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Nadando contra la corriente

El actual gobierno nacional pregonó como un tema importante de su campaña la lucha contra la denominada mermelada, o sea la oferta de cargos o contratos con el fin de obtener la aprobación de las propuestas que presentara ante el Congreso. De igual manera se comprometió en la guerra contra la corrupción.

El primero de estos temas ha sido una costumbre atávica, ejercida por todos los gobiernos anteriores. Dicha práctica se ha acentuado con la desaparición de los partidos tradicionales, fundamentados primordialmente en ideas y principios, en cambio los nuevos se han originado a causa de los liderazgos personales. En la actualidad para buscar respaldos para los proyectos se requiere la aquiescencia de los jefes de las múltiples colectividades políticas. Infortunadamente a la mayoría solamente los conmueve la participación burocrática, y a no pocos de sus seguidores, los contratos.

Sobre este tema me enviaron por WhatsApp una entrevista de Humberto de la Pava a un mártir de la democracia, el Dr. Alvaro Gómez; como es de suponer, de hace no pocos años, en la cual describe con una claridad diáfana la llamada mermelada y la corrupción que se estaba cocinando, como también las heridas letales que le causa a la democracia.

Modificar estos perversos hábitos cimentados esencialmente en los beneficios personales, y en el prestigio y la solidez política de sus movimientos va a ser muy, pero muy difícil. Los beneficios de orden nacional no conmueven a los politiqueros. Son fríos cuando se trata del bienestar del país y muy interesados personalmente en la consolidación de sus aspiraciones electorales.

Estamos atravesando un momento de inflexión en los destinos de nuestro país. Existe una polarización política crítica. Cualquier propuesta que se presente sea del Gobierno o de la oposición se rechaza de antemano, sin dar oportunidad al debido escrutinio y discusión. A las iniciativas, sean buenas o malas, se les atribuyen intenciones oscuras por el solo hecho de provenir del lado contrario. Los medios de información y no pocos columnistas son el instrumento que amplifica las discrepancias a extremos pendencieros, ignorando de plano la sindéresis, la racionalidad y la ponderación. Los programas matinales de las cadenas radiales nacionales atraen buena parte de la audiencia que se extasía con las interminables polémicas que exacerban la polarización. Personalmente prefiero leer las noticias en la prensa.

Por fortuna, el actual presidente, Duque, posee un talante conciliador, no obstante para muchas personas su actitud demuestra debilidad. Una equivocación muy frecuente en los temperamentos agresivos, de moda en el ambiente en que vivimos. La ponderación y el equilibrio de una persona no denotan carencia de firmeza. “Perro que ladra no muerde”. Nuestro país necesita aguas calmas y desterrar las tormentas, en lugar de sembrarlas.

Un ejemplo concreto de unir voluntades en lugar de estimular discordias fue que el presidente Duque tácitamente permitiera la discusión de la reforma a la Justicia propuesta por Cambio Radical. Sin duda, enriquece el debate. Al Congreso le compete la responsabilidad de hacerlo. Ojalá las contribuciones a su enriquecimiento sean acogidas con altura, sin recelo o envidias. Hoy más que nunca necesitamos una Justicia eficaz y confiable.

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