mabel lara

El revolcón de Emcali

Se lanzó el viernes anterior el plan de salvamento de la Administración de Maurice Armitage para las empresas públicas de Cali, Emcali. La estrategia, soportada por la prestigiosa y muy nuestra Universidad del Valle establece varias recomendaciones que le darían el aliento final a una de las entidades más golpeadas, amañadas y capturada por el clientelismo regional.

No es asunto de poca monta conocer qué pasará en los próximos cinco años con la joya de la corona: Emcali sigue manejando un presupuesto similar al de la Alcaldía (2,6 billones de pesos) con una torta burocrática de casi cinco mil empleados distribuidos entre oficiales y contratistas vía tercerización.

Una de las principales recomendaciones de la investigación es ahondar y trabajar en la gobernanza de la empresa, ese es el asunto central. Blindar a la entidad para que sea profesionalmente administrada como en la actualidad lo son otras entidades públicas tipo Ecopetrol, EPM o Isagen.

Y es que asquea, por decir lo menos, el manejo que durante años ha tenido Emcali por parte de diversos grupos de interés locales y nacionales que han capturado importantes áreas de provisión y logística. Son los concejales, los diputados y administraciones locales, pero también reconocidos contratistas quienes vía tercerización contribuyen al desangre.

El otro aspecto, no menos importante es el laboral. Para muchos caleños la crisis de las empresas públicas tiene todo que ver con la convención colectiva que ampara a los trabajadores distribuidos en 17 sindicatos. Las prebendas de los funcionarios con 6 primas anuales, el doble que cualquier otro empleado público en Colombia. Los costos de la nómina que crecen cada año aproximadamente un 10%, frente a los ingresos operacionales que lo hacen en el margen del 5% y la antigüedad de los empleados con más de 20 años de servicios han complicado la viabilidad financiera y operativa.

Y este sí, debo reconocerlo, es un triunfo de la administración Armitage y los jóvenes líderes sindicales que se sentaron a repensar el modelo operativo para ganar de acuerdo a la productividad, separándose de los ortodoxos jefes políticos quienes con el san benito de la privatización vienen capitalizando políticamente el desgreño sin dejar que avancen las negociaciones.

La ironía de la vida es que sea precisamente Maurice Armitage, el alcalde que en campaña prometió perseguir las onerosas prebendas de los sindicatos de Emcali, quien tenga en sus manos la posibilidad histórica de hacer el revolcón necesario para devolvernos de verdad la empresa a los caleños. No la tiene fácil alcalde, pero la ciudad reconoce su visión empresarial, ojalá este sueño conjunto se nos cumpla.

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