elecciones presidenciales

De noticias falsas a publicidad agresiva, la guerra sucia que ha manchado la campaña presidencial

Noticias falsas, publicidad agresiva, injurias, manipulaciones, saboteos, trinos ácidos, entre otros, hacen parte del repertorio de estrategias de las que se han valido la mayoría de candidatos presidenciales en la carrera por llegar al primer puesto del país en las elecciones del próximo 27 de mayo.

Tal parece que a medida que la campaña se acerca a su recta final, las campañas de los aspirantes a dirigir el país han ido mostrando un mayor nivel de hostilidad, y de eso parece no salvarse ninguna.

Entre las estrategias más visibles durante la contienda, se recuerda, por ejemplo, la campaña contra Gustavo Petro, basada en el miedo al ‘Castrochavismo’; pero también las noticias falsas que ha publicado en su Twitter el candidato de Colombia Humana contra Iván Duque, como la de un video en el que Poncho Zuleta, en una celebración con el aspirante del Centro Democrático, hace un comentario en alusión a los paramilitares.

También ha sido polémico el comercial de Germán Vargas Lleras en el que se muestra a dos personajes, uno de los cuales hace gala de su gran experiencia y el otro solo puede decir que ha sido Senador, una alusión que, evidentemente, es una pulla a Duque. Humberto De la Calle y Sergio Fajardo también se le han medido al juego de ataques.

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De la Calle se unió a la arremetida en un video en el que le pide a Duque, a Marta Lucía Ramírez y a Álvaro Uribe, que fijen su posición frente a las intervenciones de alias ‘Popeye’, en la actual campaña electoral.

Mientras tanto, Fajardo se ha vuelto más incisivo en sus publicaciones en contra de Petro, acusándolo de populista. Sobre las últimas polémicas en torno a las mujeres que repartían en biquini publicidad de Vargas Lleras, por el momento se mantiene la duda de si se trata de montajes o ‘descaches’ de los candidatos.

A dos semanas de las elecciones, falta todavía que las campañas saquen su “artillería pesada”, considera la docente de marketing político de la Universidad Externado de Colombia, Katherine González.

“Hay que esperar más ‘guerra sucia’, seguramente en estas últimas semanas antes de las elecciones, sacarán la artillería más pesada. Ya han aflorado algunos temas de campaña negativa, pero falta, además porque se suele guardar la mayoría del dinero para los últimos días”, dice la experta.

González señala que lo que hace este tipo de campaña sucia es manipular la intención de voto de los electores y “hacer que la gente, si tenía dudas y si creía que tal vez podría votar por tal candidato, pues deje de ir a votar”. Es decir, la ‘guerra sucia’ no busca tanto ganar votos, sino persuadir para que no voten por el principal contendor.

En este sentido las mentiras suelen ser muy productivas, según lo dice el docente de la Universidad Icesi, Juan Carlos Gómez, pues una vez se han dicho, es difícil borrarlas.

“Cuando se corrige o se trata de corregir, el daño en la opinión pública ya está hecho. La imagen negativa no se puede recuperar después de una mentira, o por lo menos no del todo, así haya una enmienda al respecto”.

Por supuesto, las campañas negativas no son nuevas. Basta recordar uno de los casos más recientes con el Plebiscito de la Paz, cuando el propio Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del No del Centro Democrático, reveló la estrategia que habían usado para ganar, “estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”, dijo en su momento. También cabe mencionar las elecciones presidenciales de 2010, cuando la campaña en contra del candidato Antanas Mockus se basó en hacer énfasis en la enfermedad de Parkinson que sufría, mostrándolo como un contrincante débil. Además le enrostraron que era ateo.

Para el profesor de Ciencias políticas de la Universidad de la Sabana, Andrés Agudelo, la guerra sucia es algo casi que “natural” de la dinámica política.

“Sin decir que sea bueno o malo, es natural que pase, y más cuando los políticos están en campaña, y más cuando se tienen unos amplificadores como son las redes sociales”.

De acuerdo con el analista, la guerra sucia se vuelve el tema del momento, “la agenda política del debate”.

