claudia blum

Mujeres en las presidenciales

A lo largo del tiempo se han promovido tendencias sociales, políticas y económicas sustentadas en la idea de disimilitudes entre lo femenino y lo masculino que han dado superioridad al hombre. Creencias mandadas a recoger que se ‘respaldaban’ en la biología. Perentorio es derribar ese muro de la cultura ancestral de exclusión y discriminación.

Mi profesor de psicología Mark Leary cuestionaba a su colega John Gray quien hace años afirmó en un libro que las mujeres eran traídas de Venus y los hombres de Marte, divorcio planetario surgido de las ‘abismales’ diferencias que algunos proclaman, no sólo en lo físico sino también en lo psicológico e intelectual. Leary desmontó la teoría y nos devolvió a unos y otras a la Tierra.

Obviamente, la distancia a que llegan objetos lanzados por mujeres y hombres es muy distinta. Los hombres con mayor masa muscular pueden ser más fuertes y rápidos sin subestimar que a los niños los entrenan en juegos físicos más que a las niñas. Sin embargo, prestigiosas universidades han demostrado que entre hombres y mujeres las diferencias en personalidad, capacidad cognitiva, sexualidad, inteligencia y psicología son insignificantes. Ellos puntúan ligeramente más alto en resolución de problemas matemáticos, y ellas en cálculos matemáticos, vocabulario y capacidad de lectura, siendo las diferencias en todo caso minúsculas. En personalidad, las mujeres marcan más alto en amabilidad y emotividad, y los hombres resultan más agresivos en lo físico y lo verbal. Aparte de estos factores con componentes culturales, no hay otras diferencias relevantes.

La participación de la mujer en la sociedad debe incluir su acción como líder en lo social, económico y político. Hoy en la política las mujeres ocupan más espacios donde toman decisiones públicas. Cuando fui elegida como la primera presidenta del Congreso, en 2005, ese logro era inédito en una institución donde había 10 mujeres entre 102 senadores, y 21 entre 166 representantes a la Cámara. El pasado 11 de marzo fueron elegidas 25 mujeres al Senado y 31 a la Cámara. Falta camino por avanzar pero el país comienza a vivir como natural algo que siempre ha debido ser así.

Emociona el caso inédito de una elección presidencial en la que compiten cuatro mujeres para la Vicepresidencia –Martha Lucía, Claudia, Clara y Ángela María– y dos por la Presidencia –Vivian y Piedad–. Cada una defiende sus ideales, pero tienen en común que han ganado sus espacios a pulso frente a hombres capaces y han actuado con probado liderazgo. Estoy convencida que Martha Lucía Ramírez forma con Iván Duque una llave ganadora, y elegida vicepresidenta, ella dará altura y energía a una institución a veces menospreciada.

Este avance de la mujer afronta enormes desafíos y el tema no se agota en reformas jurídicas. Es su empoderamiento, que se adquiere desde el hogar y se ejercita en comunidad, el que hace la diferencia: un cambio cultural que lleve a que las niñas conozcan sus derechos y deberes, puedan ejercerlos y decidan su destino. El reto es formar mujeres y hombres con la misma capacidad de logro en sus metas, seguros de que los espacios se ganan con trabajo, responsabilidad y resultados, independientemente del género. Sólo cuando podamos luchar de igual a igual por los sueños, más mujeres incursionarán y ocuparán cargos destacados en la política, y menos hombres pensarán que solo ellos pueden hacerlo.

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