columnistas

Para Heloísa

En una tarde de hace 56 años en el bar Veloso, cercano a la playa de Ipanema, ubicado en la convergencia de la avenida Prudente de Morais, departían el poeta Marcos Vinicius da Cruz de Mello y el músico Carlos Jobim. Hablaban todavía del ‘ángel de las piernas garetas’, el futbolista que había anotado tres goles en su debut frente a los grandes y se había ganado instantáneamente un cupo en el Botafogo.

La fuerte brisa tumbaba sombreros y llenaba de arena las mesas donde el poeta había pergeñado su ‘Canção do amor demais’ para la voz de Elizete Cardoso en 1958. De pronto, como si emergiera del mar, apareció delante de ellos una mujer que Vinicius describiría más tarde como “mezcla de flor y sirena”, una garota a la que ya habían lanzado más de un piropo, ellos, poetas mayores y comprometidos, al verla pasar con su falda de escolar.

Pero en aquella ocasión ella llevaba un traje de baño de dos piezas y se había tocado con una suerte de flor y de sombrero. Su cuerpo dorado, su sonrisa luminosa y un destello de nube bajita en torno a su caminar cadencioso, hizo que de pronto los relojes del mundo se detuvieran, los pelícanos hicieran un alto en el cielo, y una belleza pura, anterior a las edades, empezara a seguirla por la acera, como una estela, por la tronera de fragancia abierta contra el telón de la tarde.

Seguramente varios puntos de sudor se pintaron en su barbilla, cuando Vinicius y Jobim, repletos de cachaça, celebraron su paso a viva voz. Ese instante supremo de la mujer que pasa: “Qué linda eres mujer que pasas/ que me sacias y me suplicias tanto en las noches como en los días/ tus sentimientos son poesía/ tus sufrimientos melancolía/ tu vello leve es césped bueno para el rocío/ tus lindos brazos son cisnes mansos/ bien al reparo del viento…”.

Sobre la mesa, Jobim trazó las primeras notas de esa canción que estrenó en 1962 e identifica hoy a Brasil en el mundo, escrita para Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto, ‘Elo’ para sus amigas, la chica de Ipanema, la composición que sería cantada más tarde por Frank Sinatra, Madonna, Cher, Amy Winehouse, entre otros. Antes que una declaración de amor, esta melodía tiene esa lenta y sabrosa carga de coqueteo, de ver y no tocar. Ella, hija de un militar que había hecho parte de la Junta de Censura, le permitió a dos poetas un instante sagrado de contemplación; como la caricia fugaz que besa y se va, y es miel pensativa, regocijo y saudade, dulce tristeza.

Elo maneja hoy su casa de modas con el nombre que la hizo célebre en el mundo, y publicó un libro ‘Por causa del amor’, en el que contó detalladamente su tránsito solitario, con su balanceo camino del mar, delante de estos cronopios que la observaban siempre como si hubieran descubierto “ese color único del tercer minuto de la aurora…”. Recibió toda la atención de la prensa, con un gesto de “garza apenas posada” cuando se supo que esa canción era para ella. Más de una vez había visto al par de locos que le lanzaban preciosas palabras desde una mesa; quizá los miraba con una maldad inocente. Se convirtió de pronto en modelo de cotizados fotógrafos, portada de ‘Manchete’ e inspiración de futbolistas y enamorados solitarios. Garrincha también soñó con ella. La historia inspiró a León Hirszman para su película ‘The girl from Ipanema’.

Cientos de garotas como ella madrugan a caminar hoy por la Avenida Atlántica, la que une los distritos playeros de Copacabana, Ipanema y Leblón, pero su paso continúa inédito. Ahora que se han multiplicado los poetas, nadie ha vuelto a cantar, como Vinicius, esta gracia cotidiana de la hermosura. La que va por las calles y necesita ser loada. Todos los días.
Heloísa tiene hoy cuatro hijos y tres nietos, nunca aceptó la propuesta matrimonial de Jobim, y continúa siendo “una señora de buen ver”.

Sigue en Twitter @cabomarzo

VER COMENTARIOS




Powered by