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Timbiflow, la agrupación que le canta al amor para superar la guerra

En medio de árboles tupidos de pomarrosa, zapote y mamey, un niño de 10 años recoge retazos de madera en una carpintería, tablas que ya no alcanzan para construir una mesa o un asiento. Luego, saca un tubo de hilo que lleva en el bolsillo, corta varios pedazos y los amarra a las tablas.

Ahora, ese retazo de madera, sin valor para el resto del mundo, se convierte en la primera guitarra de José Luis Flórez, un orgulloso afrodescendiente del corregimiento de Puerto Saija en Timbiquí (Cauca) que sueña con ser músico.

Mientras tanto, sin conocerse, en el corregimiento de El Briso en Timbiquí, Disnei Núñez, de 8 años, también emprende una búsqueda de pequeños pedazos de madera para construir sus dos instrumentos favoritos: una guitarra y una marimba.

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Para la fabricación de la marimba extrae leche pegajosa de la corteza de árboles de caucho, el pegante con el que une las piezas y barniza la madera para que adquiera mayor resistencia. “No era el sonido original de los instrumentos, pero sentía una felicidad inmensa cuando los tocaba”, recuerda.

Esas eran sus hazañas cuando eran niños. Ahora, José Luis y Disnei tienen 21 y 24 años, respectivamente. Con el paso del tiempo reemplazaron sus instrumentos rudimentarios por las consolas de producción de música digital con el anhelo de fusionar ritmos autóctonos y crear un “flow” único.

Así le dieron un giro a su realidad   

Estos dos timbiqueños se conocieron en las angostas calles de la cabecera municipal, luego de que la violencia que ejercían grupos armados tocara la puerta de sus casas y obligara a sus familias a desplazarse. “Al poco tiempo de habernos conocido, nos hicimos buenos amigos y, cuando salíamos del colegio, nos reuníamos en las tardes para cantar y componer. Teníamos el sueño de emprender un proyecto musical lo suficientemente serio como para poder vivir de eso”, asegura José Luis.

Luego conocieron a Eduis Valecilla, un joven aficionado a la producción musical, que pasaba las tardes en salas de internet ‘cacharreando’ programas para producir música digital. Eduis, oriundo de Timbiquí, se ofreció a realizar las pistas de las canciones y así estar listos para lanzarse a la que sería su primera aparición en la escena musical.

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Así nació ‘Timbiflow’, una agrupación musical integrada por 'Genio musical' (Disnei Núñez), 'J Florez' (José Luis Flores) y 'Yelo' (Eduis Fernando Valecilla), tres víctimas de la violencia que desde hace dos años llegaron al Distrito de Aguablanca, en Cali, en busca de oportunidades para consolidar su proyecto y poner a gozar a los caleños con su música.

Hace dos meses, lanzaron sus dos primeros sencillos. Disnei afirma que en “'Mi primer amor’ le cantan a esa persona que deja huella en el corazón al ilusionarnos por primera vez". Además, recuerda que mientras componían el tema pensó mucho en su madre, la mujer que le despierta el amor más puro y grande. ‘Se acabó el amor’, su segundo sencillo, es un tema que habla del sinsabor de una ruptura amorosa, cuando se ha dado todo de sí mismo y, a pesar de todo, se enfría la relación. Tras el lanzamiento de estos sencillos románticos están pegados en algunas de las emisoras urbanas de la ciudad.

Sobrevivir al miedo

Detrás del escenario musical se esconde un pasado marcado por las turbulentas condiciones de seguridad que padece el municipio de Timbiquí, pues los tres se han topado de frente con la peor cara del conflicto armado.

Antes de vivir en El Briso, Disnei Núñez vivía con su familia en el corregimiento de Realito. Allí se dedicaban a cosechar banano, papa china, plátano y yuca, a pesar de que eran presa de la zozobra ocasionada por las amenazas de las Farc.

“El Frente 29 y 60 de la guerrilla nos quería obligar a abandonar el territorio. Nosotros estuvimos aguantando porque no queríamos dejar nuestras cosas, pero llegó un momento en el que nos dijeron ‘se van o se mueren’. Fue entonces, en el 2012, cuando nos quemaron toda la casa y lo perdimos todo”. 

Ahora su familia vive en un sector un poco más seguro, pero aún el conflicto continúa latente.

Los Frentes 29, 30 y 60 de las Farc se habían instalado en el Cauca, departamento que conecta el Pacífico con el centro de Colombia, para traficar armas y cocaína con destino a países del Cono Sur. En esa selva enmarañada, los guerrilleros hallaron el escenario perfecto para controlar extensos cultivos de coca y convertirse en ley ante la clara ausencia del Estado.

Se podría decir que la vida de los timbiqueños cambió para siempre por culpa de las extorsiones de las Farc y la llegada violenta del Bloque Calima de las AUC. En el 2004, con la desmovilización de este grupo paramilitar, hubo un poco de esperanza entre los pobladores de la región; sin embargo, la ilusión de paz se desvaneció cuando la banda criminal ‘Los Rastrojos’ pasó a ocupar la zona para disputarse el control de la coca con el Frente 29 de las Farc.

Entonces Timbiquí quedó en el centro de un gran campo de batalla, en donde ‘J Flórez’ creció bajo el sonido seco de las balas a orillas del río Saija.“Recuerdo que era muy común que nos tocara salir de la casa y correr a escondernos al monte para no vernos afectados por los ataques entre estos grupos. Era muy angustiante saber que en cualquier momento teníamos que salir huyendo”.

Esta situación llevó a que su familia, que vivía de la pesca y la agricultura, se desplazara desde Saija hasta la cabecera municipal, donde era un poco más seguro.

En esos días había cierto ambiente de desesperación porque las Farc realizaban operativos para reclutar jóvenes en sus filas. ‘Yelo’, el productor y Dj del grupo, relata que en el 2013 estaba viviendo en el corregimiento de Santa María cuando escuchó que 'la guerrilla' se había llevado al monte a un amigo y, según decían los rumores, él sería el próximo reclutado. Frente a esta amenaza, sus padres decidieron que lo mejor sería que se desplazara hacia Bogotá a la casa de una tía mientras los ánimos se calmaban en la zona.

Las amenazas y la intimidación fueron una constante en la vida de estos timbiqueños; sin embargo, el destino se encargó de unirlos y ahora viven juntos en la comuna 13, en el barrio Los Lagos en Cali, tratando de sanar las heridas de la guerra por medio de la música.

Los tres, sobrevivientes de la violencia en el Cauca, transitan en el destino inevitable de compartir tarima como hermanos. Hasta el momento se han presentado en centros comerciales, universidades y discotecas de la ciudad. Pronto grabarán dos canciones en las que fusionarán el sonido de marimbas y guitarras acústicas, un sueño que venían construyendo desde niños en la tierra que los vio crecer: Timbiquí.

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