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¿Memoria colectiva?

La memoria es la facultad de la mente de codificar, almacenar y reutilizar información. Una función vital para nuestra existencia. Si no recordáramos eventos del pasado no podríamos aprender o desarrollar un lenguaje, relacionarnos, incluso tener identidad. Sería equivalente a despertar cada mañana sin saber quienes somos y dónde estamos, lo que hicimos el día anterior o hace dos años y si quien toca a la puerta es un extraño.

El tema se vuelve más complejo cuando se trata de la memoria colectiva, tan en boga. Mientras algunos creen que es fundamental para sanar heridas en una sociedad otros piensan que también puede ser perjudicial. Así lo considera David Rieff, quien en su libro Elogio del Olvido argumenta que la memoria colectiva como tal no existe y que el mundo o las naciones no tienen memoria pues, son los individuos quienes recuerdan.

Quizá tenga razón. Para que exista memoria colectiva debe existir un consenso en una sociedad sobre los hechos y su interpretación, lo cual es altamente improbable. Con un agravante, la memoria de los individuos es frágil y selectiva. En tal sentido Rieff señala que no hay garantía de que la importancia histórica de un evento en su tiempo y en las décadas siguientes sea recordada en los siglos venideros. Es decir, muta con el tiempo.

Pero la discusión va más allá. De acuerdo con el escritor, la memoria ha adquirido un significado tan amplio e incluyente que ha terminado por ser utilizado como sustituto de la historia. Es más, el escritor habla de “la victoria de la memoria sobre la historia”. Sin ser infalible la historia, salvo casos puntuales, en ésta al menos priman los hechos, lo fáctico, con sus distintas visiones. En la memoria colectiva no; prima el recuerdo.

Me explico citando a Rieff, quien escribe que hemos entrado en un mundo en el que “la función esencial de la memoria colectiva es la de legitimar una visión particular del mundo, de políticas y agendas sociales, y deslegitimar la ideología de los opositores”. Luego indica, “cuando los estados, los partidos políticos y grupos sociales apelan a la memoria histórica colectiva, sus motivos no son triviales”. ¡Ni triviales, ni inocentes!

En esa línea, Todorov –citado por Rieff- afirma que en los casos de memoria colectiva, la línea divisoria entre la sacralización y la banalización, y entre servir a un interés particular o de un grupo de interés, y dar lecciones de moralidad a otros, es estrecha. Es decir, la memoria colectiva, es manipulable. De ahí la importancia de saber quienes construyen esa narrativa y cómo lograr que sea objetiva, si acaso la objetividad existe.

Estas reflexiones, entre otras, son las que llevan a Rieff a dudar de la conveniencia de algunos procesos de memoria colectiva, al punto de indicar que en sociedades en las que hay un verdadero riesgo de fragmentación, invocar ciertas memorias puede ser contraproducente y es mejor el olvido. Tesis provocadora en un mundo y en un país como el nuestro, obsesionado con la memoria histórica, con lo políticamente correcto.

David Rieff no invita a un olvido generalizado o a un Alzheimer colectivo. Invita a ser cuidadoso con las memorias históricas pues tienden a servir intereses individuales, políticos o sociales. Y señala, que así como hay circunstancias en las que recordar es necesario las hay en las que el imperativo ético es olvidar para que la vida siga. Un libro interesante y controvertido, importante para el momento que transita Colombia.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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