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Un huracán en Ajazzgo, así fue la inauguración de este gran festival en Cali 

Un huracán en Ajazzgo, así fue la inauguración de este gran festival en Cali 

Un huracán. Eso fue lo que pasó por el Teatro Municipal en la noche del pasado miércoles, cuando dos bandas cubanas se encargaron de inaugurar la versión 2018 del Festival Ajazzgo.

Los bajistas Yelsy Heredia y Alaín Pérez, dos grandes talentos dentro de las nuevas generaciones de músicos de la isla, fueron los responsables de desatar vientos ciclónicos que dejaron los objetos, los rituales, los reconocibles sonidos de lo cotidiano, fuera de su lugar habitual.

Fue una noche para reconocer, comprender y disfrutar el rumbo fantástico que los cubanos le han dado en el siglo 21 a su música popular bailable, descubriendo nuevas sonoridades, pero manteniendo esas raíces que surgieron del encuentro entre los tambores de África y la ortodoxia musical europea.

De eso, de la importancia de conservar la raíz, habló con su música Yelsy Heredia. Un hombre que después de un largo recorrido por el jazz, junto a maestros como Bebo y Chucho Valdés, Salif Keita y Diego El Cigala, ha dedicado su talento a reivindicar la riqueza musical del Oriente de la isla, donde nace la real semilla del Son.

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Con el respaldo de un quinteto de músicos jóvenes, Yelsy se encargó de llevar a los caleños por un sentido recorrido que partió del Changüí y pasó por las estaciones del Son, el Cha cha chá, y la Conga.

Los mayores aplausos para su banda se los llevó Celso ‘El Guajiro’, una auténtica leyenda del son cubano que hizo derroche de su impresionante capacidad para improvisar en el canto. Cali lo amó desde el primer verso.

Pero los vientos raudos se convirtieron en huracán categoría 5 cuando apareció sobre el escenario Alaín Pérez, acompañado por una banda de 14 músicos que, en su gran mayoría, parecían niños recién salidos de la secundaria.

Desde el primer minuto y a lo largo de una actuación de casi dos horas, el hombre que se convirtió en el bajista preferido de Paco de Lucía, Celia Cruz, Chucho Valdés, Juan Formell, Issac Delgado, Diego el Cigala, Concha Buika, entre otros, demostró por qué hoy no se puede hablar música bailable en Cuba sin mencionar su nombre.

Alaín, un hombre que puede saltar del bajo a la guitarra, el piano o la percusión, vino a mostrar la faceta más reciente y la que más le gusta de su trayectoria artística: la de cantante.

Y de qué forma. Los caleños fueron arrastrados por esa voz potente que va de la dulzura a la picardía y que evoca las viejas voces de la bohemia cubana. En su repertorio presentó principalmente los temas de su nuevo disco, titulado ‘ADN’, pero también algunos clásicos del bolero.

Sobre la base de su actuación, cualquier oyente desprevenido podría calificar a Alaín Pérez como un ‘salsero’ cubano. Pero sería un error porque, como lo demostró en el Ajazzgo, en realidad es un artista del mundo que hace música universal sobre la base de los ritmos cubanos.

Alaín llevó al más alto nivel a su banda, plena de virtuosismo para atacar orquestaciones complejas y sabrosas. Fue la mejor demostración de cómo su paso de 20 años por el flamenco y otras músicas del mundo es el insumo que hacía falta para sacar a la timba cubana de la rutina y el hastío.

Cali se le entregó y él no quería terminar. Fue mágico. Esta ciudad es así. Suele bailarse hasta un huracán.

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