gonzalo gallo

Oasis

Los estudiosos del poder del lenguaje saben que las metáforas existenciales que elegimos condicionan nuestro estilo de vida.

Lo habitual es que esos paradigmas se instalen en nuestra mente con base en lo que vimos en nuestros padres y la educación.

Piensa en lo que más repetían o decretaban tus padres y descubrirás cómo su modo de pensar y vivir de algún modo te tiene programado.

La vida es muy complicada, todo es tan difícil, nacimos para sufrir, no hay nada qué hacer, la vida es una lucha, odio mi trabajo. Son metáforas horribles y muy comunes.

Si desde pequeño escuchabas eso y palpabas a diario una actitud negativa y derrotista, lo normal es que repitas y vivas lo mismo.

Toma consciencia y desecha ese pésimo modo de pensar y vivir. Elige y repite metáforas positivas y motivadoras como estas:

La vida es un milagro, la vida es una linda aventura, incluso con sus problemas la vida es bella, atraigo abundancia y felicidad, me amo y atraigo lo mejor.

El film La vida es bella es un ejemplo: en un campo de concentración el papá le hace ver a su hijo todo como un juego. Nick Vujicic, sin extremidades, decreta feliz: “Vivo una vida es sin límites”.

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