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Vanessa de la Torre le confesó a El País sus secretos para triunfar

Vanessa de la Torre le confesó a El País sus secretos para triunfar

A las 5:20 a.m. Vanessa de la Torre está en pie. Acompaña a desayunar a su hija mayor, Raquel, de 6 años. Ya no hace su hora de yoga de 6:00 a 7:00 a.m. porque se lo prohibieron a raíz de una cirugía de columna que le practicaron recientemente. Así que en ese lapso desayuna en compañía de Diego Santos Caballero, su marido.

Luego lee prensa, oye radio, baña a Carlota, su hija menor, de 5 años, la deja en el jardín y se va a trabajar. Hace radio de 10:00 a.m. a 12:00 m. en Blu. De 12:30 a 3:30 p.m. presenta noticias en el Canal Caracol y en la tarde siempre tiene una entrevista, una cita o cualquier cosa por hacer.

Dependiendo de las noticias llega a su casa a las 5:00, 6:00, 7:00 u 8:00 p.m. Eso sí, trata de estar temprano para dormir a las niñas.

Aunque trabaja en radio, televisión y prensa, su rol de mamá es su prioridad. Para ella nada es más importante que acostar a sus hijas y despertarlas en las mañanas. “Desde que me conozco me he despertado a las 4:30 a.m. Y cuando mi hija mayor entró al colegio decidí que le iba a hacer las colitas y a desayunar con ella. Así que cambié la radio del amanecer por mandarla al colegio y no me arrepiento un instante”.

En medio de sus afanes laborales, la periodista, columnista y presentadora caleña dedicó un tiempo para compartir con El País sobre su vida profesional y personal:

¿Por qué cree que el periodismo le ganó a esa pasión suya por el teatro?

Porque cuando quise estudiar teatro, mi papá, el hombre más genial que ha existido en este planeta, me exigió profesionalizarme. Entré a estudiar Comunicación Social que me permitía un espectro amplio y en el camino fui descubriendo lo que ‘Gabo’ llama “la mejor profesión del mundo”. Cuando conocí este oficio fue amor a primera vista, como los amores de verdad y para toda la vida.

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“No soporto cuando alguien trata mal a otra persona”, asegura la periodista Vanessa De la Torre.

Foto: Especial para El País

¿Cómo vivió la experiencia del 9-11 haciendo pasantía en CNN en Español?

A los cinco días de comenzar la práctica ocurrió el 9-11. Ese día descubrí que me apasiona contar lo que ocurre, que me inquieta la historia, que necesito comprender el mundo y que no sé hacer nada más que ser periodista. Mi jefe de esa época, Juan Carlos López, estaba solo al aire y le ayudé en lo que pude.

Hoy comprendo la importancia de mi pasantía porque era la niña que le llevaba y traía información, material para reproducir. Lo que se ve al aire y que uno aprende con la experiencia, a mí me tocó aprenderlo en dos o tres horas. Me volví periodista el día en que cambió la historia del mundo como lo vivimos hoy. Recuerdo que dormí en el New Yorker, un hotel al lado de CNN durante varios días oyendo las sirenas toda la noche mientras pensaba qué otro atentado ocurría.

Me tocaron los ataques posteriores con ántrax y dos, tres o cuatro evacuaciones diarias del edificio de CNN durante varios meses. Andaba con el pasaporte y plata suficiente en la cartera para salir corriendo si tocaba... La imagen de las torres ardiendo, la siguiente de las torres cayendo y el recuerdo de una nube negra densa sobre Manhattan durante tantos días marcaron mi vida y mi relación con la geopolítica y con Nueva York.

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Aquí Vanessa De la Torre con el presidente de México, Enrique Peñanieto, en Cali.

Foto: Especial para El País

Ha tenido el enorme reto de entrevistar a varios presidentes...

Soy una mujer con visión y cuando un líder me llama la atención, para bien o para mal, me obsesiono hasta que lo tengo en un micrófono así sea para sacar una frase como me pasó con Raúl Castro. Todos lo queríamos entrevistar en La Cumbre de las Américas en Panamá y yo logré hacer lo que los estadounidenses llaman ‘eye contact’, contacto visual con él, lo llamé, se me acercó y en mi nerviosismo le pregunté no recuerdo qué, pero me dijo “el proceso de paz va muy bien. Eso va muy, muy bien”. Fue un gran titular porque en ese momento en Colombia no sabíamos con claridad qué estaba ocurriendo en Cuba.

Dice que entrevistar a poderosos es de lo más difícil del oficio. ¿Cómo ‘negocia’ con ellos?

