eduardo josé victoria ruiz

Viajando con GPS

Cuando nos referimos a seguridad, se menciona la confianza inversionista, la estabilidad jurídica, el país rural que se está descubriendo asombrando con los paisajes, especies, posadas; pero pocas veces exaltamos el placer de salir a recorrer el país en carro.

Nada más grato que un viaje con la compañía que se anhela. Viajar en familia, por ejemplo, es un ejercicio delicioso pues nadie se puede ir para otro cuarto, ni bajarse en la curva, ni ir a fumar a la terraza o encerrarse horas con Netflix a ver ‘La casa de papel’. El carro en viaje familiar o de amigos es una alcancía llena de monedas de oro.

En un viaje largo se conocen las personalidades de las novias de los hijos, la chispa de la empleada y las gracias ocultas de la mascota. Todo se comparte en ese espacio rodante donde la capacidad de asombro sobre lo exterior es solo comparable con lo que se descubre adentro.

Sin embargo, la felicidad de pasear en carro, tenía un enemigo: la señora copiloto que siempre creía que uno iba por el camino equivocado. Tengo un amigo a quien su esposa le dice dentro del garaje “¡Por aquí no es!”, ¡dentro del garaje, donde hay una sola ruta!

Sé de choferes que con la furia de sentirse impotentes ante su crítico cónyuge, le dicen: “Durante 15 minutos, me meto por la vía que tú digas. Después de eso, si tú no tienes razón, yo guío y tú callada”. Usualmente la Américo Vespucio sale con nada, pero lo más triste es que al minuto 18 vuelve a sentirse Magallanes y convierte el carro en un Cabo de Hornos. Mucha gente no viajaba por la guerrilla, pero otros por la terrorista que llevaba al lado, oponiéndose al sentido de orientación del conductor.

Hasta que llegó el GPS y más adelante aplicaciones derivadas, como Waze que orientan de manera sorprendente. Dirige con anticipación, ayuda a escoger restaurantes y otras soluciones y lo mejor, si uno se equivoca, corrige la ruta sin hacer reclamos.

Aunque sé de señoras que le dicen al GPS “esta vieja está loca. Por ahí no llegamos”. Lo último que supe, fue de una señora que mirando furiosa al conductor le gritó, “o ella o yo, pero ambas no podemos”. Solo sé que el tipo llegó feliz y solitario a su destino. Bueno no tan solo, con GPS.

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