso sé que los alumnos siempre fallan a la hora de despejar variables con fórmulas matemáticas, cuando uno les dice una fórmula la pueden aplicar, porque ya está lista, pero usted los mata pidiéndoles una variable sin la fórmula. Entonces, hace 18 años me puse a pensar una forma para que los alumnos no tuvieran esa complicación y creé el triángulo”, explica el profesor con esa voz asmática y baja que deja oír su respiración entre cada frase, seguro no es de los que gritan en clase.

Después de probar muchas veces, cuando estuvo seguro de la funcionalidad del triángulo, por fin se decidió a compartir su descubrimiento con los académicos, entonces escribió en un par de hojas las diferentes aplicaciones del método, de forma elemental así como en el tablero de tiza, y envió todo a la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, su alma máter donde se había graduado como matemático en 1976.

Colegio Santa Mariana de Jesús - Buga

Helberth Viera lleva tres años trabajando en el Colegio Santa Mariana de Jesús, fundado hace 112 años en Buga.

Foto: Ricardo Ortegón / El País

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​Helberth Viera Rivera nació el 10 de septiembre de 1949 en la ciudad de Guadalajara de Buga, fue el menor de siete hermanos, tres mujeres y cuatro hombres, en una familia afrodescendiente. Al igual que su admirado Isaac Newton, el profesor Viera es un hombre que cree ciegamente en Dios y los números: “usted no puede decir como respuesta que 3 + 3, me parece que son 5 o 6. Ni puede tener fe a medias. Yo quiero las matemáticas porque como Dios, son lo único exacto y confiable”. Y como buen bugueño es devoto del Señor de los Milagros, “vivo a dos cuadras de la basílica, siempre la visito en época de Semana Santa”.

Después de graduarse como bachiller en 1969 su hermana Nelsy, quien se había trasladado a Bogotá con su esposo e hijos, invitó a Helberth para que viviera con ellos en el barrio Palermo y estudiara en la Universidad Nacional.

“Como yo no tenía con qué pagarme la universidad ni dónde quedarme, a pesar de que estaba recién casada, mi hermana me llamó para decirme que me fuera para allá, que me tenía una pieza guardada y que me iba a ayudar para estudiar. Viví con ella unos siete años hasta que sufrió un infarto y murió”.

Al morir Nelsy, su hermano tuvo que mantenerse un tiempo más con la ayuda de su tío abogado, Modesto Rivera. “Fueron años en los que yo me dedicaba solo a estudiar en esas tardes frías y evitaba salir a buscar problemas”. De esta forma, culminó sus estudios y se graduó, como él dice: “entramos 208 alumnos y apenas nos graduamos 3 en matemática pura”.

Después trabajó un tiempo como profesor en los colegios privados de la capital, pero al poco tiempo regresó definitivamente a su natal Buga, “por la cuestión del clima”, afirma.

De vuelta a su ciudad comenzó a trabajar como profesor de matemáticas en muchos colegios, alternando como tutor particular y asesor para trabajos universitarios, así hasta hoy se ha mantenido por más de 40 años enseñando.

“Si es un taller de trigonometría les cobro entre 18.000 y $20.000, pero cuando son trabajos grandes que me traen de la universidad, entonces eso vale $100.000 o $150.000, y con la explicación cobro más. Mi celular suena todo el tiempo por estudiantes que necesitan ayuda, de esta forma puedo trabajar todos los días, incluso domingos y festivos. Y en diciembre les dicto clases a alumnos que tienen talleres que presentar en enero”, comenta Viera.

“Es un personaje típico de la ciudad, ¿a quién no le ha ayudado Helberth Viera a hacer un taller de matemáticas? El que no conozca a Viera en Buga es porque nunca ha estudiado matemáticas”, señala Héctor Jairo Parra Romero, coordinador general del Colegio Santa Mariana de Jesús.

“Dios nos ha dado unos recursos interiores para recrear la vida y Viera ha sido obediente a ese llamado del espíritu. Su amor por las matemáticas fructificó con un aporta a la humanidad”.
Madre María Luci Villa Carvajal,
rectora del Coelgio Santa Mariana de Jesús.

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Recientemente, el profesor Viera se ha vuelto una celebridad cuyo logro está siendo reconocido a nivel local, regional y nacional, todo ello debido a que la noticia de su triángulo se ha filtrado por mensajes de WhatsApp entre una comunidad de bugueños orgullosos. En principio, esto motivó a que el Concejo Municipal le organizara un homenaje el pasado 22 de noviembre, igualmente la Universidad del Valle sede Buga lo reconoció en acto especial. En el colegio donde labora le entregarán una medalla al mérito e incluso, de una universidad santandereana ya lo invitaron a dictar unas clases explicando su método.

