editorial

La guerra de Siria

“Misión cumplida”. Así resumió Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, el ataque aéreo contra el régimen de Bashar Al Assad, por el empleo de gas cloro contra la población civil de Duma, en las afueras de Damasco.

Fue una calculada operación militar en la que también participaron Francia y el Reino Unido, con el claro propósito de enviar un mensaje no solo a Assad sino a sus grandes aliados Rusia e Irán. Si bien el ataque no tuvo el alcance destructivo que se preveía, tendrá graves repercusiones a futuro.

El bombardeo con más de cien misiles, se circunscribió a centros de producción y almacenamiento de armas químicas y evitó la muerte de soldados o a la población civil. De esta manera, el gobierno de Estados Unidos intentó mantener una puerta abierta y neutralizar, de alguna forma, la respuesta que había anticipado Vladimir Putin.

Y aunque el presidente ruso fue cauteloso, también advirtió que nuevos ataques contra Siria provocarán un caos en las relaciones internacionales. Tanto Rusia como Irán fueron informados previamente de que se iba a producir el bombardeo mediante un mensaje del presidente Trump:

“A Irán y a Rusia, les pregunto: ¿Qué clase de nación quiere ser asociada al asesinato masivo de hombres, mujeres y niños inocentes? Ninguna nación puede tener éxito a largo plazo promoviendo estados fallidos, tiranos brutales y dictadores asesinos”.

Siete años se ha prolongado esta guerra en Siria que deja cerca de 500.000 muertos, más de cuatro millones de refugiados y decenas de ciudades históricas destruidas. Pero lo que de verdad está en juego en este país es la paz mundial.

Se trata de un conflicto que cada vez arrastra a más y más naciones. En Siria hay demasiados intereses geopolíticos en juego, desde el petróleo, la ubicación de bases militares en el mediterráneo y el liderazgo futuro en Oriente Medio, entre otros.

El escenario es confuso y menos se puede anunciar que la misión está cumplida. Después de este bombardeo, la guerra en Siria ha entrado en una nueva fase en la que el conflicto se puede agudizar e implicar a nuevos países. La gran inquietud es la reacción de Rusia, que cuenta con un amplio arsenal nuclear. Putin ha condenado el ataque y lo ha considerado una “ruptura del capítulo de Naciones Unidas y de los principios de ley internacional”.

Las puertas están abiertas para una guerra mundial y cada actor juega un papel diferente. La impetuosidad de Trump, la sagacidad de Putin, el afán de Irán por dominar Oriente Medio, la lealtad de Europa con sus proveedores de petróleo. Y en el fondo Israel, el único país de la región con capacidad de enfrentar a Irán, para lo cual ya tiene una alianza tácita con Arabia Saudita, Egipto y el mundo sunita.

En ese escenario lo que menos importa hoy es si el tirano Al Assad tiene alguna capacidad de decisión en su país, incluso a estas alturas a muy pocos les preocupa si continúa o no al frente del régimen. Este conflicto hace mucho tiempo dejó de ser interno. Ahora se trata de la exhibición de poder más peligrosa de los últimos veinte años.

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