No negocio, pregunto. Cuestiono. Aprendí a preguntar literalmente lo que quiero con respeto y educación. Reglas básicas de la vida. Y bueno, una sonrisa no se le niega a nadie (risas).

Lo más difícil es, obvio, conseguir el personaje. Recuerdo un episodio con Nicolás Maduro en Cuba el día en que se firmó el acuerdo de paz con las Farc. Yo me fui acercando con cautela y cuando accedió a contestarme le pregunté qué iba a pasar con los campamentos de las Farc y del ELN en Venezuela. Se puso muy, muy bravo. Me trató de regañar, como todos los poderosos cuando uno los cuestiona y por poco me sacan del salón. Pero yo ya había preguntado lo que quería.

Admira a la periodista Christiane Amanpour. ¿Qué resalta de ella?

Me gusta Amanpour porque es talentosa, divertida, acaba de lanzar un especial sobre el amor y el sexo en el mundo, pero al mismo tiempo la ves en la mitad del Mediterráneo haciendo un reportaje sobre la tragedia de la migración africana o entrevistando a Vladimir Putin. Ese dinamismo es admirable.

Los periodistas solemos obsesionarnos con un tema y no movernos de ahí. Yo trato de ser diversa, en Mesa Blu, por ejemplo, (mi programa de radio de los domingos a las 2:00 p.m.) converso sin muchas pretensiones con personajes que me dejan unas lecciones increíbles: Vargas Lleras, Cepeda, Amparo Grisales, de todo tipo. Música y conversación.

En el noticiero me concentro en información pura y algunas investigaciones. Mi periodismo es como mi vida: diversa, paso del tango a la salsa sin problema.

¿Qué sentía al tener que correr detrás de presidentes con siete meses de gestación como enviada especial a la Cumbre de las Américas en 2010?

Mucho cansancio, obvio. Pero esta pasión desbordada que siento por las noticias me apaga los dolores y el cansancio. Así que solo me di cuenta de lo cansada y embarazada que estaba cuando regresé a Bogotá.

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“Diego es un hombre que sabe lo que quiere. Me vio un día en Twitter y decidió que me tenía que conocer. Viajó a Washington. Yo le acepté un café y mire en lo que vamos”, comenta Vanessa De la Torre.

Foto: Especial para El País

¿Qué la sedujo de su pareja Diego Santos?

Que desde el primer instante me hizo reír.

¿Cómo es su mejor manera de pedirle ‘cacao’ a su pareja?

Si me equivoco, como absolutamente todo el mundo, pido disculpas y ya.

¿Cómo la ha sorprendido él para disculparse?

Igual, se disculpa y ya. No me gustan los dramas, ni los shows, ni las amarguras. La vida es lo suficientemente difícil como para complicarla más. Mi política es clara: trata de hacerle feliz la vida a los que te rodean. Si no, ¿qué sentido tiene que te tengan cerca?

¿Temió llegar al cuarto piso?

Temí cuando me operaron de la columna, tres semanas después de cumplir 40. Se siente uno muy débil y vulnerable y es como si la vida, que es tan sabia, lo obligara a parar, reflexionar, pensar y seguir. Y bueno, hice caso: estuve casi dos meses incapacitada, leyendo, escribiendo, pintando, con mis hijas. Muy adolorida al principio y entendí que me tocaba cuidarme y que para los 40 años más que se vienen tenía que hacer esa pausa.

Su hija mayor ya le va siguiendo los pasos. ¿Desea que sea periodista?

Quiero que mis hijas sean felices, que hagan lo que disfruten y que jamás se dejen intimidar ni irrespetar de nadie. Las crio con pantalones, como me criaron a mí. Con esa mezcla deliciosa de ser mujer con independencia y conscientes de que deben terminar de romper los esquemas que las de mi generación comenzamos.

Que es muy estricta. ¿No teme que la califiquen de sicorrígida?

No, porque no soy sicorrígida. Soy disciplinada porque es la única forma de hacer todo lo que me gusta hacer. Disciplinada para todo: para trabajar, pero también para divertirme.

Tengo fama de sicorrígida porque soy estricta con mis tiempos. Pero es que yo no puedo llegar tarde ni a radio ni al noticiero. Si tenemos una cita a las 3:00 p.m. llego en punto, no antes ni después. Me molesta la impuntualidad porque me parece una falta de respeto con la gente. Y cuando llegué a vivir a Colombia me costó acostumbrarme a la llegadera tarde.

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De gran notoriedad

Gloria Vanessa de la Torre Sanclemente se fue a estudiar inglés a Washington apenas se graduó del colegio y aunque vivió un buen tiempo en EE.UU., asegura que su corazón ha sido siempre caleño. Sus mejores recuerdos de una infancia y una adolescencia “feliz y despreocupada” están ligados a Cali. Creció, evoca, al lado del río Pance, rodeada de animales y mucho verde.

