eduardo josé victoria ruiz

Los Arrechea somos así

El origen de los apellidos es tan diverso como simpático. Algunos aluden a su origen geográfico como Madrid, Cáceres o Burgos; o gentilicios como Alemán, Milanés o Cordobés; otros a la descendencia de un personaje, es así como los hijos de Gonzalo son González, los de Rui son Ruiz y los de Ramiro, Ramírez. Muchos son sustantivos como Ramos, Mesa o Becerra; también hay adjetivos como Obeso, Rico y Caro, pero en materia de apellidos que son verbos, la lista se reduce, Silva o Mancilla, entre otros, pero a mí hay uno que toda la vida me ha llamado la atención: Arrechea.

Cada que un Arrechea es mencionado, es inevitable que una película XXX pase por la mente. Investigué sobre este apellido de origen vasco y me encontré entre sus notables a la española Paloma Arrechea. Seductora combinación. Aparece un senador llamado Salvador Arrechea por quien debieron votar todas las beatas. Uno de estos vascos al llegar a América fundó Posadas en Misiones, Argentina, por lo cual una calle lleva su nombre. La gente pregunta: “¿Cómo llego a Arrechea en Posadas?”.

Hay que mirar cómo se combina el apellido para que la película de cine rojo se disimule: qué tal Arrechea Bello (¡ah, maravilla!), Arrechea Amado (qué tierno), Arrechea Bravo (imaginamos un borracho al amanecer), Arrechea Sosa (déjela quieta) o Arrechea Bustos (buen comienzo).

En Colombia la historia del Siglo XVI muestra Arrecheas en Popayán; algunos se casaron con Vergaras, lo cual fue una amalgama con alta temperatura. Después este apellido se consolidó en el norte del Cauca, en zonas afro, donde los Arrechea hacen realidad su apellido. Grandes deportistas de la zona son Arrechea, pero antes de las competencias usan más su nombre que su apellido para no desgastarse en los preliminares.

A propósito, ahora que hay tantas reuniones de los descendientes de un mismo apellido, me surge la duda del encuentro de Arrecheas. ¿Podrán ir los menores? ¿Requerirá permiso de la Secretaría de gobierno? ¿Sera mejor ir solo? Qué pena que algún pariente despistado le pregunte a una pareja tratando de ubicar cuál es su familiar: “¿Cuál de los dos Arrechea?”, y que la señora, con cara de jartera, conteste: “Él, pero muuuy poco!”.

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