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Elecciones críticas, capítulo II

Estamos a tan solo 10 días de las próximas elecciones. Continua la controversia sobre las encuestas. Lo definitivo es lo que digan las urnas. Como lo mencioné en mi columna anterior, existe un abanico de alternativas de donde podemos elegir al candidato. Espero que el voto sea en conciencia, exento de dádivas y odios, por el mejor para regir los destinos del país en los próximos años.

Existe un tema importante, aún no mencionado como se lo merece por los candidatos, se trata de la perversa concentración de los poderes y decisiones en Bogotá. La provincia juega un papel de pordiosero, pidiendo dádivas.

Hace poco tiempo hubo un paro cívico en Buenaventura que fue resuelto, como siempre, con viajes de funcionarios de Bogotá para calmarlo con halagos. Luego se comprobó la existencia de un mar de cultivos de coca en Tumaco, protegidos por el ELN y las disidencias de las Farc, con las consabidas consecuencias. Nuevamente tuvieron que acudir los funcionarios paracaidistas de la Capital que van por la mañana y se regresan por la tarde. El Gobernador de Nariño explicó claramente sus limitaciones para coadyuvar en la emergencia. Se repitió la receta, promesas con posibles incumplimientos y presencia de las Fuerzas Armadas. Los líos no pararon allí. Se presentaron reclamos del presidente del Ecuador, Lenín Moreno, y su posterior renuncia a continuar siendo sede y garantes de las conversaciones con el ELN.

Poco tiempo después, saltó la liebre en el Catatumbo y se repitió la historia, funcionarios de la Capital volaron a Cúcuta y Ocaña para hacerle frente al paro armado. La zozobra continúa en la región. Existen enfrentamientos del ELN, del EPL y los lores del narcotráfico que continúan asentados en la zona.

Recientemente estamos viendo en la televisión los innumerables problemas del hospital de San Andrés. Seguramente viajarán los funcionarios del Gobierno Nacional desde Bogotá para tratar de apagar el incendio y manifestarles a sus habitantes que son una región importante que merece toda su consideración.

El más reciente escándalo de corrupción se presentó por los malos manejos, para usar un término eufemístico, de los fondos del posconflicto, cuyo objeto es hacer inversión social en los territorios donde estuvo presente las Farc y ahora sus disidencias. Como es lo usual todos los funcionarios de los fondos destinados para el posconflicto tienen su sede en Bogotá. Por consiguiente la inversión que llega a los territorios abandonados ya viene menguada. La administración cuesta. Lo más probable es que la mayoría de sus contratistas también sean entidades con asiento en la Capital. Por eso casi el 100% de las firmas de consultoría tienen su sede en Bogotá, así como las mayores empresas constructoras y los bufetes de abogados más prestigiosos. Las influencias y el amiguismo funcionan y dan frutos.

Lastimosamente este tema que sin duda coadyuba a la corrupción, ni se menciona. Los beneficiados con el centralismo son quienes nos gobiernan, controlando un régimen presidencial que no delega.
Del total del abanico tan solo un candidato reside fuera de Bogotá, además el 100% de sus fórmulas vicepresidenciales habitan en la Capital. ¿Qué coincidencia?

Ojalá quien llegue a la Presidencia esté sensibilizado para comprender y remediar este grave e intolerable problema.

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