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'Son de Calle', la orquesta  que le  canta a la vida en Cali

'Son de Calle', la orquesta que le canta a la vida en Cali

La conga, el güiro, las maracas y el timbal se convirtieron en la nueva adicción de trece hombres, que tomaron la decisión de reemplazar las drogas por los instrumentos y trabajar con sus voces para cautivar a quienes los escuchan.

Son de la Calle, es una orquesta compuesta por 13 exhabitantes de calle que decidieron cambiar su estilo de vida. Y gracias al apoyo de la Fundación de la Arquidiócesis de Cali, Samaritanos de la Calle, que más allá de brindarles refugio y comida como un hogar de paso, potencializaron también las habilidades de estas personas por medio de distintos talleres artísticos, culturales e incluso, académicos.

Para afinar sus voces y ensayar sus repertorios, tienen una cita todos los miércoles, jueves y viernes a las cuatro de la tarde en un salón blanco, acondicionado con paneles de huevos que cumplen la función de aisladores acústicos, este salón también cuenta con un espejo en la pared que permite visualizar las diferentes coreografías con las que acompañan sus canciones. Este espacio está ubicado en las instalaciones de la Fundación Samaritanos de la Calle.

Entre risas dan inicio a sus ensayos bajo la orientación del licenciado en música William Argoti, quien se encuentra dirigiendo la orquesta hace dos años y que con su benevolente mirada, habla sobre sus estudiantes:
“Ellos ven y aprenden a apreciar la parte sensitiva, la parte humana y le cogen mucho respeto a uno. Me gusta ver cómo ellos cambian y se alejan de sus problemas escogiendo la música como terapia”, dice.

Después de una ducha bien fría y un plato de comida, la energía aumentó los suficiente para continuar con sus ensayos en medio de risas y mucha alegría.

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La salsa, el ritmo que especialmente interpreta la orquesta Son de Calle es la encargada de que los corazones de estos habitantes, que antes quizá estaban invadidos por sentimientos como rencor, tristeza, odio, remordimiento o frustración, los cambien por esperanza, anhelos de cumplir sus sueños y seguir tocando la mejor música.

Son 13 historias que convergen en un mundo de dichas pasajeras, de viajes inconclusos, de tragedias humanas. Ahora, van en busca de otro final. Gustavo y Mario son dos historias de superación.

Son de Calle

La música es la mejor terapia para estos ex habitantes de calle que buscan un cambio para sus vidas. Según ellos, esta fue la mejor decisión que tomaron.

Especial para El País

La Fundación Samaritanos de la Calle cuenta actualmente con 630 voluntarios que hacen posible las diferentes actividades que allí se realizan, entre ellas la de ensayar a la orquesta.

La transformación a través de la música

Mario Montaño, es un moreno de 27 años que cautiva con su voz y su mirada mientras canta. Sus cuerdas vocales y su creatividad se fusionan al componer las letras de sus canciones, producciones musicales que algún día, como dice él, lo llevarán a ganarse el Premio Grammy Latino.

Letras llenas de alegría, de conquista, coquetería y el amor del bueno, son los protagonistas de sus canciones, y las que lo hacen el responsable de componer las canciones que la orquesta Son de Calle interpreta.
Es tan grande el cambio que ha tenido en su vida, que ahora sueña con sacar sus propios discos.

“No puedo sacar todas las canciones ahora, pero voy a grabar una por una”, dice. En sus ojos se vislumbra la ilusión, aquella que poco a poco, se transformará en una prueba de que cuando hay fuerza de voluntad, todo se puede lograr.

La música siempre ha estado presente en su vida, su talento es generacional, pues en su familia también hay artistas. Desde muy joven Mario hizo parte de la orquesta profesional ‘Mala Gana’, donde tuvo el primer contacto con el mundo de la drogadicción, que conoció a profundidad cuando prestó servicio en las Fuerzas Militares.

Sin embargo, el canto y las melodías de los instrumentos han sido su mejor terapia, la medicina para su alma y el motivo para salir de las calles y convertirse en un hombre responsable.

El motor de su vida tiene nombre propio, Andrés, su pequeño hijo.
“Él es mi motivación para salir adelante y la razón por la cual me levanto en las mañanas a trabajar; reciclando en una chatarrería, impulsando productos en un almacén y cantando en los buses del sistema de transporte masivo de Cali”, asegura.

Son de Calle

Clases de canto, técnica vocal y talleres sobre el arte y la cultura reciben los miembros de la orquesta Son de Calle, cuya especialidad es interpretar la salsa.

Especial para El País

Todas estas actividades le ayudan a tener ingresos para ir hasta el puerto más grande del país, Buenaventura, a visitar a su hijo y entregarle el sustento que necesita.

Por otra parte, Gustavo también es uno de los habitantes de calle que encontró en la música la salida a 20 años de experiencias en las calles de Cali.

Gustavo tiene una especialidad, estudió filosofía, y otras disciplinas de las humanidades.

“He estudiado durante 27 años, filosofía, filología, física cuántica, epistemología, antropología. ¿Pero sabe qué? Nada de eso me sirve si fallo en la práctica. Salir de las drogas no es tan fácil, no es cuestión de inteligencia”, narra.

Tan pronto habla de uno de sus campos del conocimiento, su pasión se le brota por los poros y le devuelve el brillo de sus ojos; también lo ocasiona cada vez que pone las baquetas entre sus dedos para dar entrada de los golpes fuertes de la batería, el instrumento que toca.

Historias como estas son las que hacen parte de la orquesta de calle que hace bailar al ritmo de su son.

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