alfredo carvajal sinisterra

La subsistencia de las EEMM

Escribí infructuosamente en varias ocasiones, hace 9 años, la conveniencia de vender la empresa de telefonía, como estaba ocurriendo en otras ciudades de Latinoamérica, como Lima y Panamá, con éxito. Entonces, irrumpían las nuevas tecnologías de telefonía celular y las ventajas eran muy claras para las compañías internacionales, sobre las locales, se avizoraba con claridad, su marchitamiento. Estoy hablando de sumas cuantiosas. En el caso de las EEMM podría haber representado $400 millones de dólares, una suma considerable, que ha podido servir para múltiples propósitos, no solamente para EEMM, sino también para la Alcaldía. ¿Qué tal haberlos invertido en el componente de energía para evitar la dependencia de terceros y poseer independencia?

El sindicato y un grupo de políticos se opusieron con vehemencia. No dejaron que esto ocurriera. También se opusieron a cualquier tipo de asociación, con cualquier empresa privada, que ya demostraban solidez, en este nuevo mercado.

En el 2016, el componente de comunicaciones perdió $100 mil millones anuales, lastre que deben soportar acueducto y energía. Transformarla como lo ha propuesto la Universidad del Valle, es un acierto, enfatizando el componente de redes internet, un negocio de ingresos mucho menores; lo cual no evita totalmente, que un crecido número de empleados queden sin empleo. Los sindicatos equivocadamente pretendieron aferrarse a una estabilidad, imposible de sostener, ante las ventajas económicas de la competencia.

Lo curioso es que los supuestos dueños, la ciudadanía, según predican reiteradamente el sindicato y los políticos de convicciones socialistas, han perdido cuantiosas sumas, sin chitar, de manera resignada y silenciosa. Esto ocurre frecuentemente en las empresas económicas industriales o de servicios estatales. Acordémonos de Emsirva, la EPS de la Alcaldía (Cali Salud), liquidadas por quiebras recientes.

Lo que ocurre en las empresas estatales es que los verdaderos dueños son los gobernantes de turno, que cambian cada cuatro años, lo cual no permite establecer estrategias de largo plazo.

Las empresas económicas del Estado debieran estar libres de la politiquería. Sus juntas deben profesionalizarse y sus gerentes nombrados por esas juntas, para que existan responsabilidades claras y asignables.

Los países de mayor crecimiento y desarrollo son aquellos que han adoptado el libre mercado. Los que han tomado la senda del capitalismo estatal o socialismo, como Venezuela, han fracasado estrepitosamente.
Las empresas estatales, de servicios o manufactura, conllevan unas falencias inherentes en su esencia. La designación de funcionarios tiene carácter político, al margen de los perfiles de competencia requeridos. Los políticos se benefician de los nombramientos, a cambio de votos. Poco les importa la salud de la empresa, carecen de responsabilidad en su gestión. Las empresas deben adaptarse a las nuevas exigencias del mercado, lo cual tiene efecto sobre la estabilidad laboral. Las contralorías del Estado se preocupan de la transparencia en las transacciones, pero de su desempeño, muy poco. Finalmente, lo que es peor, nadie resulta responsable de sus fracasos. No pocos concejales y diputados se benefician de contratos de dudosa conveniencia.

Hoy, por fortuna, se encuentra en muy buenas y experimentadas manos.

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