antonio de roux

Un museo para Cali

La vida cultural de muchas ciudades se ha nutrido con las obras de arte donadas por sus habitantes. Sin embargo, ese comportamiento usual en New York, Washington, París o Medellín no podría tener lugar en nuestra urbe. Y no es por falta de aportantes generosos si no porque carecemos de un espacio apropiado, galería o museo, que pueda recibir los elementos cedidos para conservarlos y ponerlos al servicio de la comunidad.

Se dirá que contamos con La Tertulia, una hermosa pinacoteca de arte moderno, pero esa institución tan meritoria que lucha contra viento y marea para sobrevivir, ni siquiera cuenta con los recursos para rotar y exponer la totalidad de su colección.

El asunto se pone de nuevo sobre el tapete ahora cuando se presenta la posibilidad de recuperar la obra del maestro Hernando Tejada, cuya producción fue a dar al museo de Antioquia ante la indiferencia de los locales.

La antigua falta de un Museo de la Ciudad, y la ausencia de recursos para desarrollarlo y sostenerlo, denotan cierta restricción de miras en quienes han tenido a su cargo las políticas de educación y cultura en la Sultana del Valle. ¿Cómo no se dieron cuenta de que esta es una ciudad multiétnica y multicultural, que requiere construir su identidad a partir de referentes históricos y estéticos ciertos? ¿Cómo no comprendieron que tan importante como tener salones de clase equipados es contar con un ámbito en el cual se atesoren obras atribuidas a los grandes maestros internacionales; las creaciones de los mejores artistas locales; los aportes culturales de las distintas etnias que habitan la región; los tesoros bibliográficos y documentales que dan cuenta de los momentos más importantes de la historia local y regional?

Son muchos los que quisieran ser generosos con la Cali entregando obras de arte, colecciones y elementos, pero no encuentran quien los reciba. Y se me vienen a la mente algunos casos que resulta forzoso mencionar. De aquí tuvo que emigrar para ser finalmente desguazado el acervo museográfico y documental del historiador Manuel María Buenaventura. Entre tanto se frustró la llegada de las colecciones generosamente ofrecidas por la fundación Arte Vivo Otero Herrera (Favoh). Esto sin contar con que la idea de Soffy Arboleda de crear un museo de arte religioso el cual acogiera las donaciones de arte colonial efectuadas por los caleños, quedó en un simple remedo: una casa bonita donde poco cabe, carente de los medios económicos para su operación normal.

El asunto de fondo es que está en juego el lugar del arte y la memoria en esta sociedad. Darles la vigencia que merecen no puede dejarse a la buena de Dios. Se necesita un esfuerzo consciente de la autoridad en asocio con el sector privado, y la disposición de recursos suficientes. Afortunadamente existen motivos para la esperanza. El municipio ha comenzado a valorar la importancia de conservar en debida forma el acervo documental que viene desde nuestra fundación, y al empuje de la Secretaría de Cultura, la Subsecretaría de Patrimonio y la Coordinadora del Archivo Histórico, se está perfilando la construcción de instalaciones apropiadas para albergarlo.

Pueda ser que la claridad y energía de estas funcionarias y el compromiso del alcalde Armitage, sirvan para impulsar el proyecto de Museo de la Ciudad que Cali necesita ya.

Sigue en Twitter @antoderoux

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