luis guillermo restrepo satizábal

Pacífico huérfano

Se cumplió la cita de los candidatos a la Presidencia con el Pacífico colombiano. Y la verdad es que la enorme crisis política y social que padece la que podría ser la región más prometedora de Colombia, no parece ser comprendida en toda su dimensión.

Con la notoria ausencia de quien encabeza las encuestas, el foro dio a entender que para el establecimiento colombiano el Pacífico sigue siendo un problema y no una solución. Un mal necesario, porque por ahí, en especial por Buenaventura, entra la carga de lo que compran en exterior para consumirlo y procesarlo en el interior.

Además, es una oportunidad para hacer campaña. Por eso preocupa en que para la candidatura de Iván Duque hay que ignorar al Pacífico porque es más importante cuidar el 70% de intención de voto que tiene en la región centro oriental que arriesgarse en una región donde sólo tiene el 23%. Prefirió ir a una universidad en Bucaramanga a contestar preguntas previsibles que escuchar los dramas de una región afectada por la miopía con que la miran desde Bogotá y Medellín.

Por ello, la respuesta del candidato Duque fue enviar un video en el cual empieza pidiendo y no ofreciendo excusas por su inasistencia, dedicándose a hablar de Buenaventura y no del Pacífico. A lo mejor, en la espesa burocracia de su campaña pensaron que el foro era una encerrona y no un espacio para dialogar con quienes esperan soluciones del centralismo distintas al abandono.

Todo indica que los magos del marketing político de Duque pensaron en las encuestas y no en el Pacífico, sacando las excusas más absurdas para eludir el compromiso con los medios que lo invitaron y con la región más necesitada del país. Con ello demostraron que sólo le s importa ganar las elecciones, en vez de buscar las soluciones que necesitamos en Colombia.

En la campaña llena de jefes de protocolo, de directores de agenda, de expertos y analistas que rodean al prospecto antioqueño, creyeron que bastaba con que Duque, con cara de circunstancia, dijera que había sido ponente de no sé qué ley sobre no sé qué asunto, y que quería mucho a la gente de Buenaventura.

Con su escape a Bucaramanga eludió el reclamo de quienes viven en la peor crisis social, amenazados por las delincuencias que, ellas sí, aprovechan la posición estratégica del Pacífico para sus empresas criminales. Los habitantes del Pacífico, quienes aún creen en el Estado Social de Derecho, enfrentan el embate de la ilegalidad que hace de su región la mayor productora de coca y la primera exportadora de cocaína del planeta.

Ese reclamo es el que aguarda por un Presidente que los entienda y los escuche y encabece la recuperación del Pacífico con algo más que subsidios, promesas o carreteras que se demoran sesenta años en construirse y muelles rodeados de mallas para aislarlos de la pobreza que causan la desigualdad, la corrupción y el abandono.

La voz del Pacífico, la respuesta de los cuatro candidatos y la ignorancia del favorito se escucharon el pasado miércoles. Es la voz de las comunidades negras e indígenas que son asesinadas, desplazadas y empobrecidas por la ilegalidad que aprovecha la ausencia de un Estado indolente.

Es ese Estado al cual la miseria y el abandono que padece el Pacífico le sirven como excusa para repartir billones de pesos en subsidios y asistencialismo, mientras permite la corrupción, la violencia y el clientelismo que se queda con la plata de los que más la necesitan.

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