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El papayazo que necesitábamos

Cayó del cielo. La Administración Municipal no lo pidió ni estaba preparada para recibirlo. Al final, se le ofrece a Cali la oportunidad de hacer gestión y obtener recursos del Gobierno Central por canales de alto nivel, para propósitos empresariales, turísticos, culturales, deportivos y ambientales. Corresponde al Alcalde y al Concejo de hoy la reglamentación.

La calidad de Distrito Especial podría significar aumento importante en el gasto para pagar una capa burocrática adicional, con Alcalde Menor y Juntas Locales sin lograr verdadero beneficio, y más bien con riesgo de corrupción adicional y más obstáculos para que las secretarías de educación, salud, infraestructura y movilidad presten servicios con eficacia. También puede ser la oportunidad para enderezar los pasos de una comunidad cuya institucionalidad pública y privada no tienen hoy la fortaleza necesaria para acometer los retos que se enfrentan.

Es paradójico: los ámbitos privilegiados son el fruto de la integración de tres iniciativas independientes y simultáneas con diversas justificaciones. De allí la heterogeneidad de objetivos que se trazan. Lo ambiental puede ser turístico, al igual que lo cultural y lo deportivo, pero cada una de esas categorías tiene sus propios propósitos. Así, lo deportivo puede ser elemento en una estrategia de promoción y prevención de salud, en tanto que todos estos ámbitos requieren vehículos empresariales. También hay elementos del ambiente cuya protección significa limitación de acceso al público.

Sin embargo, lo cierto es que a sus habitantes nos hace falta una mirada al mundo desde la perspectiva de la ciudad, para construir una visión compartida y materializarla mediante la construcción de una institucionalidad efectiva. La respuesta a la designación es oportunidad dorada para hacer la tarea. Por designios del destino le corresponde su dirección al alcalde Maurice Armitage. Las fuerzas vivas de la ciudad están dispuestas a acompañarlo en esta delicada misión, y esta vez tienen los recursos humanos y económicos necesarios para impulsar una mirada diferente, con visión de largo plazo y herramientas que permitan actualización periódica de estrategias y anual de evaluaciones numéricas.

La calidad de distrito en Colombia era exclusiva de Bogotá hasta que en la Asamblea Constituyente de 1991 las fuerzas de la Costa Atlántica se la consiguieron a Barranquilla, Cartagena y Santa Marta, donde solo comenzó a operar en la práctica hace cuatro años, por falta de marco jurídico adecuado. Después se le otorgó a Buenaventura, donde poco se ha hecho para poner en marcha su funcionamiento. En Medellín se estudió la posibilidad, y se concluyó que sería inconveniente. En cambio, el Valle de Aburrá es área metropolitana, condición que Cali necesita para alinear elementos centrales de gestión, como infraestructura de acueducto y alcantarillado, energía, vías y transporte masivo con Jamundí y Yumbo, vecinos con los cuales se deben formular estrategias únicas de desarrollo social y económico.

Cali requiere definir su futuro con base en sus ventajas comparativas, sobre la base de acuerdos entre lo público y lo privado. ¿Habrá eco en el CAM?

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