claudia blum

Alianzas alrededor de programas

Pasadas las consultas internas, comienza la competencia de los candidatos Iván Duque y Gustavo Petro con Vargas, Fajardo, De la Calle, Córdoba y Morales. Los siete se aprestan a tomar sus puestos en el partidor, el botón se aprieta y empieza la primera de dos carreras. La pista queda preparada con sus programas de gobierno. Pero en su camino influirán las alianzas entre ellos y entre los partidos, que pueden poner obstáculos o acelerar a uno u otro contendor. Alianzas que deberían conformarse alrededor de programas e ideologías afines; y no por simples cálculos electoreros y chantajes del clientelismo.

Las alianzas son trascendentales en la primera carrera, que es más corta y define los dos finalistas. Para el último tramo, los competidores tendrán que mostrar sus fortalezas, condición y movimientos correctos en los momentos adecuados. Por el lado de los candidatos, se necesitará tender puentes porque ninguno tiene los votos para ser elegido en la primera vuelta, y magnificencia porque cada uno quiere ser presidente y renunciar es difícil. Lo preocupante, es que se hacen sumas y restas de votos, pero poco se habla de identidades programáticas. Aunque abundan reuniones públicas y secretas interminables, almuerzos, onces, cenas, cafecitos, coqueteos de uno y otro lado para ver cómo asociarse, algunos programas ni se conocen.

En cuanto a los Partidos, dos tienen posición clara, Centro Democrático con Duque y Cambio Radical con Vargas, y Los verdes y el Polo andan divididos frente a su apuesta por Fajardo. Algunos se fueron con Petro, a pesar de sus escasos votos para Congreso reflejados en el rechazo a su proyecto. Suena la coalición Fajardo-De la Calle. Pero De la Calle se expone al desprestigio si burla su consulta interna e incumple la ley que lo obliga a presentarse en mayo so pena de tener que devolver los millonarios recursos que asumimos todos. En cuanto a Duque, su sólido apoyo popular crecerá por sus alianzas con jóvenes, empresarios, académicos, profesionales, víctimas excluidas y líderes que quieren corregir el rumbo del país.

Los demás partidos buscan superar divisiones internas y definir apoyos a candidatos. Pero sus debates no se centran en valores, planes de gobierno, o modelos económicos, sino en apetitos burocráticos. Las maquinarias dependen del favor personal y se preocupan por buscar candidatos con opción que les permita mantener los vicios de la politiquería cortoplacista.

Ante esa amenaza, los competidores requieren fuerza para no claudicar ante los feudos electorales. Sus coaliciones deben basarse en programas colectivos. Si esto no reina en las alianzas, no podremos fracturar el monopolio de los cacicazgos incapaces de representar el interés común. Como votantes, debemos entender que allí nace el abuso con los recursos públicos, que nos toca vivir en este país frenado en su desarrollo.

Desde joven aprendí que la compañera de la sabiduría es la paciencia. Las batallas no se ganan de inmediato. Si se persevera se pueden vencer las extralimitaciones y desafueros en que ha caído la política. Los electores tenemos que apostarle al mejor para llegar a la recta final. Y el mejor debe ganar por su compromiso con el país, la conveniencia y viabilidad de sus propuestas. La elección que se avecina es una oportunidad para recuperar una democracia donde la ideología y las plataformas programáticas primen sobre alianzas clientelistas.

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