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Un año decisivo

Pareciera ser de la naturaleza humana hacer un balance del año que termina y fijarse metas para el que inicia. Y es usual, de tiempo atrás, creer que el año que concluye ha sido uno de los peores en la historia reciente y el que se inicia decisivo; una lógica algo cortoplacista y pesimista pero útil pues ayuda a que seamos aún más conscientes de los nuevos desafíos y a fijarnos objetivos para enfrentarlos. Veamos cinco para 2018.

Un primer desafío, determinante, será la correcta implementación del acuerdo con las Farc. Son muchas las leyes que faltan por estudiar en el Congreso que si quedan mal, sería muy grave. A juzgar por el 2017, aguarda un forcejeo duro para que las difusas líneas rojas se respeten, no se ponga en riesgo la institucionalidad y la inversión y se asiente por lo menos una paz parcial con ese grupo, siempre ventajista y marrullero.

Un segundo desafío, fundamental, es la lucha contra el crimen organizado, en especial el narcotráfico. La proliferación de bandas criminales y de cultivos de coca, que van de la mano, son la mayor amenaza a la seguridad y a la paz. Si no se les pone coto habrá más disidencia en las Farc y un precario avance con el ELN. Además de contundencia de la Fuerza Pública se requiere total coherencia en la política sobre cultivos ilícitos.

Un tercer desafío es la corrupción: seguir destapando los torcidos y ver tras las rejas a quienes se han empeñado, no de ahora, en saquear al país. Tocar fondo, caiga el que caiga en el escándalo de Odebrecht y el del Cartel de la Toga. E ir más allá, a todo nivel, incluyendo a quienes se rasgan las vestiduras y tienen rabo de paja. Combatirla no con gritos sino con investigación y pruebas, con el escarnio público y cárcel sin privilegios.

Un cuarto desafío es no bajar la guardia en materia de infraestructura a nivel nacional, regional y local. Se ha hecho un gran esfuerzo para poner medianamente al país al día en la materia y hay varias iniciativas en marcha. Lograr los cierres financieros, orden en las consultas previas y celeridad en la expropiación de predios deben ser prioridad, al tiempo de concretar proyectos estratégicos como la conexión Pacífico-Orinoquía.

Y finalmente, fortalecer la confianza inversionista. Sin ésta, tendremos un crecimiento económico lánguido y los anteriores objetivos estarán comprometidos. Más allá de las proyecciones oficiales, el país no se puede dar el lujo de caer más en su calificación. Para lo cual se requieren reglas del juego más claras y estables, una mayor reducción y eficiencia en el gasto público y una política fiscal agresiva que impulse el crecimiento.

Pero estos cinco desafíos no se dan en un año cualquiera. Estarán atravesados por una elección de Congreso y en especial de Presidente, en una circunstancia particular: el país se acostumbró en su historia reciente a escoger entre candidatos presidenciales con opción real de ganar que diferían en matices y prioridades mas no en el fondo. Eso cambió. Esta vez hay candidatos con visiones muy distintas de lo que debe ser el país.

Decía que es usual pensar que el año que termina fue peor y el que inicia decisivo. Si 2017 fue mejor o no que otros años cada quien lo evaluará. En lo que no nos podemos equivocar es en entender que 2018 sí es un año decisivo para el futuro del país. En los desafíos señalados y en especial, en el electoral. Desafíos que deben verse no como un problema o una amenaza sino como una oportunidad. De todos dependerá que así sea.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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