aura lucía mera

Historia mínima de Colombia

Cinco días y zas. Elecciones. No hay marcha atrás. Se acabaron la espera, las especulaciones, las noticias falsas, los artículos sobre el odio escritos desde el odio; los voltearepas ya quedarán matriculados, los que perdieron su dignidad y coherencia tratarán de recuperarla en vano, los que se acobardaron a última hora y se pegaron ‘al menos peor’ ya quedaron adheridos como chicle en alpargate nuevo, y se acabará esta ‘dulce espera’ que de dulce no ha tenido nada porque el engendro que saldrá tendrá defectos congénitos, malformaciones heredadas, y su bautizo será por muchos ritos, tablas de biblias falsas y verdaderas promesas al vacío y aspersiones de aguas contaminadas y de vertederos diferentes. Una ceremonia para no perderse.

Después veremos qué sucede en los próximos cuatro años. El estatuto anticorrupción servirá para seguir robando en forma diferente. El Congreso se aprueba a sí mismo sus propios castigos. Como de Ripley. Las promesas de campaña se las llevará el viento y las rencillas por la ‘cuita de poder’ se tornarán en pelea de gallos espuelones.

La comunidad Lgtb tendrá que esconderse en las cuevas de Altamira donde los bisontes rupestres los protegerán, los derechos de la mujer se quedaran guardados en el cuarto de los trastos viejos, los libros tendrán que pasar por el ‘índice’ del pirómano, los Popeyes tendrán la palabra. Los de la gavilla gavirista acabarán de escupir los dientes que les quedan. Las niñas López se cuidaran muy bien de atacar porque les peligra su futuro político y cuatro años, aunque sean nefastos, se pasan volando.

Por otro lado los banqueros aterrorizados tratarán de llevarse el botín a otras latitudes, los latifundistas cargarán con la palma africana para Miami, y los pobres creerán que se les apareció la Virgen Petrea, cuyo nombre es Petrus, que viene de Roca y se convertirán en terratenientes de la noche a la mañana sembrando aguacate y otros milagritos de esta nueva religión.

El voto en blanco será una silente protesta, fuerte, contundente y vigilante, sin ánimo de prebendas ni cuotas. Movimiento naciente, coherente, que se consolidará lentamente pero sobre bases sólidas y mentes lúcidas.

Mientras llega la hora, les recomiendo se lean el libro ‘Historia mínima de Colombia’ escrita por Jorge Orlando Melo. Cinco días son suficientes aún para el lector más lento. Sus páginas amenas, objetivas, nos regalan una visión de este país desde sus primeros moradores miles de años antes de Cristo hasta nuestros días, y nos confirma, una vez más, que aquí no ha cambiado nada desde la Colonia. Desde 1848 existe la rivalidad entre liberales considerados diabólicos y anatemas y la godarria que lleva en su bolsillo la palabra divina.

Ahora es el salpicón uribi-duquista contra los petristas porque el liberalismo se vendió al mejor postor.

Las primeras guerrillas se originaron en 1908 en los Llanos y sus fundadores, dos estudiantes inconformes, arrestados y ejecutados, llevando sus cabezas a Bogotá para exhibirlas públicamente. O sea, sin comentarios.

Bolívar, como Uribe o Chávez, quería ser presidente eterno, hasta que se tuvo que ir a Santa Marta decepcionado y encerrado en su laberinto fantasmal.

En el principio de los principios de esta nuestra historia que es macondiana, “solamente podían votar los ricos e ilustrados”, el resto no existía. Bolívar se preguntaba “por qué Colombia no se ahoga mejor en el mar de la anarquía” y reconocía, tras 20 años de lucha, que “las nuevas generaciones de colombianos eran ingobernables”.

Vale la pena el libro. Una joya para refrescar nuestra memoria o conocer la historia. Así sabremos, una vez más, por qué estamos como estamos, en las mismas y con los mismos.

PD. ¡Buena suerte al triunfador, le deseo sensatez, buen viento, buena mar y cortar amarras para poder izar las velas lejos del lastre que arrastran!

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