Vivió con sus padres, el médico oftalmólogo Alejandro de la Torre (q.e.p.d.) y la licenciada en preescolar y gerontóloga Gloria Amparo Sanclemente y con su hermano Alejandro, hoy médico salubrista. Recuerda con cariño los paseos a las fincas, el Lago Calima, la bailada de salsa en Changó, las fiestas de diciembre...

De pequeña, no le cabía el alma en el cuerpo, comenta su mamá. Era una niña muy juguetona, “jugó barbies hasta los 13 años”, revela. Alegre, extrovertida, le gustaba la natación, montar a caballo, y desde chiquita mostró su pasión por el periodismo. Preguntaba tanto y por todo, que su mamá, quien se graduó como bachiller ya estando casada, se motivó a estudiar Preescolar “porque tenía que responderle muchas preguntas que ella hacía. Era una niña que desde chiquita estaba muy interesada en la lectura, íbamos a teatro, a cine, a los títeres, era muy inquieta”.

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Su mamá Gloria Sanclemente dice que para Vanessa su padre es su alter ego.

Foto: Especial para El País

En el Gimnasio La Colina, donde hizo su bachillerato y se graduó en 1996 no pasó inadvertida, pues era muy bullosa, se hacía sentir por donde estuviera, recuerda Ximena Iragorri, directora del centro educativo.

“Es adorable. Desde peladita tiene una capacidad de argumentación impresionante. Si me oía a mí o a un profesor hablando en el salón ella hacía contrapropuesta, mostrándose líder, muy empoderada con su palabra, inteligente, activa mentalmente”, comenta Iragorri, quien agrega que aunque no fue la alumna brillante, la de recibir todos los diplomas, sí era buena estudiante, no perdía materias y tenía gran facilidad para recibir toda clase de información.

“Y brillaba, todo el mundo sabía quién era porque ella se hace notar donde esté. Tiene una personalidad arrolladora, es afectuosa, expresiva de sus afectos, pícara, chiflada, corrida de la ‘teja’, regia. De ella tengo los mejores recuerdos”, remata entre risas la directora.

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En Instagram publicó esta imagen el pasado 9 de enero, un día antes de su cumpleaños número 40.

Foto: Especial para El País

Alta, delgada, bonita, con buena figura e inteligente, no le faltaron las propuestas para que representara al Valle en el certamen nacional de belleza y como cuenta su mamá, “ella quiso ser reina, pero no la dejamos, porque era en la época del narcotráfico. Era muy maluco para uno como padre que su hija fuera reina”.

Estudió Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá e hizo una maestría en Estudios de América Latina en Georgetown University.

Se destacó como corresponsal en Estados Unidos de varios medios colombianos, entre ellos La W y El País, de Cali, y hoy es una de las periodistas y presentadoras más reconocidas en Colombia. Incluso, dirige su propio programa de radio los domingos, ‘Mesa Blu’.

Dora Glottman, su colega, exjefa y amiga, con la que trabaja hace casi diez años, resalta de la caleña sus conocimientos sobre Colombia y el mundo, y su excelente memoria.

“Me descresta porque hay unos temas que creería yo que no los sabe y cuando voy a ver tiene memorizada la fecha del hecho, las cifras, los personajes. Es muy juiciosa y muy estudiosa, y tiene ese talento de mezclar todo eso con ser una persona alegre y divertida”.

Aunque viajera, le tiene pánico a montar en avión. Así que en algunas ocasiones junto a su amiga Dora Glottman esconden entre la cartera una botella de vino y dos vasos plásticos, para ir tomando en el vuelo y apaciguar el miedo.

Cuando no viajan juntas, cuenta su amiga, Vanessa le manda el mismo mensaje de siempre antes de subirse al avión: “que en su funeral haya mucho mariachi, mucha música de Chavela Vargas y tequila, que me haga cargo de las niñas, que me asegure de que sean unas niñas bien educadas y bilingües y que le eche un ojito a su marido para ver con quién se va a volver a casar”.

Siempre es así, cuenta jocosa Dora, pero le digo, añade, que me escriba apenas aterrice. Cuando lo hace le escribe: “Sobreviví. Hasta la próxima”, remata riendo Glottman.

Eso sí, dice su amiga, cuando está brava, a Vanessa es mejor no acercársele. “Lo bueno es que cuando está enojada se le nota: eleva una ceja, cuando yo veo esto, empiezo a caminar para atrás”, comenta carcajeada su colega.

