antonio de roux

¡Vergüenza!

En la historia de las vergüenzas nacionales tendrá que incluirse lo sucedido en la parte plana de Corinto la semana anterior, cuyo registro está circulando las redes sociales. El episodio aconteció cuando un grupo de indígenas intentaba dañar equipos y cultivos de una empresa agroindustrial y terminaron agrediendo machetes en mano al Ejército. A pesar de la provocación los jóvenes soldados reaccionaron con prudencia.

El hecho evidencia de nuevo el giro equivocado que han tomado algunas acciones de reivindicación adelantadas por sectores indígenas del Cauca. No se puede pedir respeto para las autoridades tradicionales, ni para la guardia indígena, cuando individuos que dicen representar las etnias asaltan a las fuerzas del orden e intentan quitarles las armas que les entregó la República. En esencia lo acontecido exalta a los efectivos que tan solo clamaban por respeto y llena de vergüenza a los otros actores.

Es vergonzosa la actitud de los indígenas que participaron en el incidente mostrando una ira capaz de llegar al delito. Son dividuos que no representan a los pueblos autóctonos ni a sus tradiciones. Son personas que no entienden el significado de pertenecer a una nación como Colombia, espacio donde es posible tramitar expectativas y anhelos pero no a costa de los derechos que asisten a los demás ciudadanos.

Es una vergüenza la actitud de cierto directivo indígena que pareciera actuar más como cómplice que como líder. Según sus palabras recogidas por este diario, quienes ocuparon los predios estaban “haciendo un ritual con la tierra”. Pero la verdad es otra, los mismos implicados dejaron claro en el video existente que la suya era en realidad una acción de lucha. Si los dirigentes nativos quieren conservar la respetabilidad frente al país, más bien deberían estar considerando la aplicación del derecho ancestral a sus coterráneos que transgreden las leyes comunes.

Tras el episodio Santos salió con una manifestación vía twitter en la cual sin mencionar el incidente expresa: “Ningún colombiano debe agredir o irrespetar a nuestros soldados que solo cumplen con el deber de proteger a los ciudadanos y sus derechos. La Justicia debe operar contra los agresores”. Se rescata la intención de no pasar por alto el asunto, pero el Mandatario se quedó corto. La circunstancia ameritaba una declaración formal, contundente, en la defensa no solo de la integridad de los soldados sino también de las instituciones, de los derechos y garantías que asisten a los ciudadanos. ¿Acaso incidió en la actitud del mandatario el que los cultivos y equipos asaltados pertenecieran a una organización que ha criticado con ahínco los procederes del gobierno?

Entre tanto hay que destacar el comunicado emitido por el comandante castrense responsable. Este en tono equilibrado expresó su determinación de comprobar la proporcionalidad de la respuesta militar en el marco de la legítima defensa, y anunció procedimientos judiciales contra los agresores.

Es cierto que tanto el actual como anteriores gobiernos han sido faltones con el movimiento indígena, pero el asunto no se resuelve por las vías de hecho. Se necesita una negociación razonable, realista con relación a las restricciones, respetuosa de los derechos que tienen los terceros. Y sobre todo se requiere eficacia gubernamental en la materialización de los acuerdos.

Sigue en Twitter @antoderoux

VER COMENTARIOS

Queremos que siga disfrutando de los mejores contenidos. Es muy fácil:

Regístrese aquí

¿Ya está registrado?

  Continúa Leyendo





Powered by