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Mayo de 1968

Hace 50 años las calles de París estaban en plena efervescencia. Un grupo de estudiantes de una universidad periférica, en protesta por la guerra de Vietnam y porque no los dejaban entrar a los dormitorios de las chicas, había desencadenado desde marzo una movilización que terminó por superar sus expectativas y paralizar el país. El gobierno no le dio mucha importancia al principio a lo que estaba ocurriendo y la sublevación se salió de sus manos hasta el punto de que a finales del mes la dimisión del presidente Charles de Gaulle llegó a ser una posibilidad inminente.

Ante la rudeza de los enfrentamientos con la Policía y el apoyo que los estudiantes encontraron en los habitantes de la ciudad durante la primera semana de mayo (sobre todo después de la famosa ‘noche de las barricadas’ de la madrugada del sábado), el primer ministro Georges Pompidou decidió concederles todo lo que pedían: retiro de la Policía, reapertura de la Sorbona y liberación de detenidos. Pero ya era demasiado tarde. El movimiento se había extendido como reguero de pólvora por el país y los obreros de las principales fábricas llamaron a una huelga de solidaridad que alcanzó a movilizar 9 millones de trabajadores durante varias semanas.

Los estudiantes recuperaron el edificio de la Sorbona y en las tres semanas siguientes se llevó a cabo allí un experimento, no de ‘toma del poder’ sino de ‘toma de la palabra’, por parte de 20.000 o 30.000 jóvenes y adolescentes que se dedicaron día y noche a hablar y a hablar, a expresar todo lo que quisieron, en el marco de una libertad total y una extrema tolerancia. Los habitantes de la ciudad se impregnaron del mismo espíritu libertario y las calles se convirtieron en escenario de discusiones espontáneas entre transeúntes que, en condiciones normales, no se miraban a los ojos. Los médicos, los periodistas, los artistas, los músicos, los pintores, los astrónomos, los físicos y muchos otros grupos profesionales también se rebelaron contra las restricciones que vivían en sus actividades laborales y empezaron a deliberar. La movilización no se limitó a los estudiantes sino que arrastró a las más diversas categorías de la sociedad francesa.

El movimiento se dirigía al mismo tiempo contra varios ‘objetivos’: el capitalismo, el gaullismo, la sociedad de consumo, las burocracias, la guerra de Vietnam, la represión sexual de los jóvenes, las rigideces de las universidades, las condiciones de vida de los obreros, la situación de las mujeres, el incierto futuro de los recién graduados y muchos otros aspectos relacionados con el poder en todas sus formas. Los graffitis y los afiches que aparecían en los muros de la ciudad son un testimonio elocuente de lo que estaba en juego. La movilización comenzó a ceder cuando De Gaulle, obligado por las circunstancias, intervino en la televisión el 30 de mayo para ofrecer la disolución de la Asamblea Nacional y un llamado a elecciones en las cuales los ciudadanos franceses, que en grupo se habían movilizado contra todo lo habido y por haber, individualmente terminaron ratificando en el poder al partido del Presidente. Extraña paradoja.

Mayo de 1968 fue sobre todo la expresión de los profundos cambios que se dieron en los países occidentales durante la década de 1960. Tuvo consecuencias en el mundo entero y sigue presente en el trasfondo como un referente de actualidad. El gran despliegue que ha hecho la prensa francesa de los últimos días nos permite constatar que este episodio sigue vivo en la memoria de ese país. Aún seguimos discutiendo el significado de lo que ocurrió en ese interregno de pocas semanas.
El próximo viernes 18 de mayo a las 10 a.m., en el salón Antonio J. Posada del Edificio de Socioeconomía de la Universidad del Valle, ofreceré una charla en la que presentaré los sucesos y las interpretaciones a que dieron lugar.

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