maría elvira bonilla

Pájaros de verano

El nombre es tan sorprendente como la película misma de Ciro Guerra y Cristina Gallego en la que logran entretejer la historia de la narcoviolencia colombiana con lo profundo de la cultura wayuu en la alta Guajira. Pero Pájaros de verano no se queda con un relato anecdótico de una guerra de clanes en el entorno del tráfico de marihuana -la famosa Santa Marta Golden- y el contrabando en la península norte de Colombia. Logra recrear los inicios del tráfico de drogas en los años setenta con la bonanza marimbera, una connivencia y convivencia con la ilegalidad que ha dejado desde entonces su estela de degradación, narcocultura y resquebrajamiento de valores que nos atrapó irremediablemente como país, como sociedad.

Guerra y Gallego construyen una narrativa enganchadora con actores naturales en medio del desierto de La Guajira, de animales únicos y rancherías, de costumbres vernáculas wayuus -se arriesgan a respetar en ciertos momentos la lengua indígena- con asomos de ‘nuevo-riquismo’ mafioso que logra mantener al espectador pegado a la silla sin pestañear. Pone a su vez al descubierto lo peor del ser humano: la traición, el odio, la venganza, muchos de los rasgos que se reconocen en el comportamiento social, en lo cotidiano, en la política, en los negocios, que constituyen la gran tragedia colombiana.

Igual que lo hicieron en El abrazo de la serpiente, la dupleta Guerra-Gallego recurrieron a buena parte de actores naturales, sin olvidar la actriz profesional Carmiña Martinez- , que logran una interacción única con su hábitat natural que solo ellos conocen y que reivindican en los inigualables recorridos por el inmenso desierto de La Guajira y la Sierra Nevada. Rodar la película tomó nueve semanas y participaron 2.000 extras con los que los directores lograron construir inolvidables.

Basada en una historia real de enfrentamiento de dos clanes guajiros que recorrió el Caribe colombiano en los 60´s , el film comienza con la llegada de tres gringos integrantes de los Cuerpos de paz, tan obsesionados con la lucha anticomunista como despistados, que terminan desatando lo que Colombia conocería como la bonanza marimbera que puso a fumar yerba de la Sierra Nevada de Santa Martha a los bohemios hippies y ‘baby boomers’ que pululaban en la década de los sesenta y setenta.

La marihuana inundó el país de dólares y sembró la semilla de ilegalidad y la corrupción en tierra de nadie, sin autoridad ni forma alguna de justicia. Después llegó la coca, con su voracidad que se tomó el sur del país y la costa Pacífica reciclando la misma violencia que revelan Ciro Guerra y Cristina Gallego en Pajaros de verano.

En su debut internacional en el Festival de Cannes fue escogida como la primera cinta latinoamericana en abrir la Quincena de Realizadores. El estreno comercial en el país parece promisoria. Una película que no solo entretiene, pone a pensar; con desazón.

Adendum:

Ojalá la lucha contra la corrupción no se vuelva una confrontación de egos y vanidades personales. Los más de 4 millones de firmas para el referendo anticorrupción se convirtieron en un imperativo para que el Congreso tenga que votar el paquete legislativo para perseguir la corrupción con el que presidente Ivan Duque quiere marcar la impronta de su mandato. Una bandera que une al país entero.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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