“La campaña debería ser el escenario para discutir temas de importancia, pero que la ‘guerra sucia’ desplace de la agenda política electoral los temas que son realmente serios y sensibles para el país, es una clara debilidad en la cultura política de la democracia colombiana”.

Estas elecciones, desde el punto de vista de la politóloga Rosalía Correa, están lejos de ser lo que habríamos esperado que fueran.

“Un proceso electoral que habría podido ser mucho más bonito, pensando en que es el primero después de que las Farc dejaron las armas, no ha podido ser así. No ha sido un proceso tranquilo, disertador, participativo, sino un proceso de confrontación, beligerante y, en cierta medida, soso”.

Según la politóloga, las personas no votarán pensando en la calidad del candidato y la de sus propuestas, sino en el miedo “qué miedo Petro o qué miedo Duque”, en ese sentido los electores no elegirán libremente.
“Una democracia garantiza elecciones libres, pero las elecciones aquí no son libres, en lo más mínimo”, sentencia Correa.

Aunque Andrés Agudelo cree que la responsabilidad de que se acentúe este tipo de campaña negativa es de los ciudadanos, más que de los políticos y sus campañas.

“Si una sociedad civil democrática tiene las herramientas suficientes para saber diferenciar entre lo que puede llegar a ser una noticia falsa, un montaje, una guerra sucia, pues no va a haber ningún problema. Lo que sí podría ser grave es que este tipo de situaciones sean el termómetro político de una sociedad; que la indignación que ocurre en cualquier campaña política sea el centro del debate, eso sí es peligroso porque es una muestra evidente de la carente cultura política de una sociedad democrática”.

Pacto por la no violencia

El pasado 25 de abril los candidatos firmaron el Pacto Nacional por la No Violencia, en el que se comprometieron a desarrollar una campaña sin agresiones. El acuerdo, promovido por el Consejo Nacional de Paz y Reconciliación, tenía como propósito que en el debate electoral se prioricen las ideas, en lugar de los ataques.

Asimismo, en una carta abierta, dirigida a los candidatos, el ministro del interior, Guillermo Rivera, les había pedido hacer una campaña sin violencia.

“Digan lo necesario, expongan sus propuestas y manifiesten su desacuerdo en todo lo que les parezca. Pero pónganse de acuerdo en algo: la violencia contra uno de ustedes constituye un ataque contra todos y contra nuestra democracia”, se leía en la misiva.

Sin embargo, pareciera que algunas campañas políticas no se lo han tomado muy en serio.

Juan Carlos Gómez cree que “es necesario recuperar la verdad en toda su plenitud para que podamos mirar a los ojos de los electores y actuar de manera transparente, y la sociedad necesita unos políticos que sepan que pueden mirar a los ojos de los electores con toda tranquilidad para buscar el apoyo de ellos”.

Cuídese de la manipulación

1. Cuestione
Revise el origen de los mensajes que le llegan, en especial de cadenas y trate de entender no solo quién los manda sino, sobre todo, por qué y para qué puede haberlo hecho.

2. Verifique
Corrobore los hechos y datos. Consulte otras versiones o fuentes en sitios de referencia como medios periodísticos profesionales, y trate de contrastar la información de mensajes o cadenas.

3. Reflexione
Tómese el tiempo para pensar antes de responder o reenviar un mensaje y determine si agrega valor o profundidad al diálogo colectivo.

4. Acepte la pluralidad
Reconozca que mientras más personas participen y más distintas sean sus procedencias y perspectivas, más cualificada será la conversación pública.

5. Asuma sus responsabilidades
Entienda que la diseminación del miedo y el odio no fomentan una buena comunicación y que calumniar o injuriar son actos reprochables y hasta delitos sancionables.

6. Cuídese
Sospeche de los mensajes que de manera evidente buscan despertar su indignación o rabia.

* Datos aportados por la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, FNPI.

En algunas ocasiones a los candidatos les conviene también ser el centro de los ataques, pues se crea un efecto de empatía que hace que la gente se incline por la víctima.

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