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Anosmia: la enfermedad de perder el sentido del olfato

Anosmia: la enfermedad de perder el sentido del olfato

Quizás usted haya escuchado de alguien cercano la frase “hoy no huelo nada, porque tengo gripa”. Efectivamente, si se padece un resfriado, el sentido del olfato queda afectado temporalmente. Pero una vez que se vence, la nariz se limpia de nuevo y se recupera la capacidad de oler.

Sin embargo, en otros casos, la pérdida total o parcial de las facultades olfativas no es algo pasajero, sino que se convierte en una enfermedad conocida como anosmia, que afecta aproximadamente al 5% de la población general.

Y aunque parezca que perder este sentido no tiene tanta importancia, lo cierto es que sus efectos en la calidad de vida no se hacen esperar.
Según el otorrinolaringólogo pediátrico de la Clínica de Otorrinolaringología y Cirugía Plástica, Jorge Sebastián Escamilla Arrieta, el olfato es un sentido de mucha importancia, que determina desde el nacimiento las conductas alimentarias del lactante y su relación con la madre. Es fundamental para la calidad de vida, ya que permite disfrutar de olores agradables y complementar el sentido del gusto.

Al respecto, Jorge Guillermo Cabrera Ortiz, otorrinolaringólgo del Centro Médico Imbanaco, comenta que cuando se pierde el olfato se pierde el gusto, porque van de la mano, ya que comparten fibras.

La falta de olfato o anosmia, en particular, impide apreciar los olores agradables y la adecuada degustación de los alimentos, lo que puede llevar a un desinterés por consumirlos. También se pierde la capacidad de percibir olores que signifiquen peligro o alarma.

Esto sin contar que las relaciones interpersonales pueden verse afectadas. Así lo confirma Escamilla, al anotar que “los vínculos afectivos y la atracción de pareja tienen relación con la percepción de feromonas ligadas a este complejo sentido”.

Por otro lado, el otorrinolaringólogo Cabrera advierte que generalmente la anosmia es progresiva y se puede volver permanente, de forma que por ejemplo, cuando un paciente está siendo afectado por la pérdida del olfato no va a poder identificar bien los alimentos, ni detectar si hay una fuga de gas en casa, convirtiéndose en un gran riesgo para su vida y la de sus familiares o amigos”.

¿Cómo olemos?

En cuanto al proceso que ocurre a nivel fisiológico cuando se huele algo, el doctor Escamilla explica lo siguiente:

“Cuando olemos, las partículas odoríferas entran a las fosas nasales con cada inspiración, lo que se denomina vía ortonasal y alcanzan la parte más alta donde se encuentra la mucosa olfatoria, que presenta en su superficie receptores de estas moléculas, que mediante reacciones bioquímicas generan un estímulo que viaja a través del nervio olfatorio.
Este estímulo va a zonas específicas del cerebro, donde se interpreta como un olor determinado.

Por otro lado, hay que tener claro que mientras masticamos un alimento las partículas odoríferas también pueden entrar por la parte posterior de la nariz, detrás del paladar, lo que se denomina retro olfación y así complementan e integran cerebralmente el sentido del gusto”.

La anosmia hace parte de un grupo de trastornos relacionados con este sentido. Entre ellos, la parosmia o interpretación errada de los olores; la fantosmia o percepción de olores inexistentes y la presbiosmia o pérdida de olfacción por la vejez.

Sobre las causas

Su origen puede estar en las propias fosas nasales, en el nervio del olfato o en el cerebro.

Estudios han encontrado como causa principal los procesos inflamatorios de la nariz y los senos paranasales, entre ellos la rinitis o sinusitis crónica, la hipertrofia de los cornetes o alteraciones estructurales como desviaciones.

La edad es otro factor determinante. De hecho, según Escamilla, “con el envejecimiento se va perdiendo capacidad de oler. Estudios han demostrado que después de los 70 años se comienza a perder la facultad olfatoria de forma progresiva, de manera que a los 80 años el 60% ó 70 % de las personas puede tener un deterioro significativo”.

Por su parte, Cabrera afirma que cualquier paciente puede tener anosmia congénita o degenerativa por procesos virales, radioterapias o ciertos medicamentos, cirugías o trastornos mentales de conversión.
También influye la exposición crónica a olores fuertes, como los de químicos industriales en el ámbito ocupacional, el uso de tabaco, cocaina o similares.

Esto sin contar enfermedades como el Alzheimer y el Párkinson, y en menor proporción, los traumas de la cabeza, cirugías nasales, tumores y enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis lateral amiotrófica, ELA.

“Otras causas pueden ser congénitas y un 20% son idiopáticas o sea sin origen definido o aparente”, añade Escamilla.

¿Cómo se diagnostica?

“En consulta se puede realizar una prueba sencilla para determinar si una persona puede o no oler. Consiste en ponerle productos como alcohol o vinagre (olores fuertes) en frente de su nariz y dependiendo de su reacción se podrá identificar si se le ha afectado su sentido del olfato.
Aunque, no hay un método diagnóstico puntual, como para una sinusitis u otras afectaciones respiratorias, esto es de gran ayuda.

“Si se define que el paciente no puede oler en esa primera prueba, entonces hay que hacer escanografías o resonancias para descartar que no sea un tumor,” advierte Cabrera.

De otro lado, Escamilla precisa que con un análisis clínico completo, basado en cuestionarios, se puede diagnosticar.

Igualmente, hay que hacer exámenes clínicos, como endoscopia nasal, pruebas electrofisiológicas, psicofísicas o de nivel de olfación y estudios imagenológicos, como tomografías o resonancia magnética, dependiendo del origen que se sospeche.

En todo caso “hay que estudiar bien cada caso, porque si el paciente no tiene antecedentes de procesos infecciosos, riníticos o traumas, lo primero que hay que hacer es descartarle tumores u otras afecciones de mayor gravedad”, añade Cabrera.

Así se trata

“No hay un tratamiento instaurado que mejore la anosmia, porque las fibras se han dañado”, aclara Jorge Guillermo Cabrera Ortiz, otorrinolaringólgo del Centro Médico Imbanaco, CMI.

En eso coincide el doctor Jorge Escamilla, quien aclara que en cambio, los procesos inflamatorios como rinitis, sinusitis y pólipos nasales, a diferencia de la anosmia, sí tienen tratamiento con medicamentos o en su defecto, con cirugía.

Pero lo principal para el manejo de la anosmia es acudir a un médico especialista en otorrinolaringología, quien mediante protocolos clínicos y paraclínicos definirá la causa y orientará el tratamiento.

Es importante compensar la deficiencia informando sobre ello a las personas próximas o familiares para que brinden el apoyo necesario.
De hecho, pueden contribuir rotulando los alimentos con fechas de caducidad o instalando alarmas sonoras de humo o incendio y ayudar a cuidar la higiene del paciente.

“Se ha propuesto, además, el uso de vitaminas, antibióticos y terapia de entrenamiento olfativo basada en estímulos repetitivos con diferentes olores”, aclara el otorrino Jorge Sebastián Escamilla Arrieta.

Según el doctor Jorge Escamilla, está comprobado a través de diversos estudios que las mujeres perciben mejor los olores que los hombres a cualquier edad.

Es probable que otros sentidos compensen de alguna forma la falta de olfato. Se sabe que la vista o la audición pueden ayudar pero no reemplazan nunca dicho sentido.

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