Enterados de la noticia, algunos ex alumnos de diferentes colegios en los que trabajó han llamado al profesor Viera, “recuerdan que yo les enseñé ese triángulo, y me preguntan por qué nunca les dije que era mío. No podía decirles porque aún no había recibido la aprobación de los académicos”. Pero esto ha cambiado, según contó él mismo a diferentes medios, “apenas hace dos meses mandaron el informe de que sí validaron mi invento. La Universidad Nacional se encargó de hacer el estudio y de mandarlo a Francia, allá también lo estudiaron y me enviaron una carta en francés donde me notificaban que lo aceptaban. Me van a enviar algo parecido a una patente que viene en francés, y con ella puedo hacer la pedagogía en Colombia y poder pedirles a las editoriales que incluyan mi triángulo en sus libros de matemáticas”.
Afirma que para enseñar su triángulo y para que otros profesores de matemáticas lo usen, tiene “un borrador que explica cómo funciona, allí describo cómo se definen las variables, cómo se debe rotar el triángulo, y por qué escogí esa figura geométrica. Todo va a salir en un módulo que puede ser incluido en los libros de matemáticas”.

En cuanto a su función en el mundo de las matemáticas, es humilde al reconocer que “es recurso pedagógico y didáctico, debido a que el objetivo propiamente es que el alumno despeje variables sin necesidad de métodos algebraicos. Los colegios deben seguir enseñando cómo despejar variables, pero con el triángulo el alumno evita esos procesos, esta es una salida lógica o truco matemático mucho más rápido, resulta de mucha ayuda cuando no hay tiempo para resolver pruebas como en los exámenes de Estado”.

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También, en la redes sociales fue publicada la noticia sobre el Triángulo de Viera, así fue como se enteró el profesor de la Universidad del Valle, Juan Miguel Velásquez, Ph.D. en Matemáticas y quien desarrolla, desde el campus Meléndez en Cali, investigaciones sobre problemas relacionados con teoría de códigos y conjuntos de sumas únicas, para aplicaciones en la informática y la criptografía.

De acuerdo a la información publicada en la web, Velásquez considera que el método desarrollado por Viera, “no es una fórmula o un teorema nuevo en matemáticas, es solo, como él mismo afirma, una estrategia didáctica para que los estudiantes despejen de manera automática una variable en una familia de ecuaciones muy particular, aquellas en las que una de las variable es el producto de las otras. Este tipo de ayudas didácticas son conocidas desde hace décadas, para citar un ejemplo, la Ley de Ohm, suele enseñarse con la misma estrategia. Su valor es meramente didáctico. Sin duda el profesor Viera ha contribuido a la formación en física y matemática de muchos jóvenes, que se han visto beneficiados por sus métodos de enseñanza y su pasión por la matemática”.

Pese a ello, mientras llega el estudio y aprobación de la academia francesa, el profesor Viera espera en otro de sus laboratorios de matemáticas, el cual puede ser una mesa en alguna de las tiendas y cafeterías de Buga, donde suele sentarse acompañado de una ‘pola’ a resolver problemas de cálculo, llenar crucigramas o leer novelas policiacas de Agatha Christie, casi siempre solo porque si llega alguien se desconcentra.

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Cuando vi llegar al profesor Viera en su bicicleta al Colegio Santa Mariana de Jesús, junto a mí estaba el coordinador Parra Romero, quien comentó: “el hombre recorre toda Buga en esa bicicleta, dando clases personalizadas donde lo llaman”. Al momento recordé la icónica fotografía de Einstein en bicicleta y quien dijo que la Teoría de la relatividad se le había ocurrido mientras pedaleaba. Pero, lejos de los campos de Princeton donde salía a montar el físico alemán, y lejos de las teorías que cambian la concepción del tiempo y el espacio, por las calles de Buga va el profesor Viera en su bicicleta, con el cuaderno de apuntes guardado entre la camiseta y el lapicero ajustado en el cuello de la camisa.​

Saliendo del colegio, antes de despedirnos, mientras el profesor toma su vehículo apurado porque tiene un compromiso con un alumno en la biblioteca municipal, le pregunto por qué decidió que su método estuviera dispuesto en un triángulo, contesta de forma contundente: “porque el triángulo tiene su misterio”.

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