“Hacemos entrevistas juntas hace tiempo. Pero si yo me desfaso, me adelanto o acorto un tema o lo interrumpo, ahí toca la ceja levantada... nunca ha pasado nada grave, pero claro, como profesionales hemos tenido momentos maravillosos y otros un poquito más complicados, pero nada dura más de 24 horas. Como hermanas, en ese sentido, puede haber un disgusto, pero es cuestión de un par de copas de vino y ya estamos del otro lado”.

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Excelente anfitriona, tranquilamente puede atender en su casa a 30 amigos y cocinar para ellos. Aprendió a cocinar con su papá. Puede preparar casi todo lo que le pidan, pero prefiere las pastas y los mariscos.

“Cuando voy a Cali me llevo una nevera llena de mariscos que me prepara Efrén, en la Galería Alameda, y mi plan preferido es invitar a amigos a la casa para cocinarles. Soy la cocinera de todos los paseos a los que voy y me encanta”, dice animada.

Aguerrida y brillante

En 2011, unos meses después de la muerte de su padre, Vanessa de la Torre envió un perrito a su mamá, a Cali. Estaba pactado que el animal llegaría a las 7:00 p.m. La empresa transportadora no cumplió con lo convenido e informó luego que lo llevaba a su destino al día siguiente.

Vanessa entonces “armó un escándalo en Twitter porque el perro se le iba a morir (encerrado en una bodega) y yo, como un gran súper héroe intervine, le ayudé a rescatar el perro y ahí comenzamos a hablar. Un par de semanas después yo estaba viajando a Washington a conocerla”, contó a El País el esposo de la periodista, Diego Santos Caballero, consultor y estratega digital y de redes sociales.

Ninguno sabía de la existencia del otro. “Diego vivió durante 27 años entre España, Londres y Nueva York y cuando regresó a Colombia yo vivía en Washintgon, pero llegó Twitter e hizo de las suyas”, cuenta Vanessa enamorada.

Duraron seis meses de novios. “Después ella se vino a vivir a Colombia y nos fuimos a vivir juntos de una. Los dos somos unas personas muy frescas, muy relajadas, entonces hubo un entendimiento, sobre todo de complicidad y diversión que ha durado hasta ahora. Ya llevamos siete años”, relata el primo en segundo grado del presidente Juan Manuel Santos.

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Vanessa lleva 7 años de relación con su pareja y son padres de Raquel, de 6 años, y Carlota, de 5. Con ellos celebró sus 40 años en México. Diego organizó todo.

Foto: Especial para El País

Hoy, esta mujer “totalmente autónoma, aguerrida, brillante, curiosa e impaciente” como la describe Diego, es la madre de sus dos hijas: Raquel y Carlota.

Para Vanessa, su pareja es el padre que soñó para sus hijas. “Es un papá increíble. Siempre tratamos de que uno de los dos esté en la casa para acostar a las niñas y para mandarlas al colegio. Si yo no puedo él se organiza y así es con todo: el pediatra, las idas a los colegios, las fiestas infantiles”.

Es tan supremamente organizada esta caleña y tan incansable, destaca su mamá Gloria Amparo Sanclemente, que le alcanza tiempo para atender a su marido, a sus hijas, su casa, para leer, para todo.

“Ella pinta muebles, cuadros, se sienta con sus hijas a pintar, les pone sombreros, delantal y les va explicando como una profesora, como lo hacía yo con ella también”, rememora doña Gloria.

Es una mujer completamente disciplinada, interviene su marido, entonces los horarios de comida y de acostarse son absolutamente irrenunciables. “Las niñas deben acostarse entre 7:00 y 7:30 p.m. A ella le gusta a las 7:00 y a mí a las 7:30 p.m. Es cero alcahueta con ellas”.

Terca, característica que ella ve como una cualidad para buscar noticias, pero un defecto para argumentar con el marido, es amante del jazz, de Frank Sinatra, Juan Gabriel y Rocío Dúrcal. Cocina oyendo a Los Beatles, Chavela Vargas y Sabina. Y escribe bajo las notas de Beethoven y Chopin, declara esta hincha americana.

Pocos imaginan que la glamurosa presentadora solo le gusta ponerse tacones para presentar noticias. Prefiere andar en flats, alpargatas o tenis. Eso sí, le encanta la ropa fina, pero cómoda. Y combinar algo clásico o de diseñador con accesorios étnicos. ¡Y estar en batola todo el día!

“¿Hay algo más cómodo que una batola? Soy vanidosa, claro, pero no tanto para sacrificar la comodidad. Lo único que colecciono son batolas y no sabe cómo agradezco a mis amigos aceptar que los reciba en batola en mi casa y hasta recibirme en batola en las casas de ellos”, concluye Vanessa con una carcajada.

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